Las ganancias malditas

Las ganancias malditas

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noviembre 02 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-02

Carlos Marx maldijo la plusvalía y la saló como a la piedra filosofal del capitalismo. Con el fracaso más o menos reciente del modelo socialista, la plusvalía dejó hasta de llamarse plusvalía y se convirtió en la ganancia que lustra o macula la actividad de las empresas. Sin ganancias, el ejercicio económico se convierte en un onanismo productivo que tarde o temprano cobra la vida del paciente. Por no dar utilidades se mueren al año no sé cuántas empresas, en todo caso, menos de las que se estancan y caen en una operatividad perniciosa, que desgasta a sus propietarios y a sus accionistas y es la guadaña del empleo. La ganancia es, pues, un asunto de permanencia. De éxito, si se quiere, glamour en la pasarela de las 500 ó 1.000 principales empresas. Hay, sin embargo, dos tipos de ganancias que tienen una estirpe maldita: las del sistema financiero y las del sector de la salud. Cuando el sector financiero anuncia beneficios por 3,05 billones de pesos en los primeros nueve meses del año, ese orgullo para la razón de ser del sistema, se enreda en el imaginario popular. El motivo de celebración, totalmente legítimo, carece de buena imagen pública y no tiene sintonía con la realidad de los clientes. Éstos asumen que gran parte de esas ganancias está apuntalada en una pésima atención, en intereses leoninos y en despojos dramáticos, como los de inmuebles que los usuarios han terminado pagando quién sabe cuántas veces por encima de su valor. El sector de la salud en Colombia, con tantos y tan confusos componentes y con una normatividad abrumadora -que es más una espada con la que el Estado Damocles lo conserva intimidado-, es un caso más grave. No solo lo tienen entre ojos los medios de comunicación, sino que nadie concibe que deba estar constituido por empresas prósperas y mucho menos que produzcan ganancias o beneficios. En las pasadas elecciones, un candidato engatusaba a sus votantes con la premisa que la salud es un derecho no un negocio. Dilema perverso que con un mínimo sentido común debe resolverse en el sistema capitalista con el rechazo a la disyuntiva. La salud es un derecho, pero es un negocio en cualquier parte del mundo. Con ánimo de ganancia y sin propósito de quiebra. El sector salud necesita empresas que sean buenos negocios. Así de sencillo. Responsables con sus deberes sociales, sensatas en sus esquemas de costos, pero sin duda, obligadas a producir ganancias. Con un calvario de pérdidas y deudas impagables, los únicos perjudicados serán los enfermos, que terminarán quedándose sin salud y con servicios de mera asistencia. Las ganancias podrían dar vida a actividades hasta el momento imposibles, como la financiación de la investigación científica y el progreso tecnológico de las instituciones médicas. Porque al sector salud no le puede pasar lo mismo que a Marx: terminar con una muerte repentina, después de haber pasado toda la vida en la olla. Carlos Gustavo Álvarez G. Periodista Al sector salud no le puede pasar lo mismo que a Marx: terminar con una muerte repentina, después de haber pasado toda la vida en la olla”.

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