La generosa Colombia Saudí

Una de las malas noticias del año económico que terminó fue la caída de la inversión extranjera -más de 20 por ciento-; pero este fenómeno sólo afectó a los renglones diferentes de petróleo y minería, porque en éste la inversión creció de manera significativa. Sin embargo, esta compensación podría generar falso optimismo sobre los resultados de la llamada ‘confianza inversionista’.

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enero 14 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-14

Para empezar, gran parte de las inversiones en ese sector privilegiado son en equipos, y sólo permanecen en el país mientras se explotan los recursos naturales no renovables, hecho que se refleja en el escaso número de personas que ocupa. Además, en este sector se permite girar al exterior todos los ingresos, sin límite, no sólo las utilidades. Y, como si fuera poco, es quizá el más beneficiado con las jugosas prebendas tributarias. Al respecto, es oportuno citar a Paul Collier en entrevista a El Tiempo: “Es fácil botar la plata, pero no tanto usarla de manera inteligente y honesta. Pero hecha esa consideración, hay que tener en cuenta que el valor de los recursos naturales que no se han descubierto en el mundo en desarrollo es descomunal. Por eso hay que aprender a manejar esa riqueza bien”. Por obvias razones, para atraer la inversión en recursos naturales no se precisa de incentivos especiales; basta que los recursos existan. De ahí en adelante, lo importante es que los contratos sean justos, acordes con los parámetros internacionales y que haya garantías para su ejecución. Porque, dentro de una elemental lógica, si se trata de privilegiar sectores, debe preferirse a aquellos que ayuden a combatir el desempleo, que es el peor de nuestros males. La deducción especial por adquisición de activos productivos, justamente criticada por todos los expertos, en cifras de la Dian representó un sacrificio fiscal de más de 10 billones de pesos en el quinquenio 2004-2008. De esta cifra, más del 30 por ciento ha favorecido al sector de minería y petróleos, que es uno de los que menos personas ocupa, según el Dane. En el periodo analizado, la minería recibió 3,1 billones de pesos de beneficio, con un promedio de 231.000 trabajadores ocupados, mientras el comercio obtuvo cerca de un billón de pesos, con más de 4,7 millones de personas ocupadas. La industria recibió 2,6 billones de pesos, con más de 2,5 millones de ocupados, mientras la tajada fiscal del sector de servicios de energía, agua y gas fue de cerca de 0,9 billones de pesos, con un promedio de 74.000 empleados. Como si no fuera suficiente, las inversiones en minas y petróleos se amortizan fiscalmente en forma acelerada, con el agravante de que no es claro el control del fisco sobre la deducción especial por equipos que ingresan temporalmente al país. A todo esto debe agregarse que, como estas empresas invierten a través de sucursales, las casas matrices pagan impuestos en los países de su domicilio, de manera que las rebajas del fisco colombiano engordan los fiscos nacionales de tales países, a menos que se ubiquen en paraísos fiscales para evadir los tributos. Un trabajo reciente del Instituto de Estudios Fiscales de Madrid indica que, entre 1990 y 2005, de seis países del área, Colombia es el que presenta la menor tributación con relación al PIB, proveniente de los recursos naturales no renovables. Las cifras oficiales permiten una aproximación a los resultados de los enormes sacrificios tributarios, que han servido de base para la estrategia de la confianza inversionista; no obstante, se buscan nuevos tributos para reducir el creciente déficit fiscal. Como en cualquiera república bananera, contrariando a los expertos, entre otros el profesor Charles McLure en su informe sobre Colombia, nuestros burócratas siguen pensando que, en materia de inversión extranjera, más siempre es mejor. ORLLOP

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