Gobernabilidad, factor clave

¿Qué puede hacer un presidente que no tenga una bancada parlamentaria que lo respalde en el trámite de los proyectos? Literalmente, nada; a no ser que entre en la indeseable práctica de negociación.

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abril 21 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-21

A la hora de examinar las posibilidades que tienen los candidatos a la Presidencia y la suerte que puedan correr en el ejercicio del poder en el caso de resultar elegidos, por mucho que se esfuercen los analistas políticos les resulta imposible eludir un tema clave: la 'gobernabilidad', expresión con la cual se resume la probabilidad que tiene el aspirante de darle cabal cumplimiento a su programa de gobierno.

O dicho de otra manera, trata de conocer el margen de maniobra con que cuenta para satisfacer las expectativas de los electores, creadas con la oferta electoral de la campaña. En reunión llevada a cabo con la asistencia de un destacado grupo de intelectuales, se comprobó una vez más que en el debate esta cuestión es imprescindible.

Partiendo del hecho que en el Estado existe una división del trabajo acentuada, pues una categoría de los gobernantes (los legisladores) están encargados de elaborar las reglas de derecho aplicables a los miembros de la sociedad; otro núcleo se encarga de asegurar la ejecución de las reglas a los ciudadanos (los administradores); y, otro más, el de los jueces, resuelven las disputas que puedan surgir con motivo de ejercer las citadas reglas o fallan los litigios que se presenten entre miembros de la comunidad, es indiscutible que para que la democracia funcione es indispensable el funcionamiento armónico de los tres poderes, con normas y procedimientos claramente establecidos.

Para hacer claridad sobre el punto, es pertinente anotar que a pesar de que la frontera de las instituciones políticas no es tan estrecha como algunos lo pregonan, comprende en primer lugar las entidades oficiales del Estado: Congreso, Gobierno, etc. Pero se extiende también a instituciones concernientes a otros grupos humanos, porque en alguna forma y en algún momento pueden generar interferencias en el funcionamiento del Estado. Éste es el caso, por ejemplo de los partidos políticos, que en el papel sirven para hacer funcionar las entidades estatales.

Utilizando como referencia la estructura reseñada, pero con un panorama como el que muestra el país, partidos políticos prácticamente desaparecidos -apenas si existen unas amorfas organizaciones sin norte ni sur ideológico-; un poder legislativo desprestigiado y terriblemente cuestionado por actuaciones de algunos de sus miembros; y un poder ejecutivo proclive al autoritarismo y al abandono del pluralismo, además acosado por la corrupción, es muy difícil hablar de gobernabilidad, pues en el juego de las probabilidades la respuesta es poco probable que se pueda lograr.

Y hay algo más; con las dificultades por las que pasa el poder judicial el panorama se torna más oscuro y poco propicio para el cambio.

Definida como quedó ya la composición del Congreso, que conserva casi incólumes las características que lo llevaron al estado de postración en que se encuentra, no es factible albergar algún grado de optimismo en relación con la adopción de medidas o estrategias que coloquen al país en una ruta de progreso. ¿Qué puede hacer un presidente que no tenga una bancada parlamentaria que lo respalde en el trámite de los proyectos? Literalmente, nada; a no ser que entre en la indeseable práctica de la negociación con cada congresista de ventajas que sólo lo favorece a él. No quiero posar de pesimista, pero el panorama futuro no es claro, ni promisorio.

rosgo12@hotmail.com