Generar empleo para todos

En Colombia no habrá paz duradera ni seguridad ciudadana mientras todas y todos los colombianos no tengan la oportunidad de tener un trabajo justo, que les proporcione los ingresos suficientes para una vida digna. Hoy 3’128.000 compatriotas están desempleados, el 14,6 por ciento del total, y otros 9 millones y medio no tienen un empleo decente, y se debaten en el rebusque cotidiano.

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marzo 11 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-11

Es cierto que desde enero del 2003 a hoy, ha crecido en 2.3 millones el número de personas ocupadas. Pero también debe señalarse que sólo 600.000 de estas han encontrado un trabajo digno, o sea que el 77 por ciento de los empleos generados en este periodo son informales e insuficientes, a pesar de las altas tasas de crecimiento económico. Es el resultado lógico de políticas equivocadas que propiciaron un modelo de crecimiento sin empleo, y que no se pueden reelegir. La generación masiva de empleo digno e ingreso estable será uno de los objetivos primordiales de mi gobierno, con la meta de reducir a la mitad tanto la tasa de desempleo como la de subempleo. Para lograrlo es necesario crear unos 500.000 puestos de trabajo por año y, al mismo tiempo incentivar la formalización de los contratos laborales. La importancia de las políticas de empleo se reflejará en la estructura institucional, corrigiendo la equivocación que ha significado la unificación de los antiguos ministerios de Trabajo y de Salud. LAS CONDICIONES BÁSICAS El programa de creación de empleo decente parte de dos premisas básicas: la primera, que el principal generador de trabajo es el sector privado, mientras que el papel del Estado es sólo complementarlo y ofrecer los incentivos adecuados. La segunda, que las empresas sólo buscan contratar trabajadores cuando tienen demanda para los productos y servicios que producirán. Por lo tanto, es condición indispensable para la generación masiva de empleo el crecimiento sostenible de los mercados para los productos colombianos. Se trata de abrir y consolidar mercados externos para nuestras exportaciones, sobre todo aquellas con alto valor agregado, pero también de expandir nuestro incipiente mercado interno, lo cual sólo puede lograrse si mejoran los ingresos y la capacidad adquisitiva de la mayoría de la población. En este punto es donde se unen y se retroalimentan las estrategias de creación de empleo y construcción de una sociedad más equitativa, porque ya se ha demostrado que sociedades con más igualdad crecen más rápido, y cuando se crece más rápido, es más fácil disminuir la desigualdad. INCENTIVOS AL EMPLEO FORMAL Y NO A LOS BIENES DE CAPITAL Los últimos años mostraron que el crecimiento no es suficiente para disminuir el desempleo. Se requiere incentivar al sector privado para la generación de empleo. Para ello, hay que cambiar el sesgo antiempleo de la mal diseñada política de ‘confianza inversionista’, con sus exenciones tributarias y estímulos a la inversión de capital, y con el recorte de derechos adquiridos por los trabajadores como lo hizo la Ley 789 de 2002, que fracasó en su propósito de aumentar los niveles de empleo. En el proyecto de reforma tributaria estructural que presentaré al Congreso, plantearé la sustitución de todos los incentivos a la compra de bienes de capital por estímulos directos a la contratación formal de nuevos trabajadores. Con los seis billones de pesos que el año pasado se dieron como exenciones tributarias a las empresas, se pueden reducir los costos de la seguridad social y los parafiscales de los nuevos trabajadores que contraten las empresas, o de aquellos que formalicen su relación laboral. En este esquema será deducibles el 60 por ciento de todos los impuestos pagados sobre la nómina salarial correspondiente a los trabajadores ocupados que en el año base no estaban inscritos en la seguridad social o por inactividad, porque eran desempleados o trabajaban en la informalidad. Vamos a estimular el compromiso de nuestros empresarios en la creación de empleos dignos para enfrentar el reto de la informalidad. Pero los incentivos irán acompañados de una intensa campaña para que se cumpla la ley y no se busquen atajos, para no cumplir con lo establecido en el pago del nivel del salario mínimo y de las prestaciones establecidas, a través de cooperativas de trabajo o simplemente desconociendo la legislación laboral, tanto en el campo, como en las ciudad. LEY DE PRIMER EMPLEO Además de estas medidas de carácter general se requiere solucionar el grave problema del desempleo en los jóvenes, que hoy representan más de la mitad de los desocupados del país. A ellos vamos a ofrecerles oportunidades de empleo y capacitación; no 100.000 pesos mensuales para convertirlos en sapos y carne de cañón de los violentos. El instrumento utilizado será el Programa del Primer Empleo que pretende, por una parte, que las personas que empiecen por primera vez a buscar trabajo tengan las capacidades necesarias para cumplir con las necesidades de las empresas, y por otra, dar incentivos a los empleadores para contratar a nuevos trabajadores. Por el lado de la oferta se van a fortalecer los programas de capacitación, en conjunción con las empresas, para que los jóvenes que estén buscando trabajo cuenten con las capacidades que el sector productivo requiere. La formación técnica y tecnológica es esencial para fomentar el empleo. En cuanto a la demanda, la ley otorgará estímulos tributarios y descuentos en los parafiscales a las empresas que vinculen a bachilleres, graduados universitarios y jóvenes recién egresados del servicio militar, sin exigir experiencia, de manera que puedan ingresar temprano al sector formal. POLÍTICAS SECTORIALES Por su capacidad de creación de empleo dos sectores recibirán especial atención en las políticas públicas: la agricultura y la construcción de vivienda e infraestructura. El sector agrícola continúa siendo el segundo generador de empleo del país, absorbiendo casi el 19 por ciento de los ocupados, pero también es el que registra las mayores tasas de informalidad. Para superarla debemos cambiar el uso de la tierra y propiciar una agricultura con campesinos, de manera que la tierra genere igualdad de oportunidades para quienes la trabajan. Vamos a devolver a los campesinos los seis millones de hectáreas arrebatadas por los paramilitares. El objetivo es la expansión de las áreas cultivadas en alimentos y materias primas agroindustriales, incrementando en tres millones de hectáreas la superficie dedicada al uso agrícola y duplicando de cinco a diez millones de hectáreas las tierras cubiertas con pastos mejorados, para el establecimiento de ganaderías tecnificadas. Al mismo tiempo se desarrollarán modelos de uso de terrenos que faciliten el acceso de pequeños y medianos productores a la tierra, tanto accediendo a la propiedad de la misma para lograr su desconcentración, o mediante esquemas de organización empresarial que facilite las alianzas entre pequeños productores y empresarios del campo. En infraestructura, el objetivo es terminar en cuatro años todas las carreteras, puentes, puertos, transmilenios y aeropuertos que se han programado y empezado en los últimos tres gobiernos, haciendo énfasis en la construcción con alto contenido de mano de obra y nuevos sistemas de contratación que garanticen la transparencia y la eficiencia. Finalmente, desarrollaremos un ambicioso programa de construcción de vivienda popular para edificar, durante el cuatrienio, un millón de viviendas con densificación urbana y organización de amplias zonas de espacio público que permitan reducir el déficit habitacional y mejorar la calidad de vida de la población, al mismo tiempo que se organiza y planifica el crecimiento urbano. Empleo para todos es el camino para la igualdad de oportunidades. *Candidato presidencial, Partido Liberal Colombiano "El sector agrícola continúa siendo el segundo generador de empleo del país, absorbiendo casi el 19 por ciento de los ocupados".ADRVEG