Gobernabilidad no se hace con puestos

Hace cuatro años, el presidente Uribe arrancó su mandato con un compromiso central: “trabajar, trabajar y trabajar”. El discurso de entonces lo llamó “No venimos a quejarnos, llegamos a trabajar”.

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agosto 08 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-08

A su discurso de ayer, al arrancar su segundo mandato, luego de su apabullante triunfo del pasado 26 de mayo no le dio el mismo rigor de entonces e incluso no le dio un nombre en particular. Las palabras de Uribe, poco más de ocho páginas no produjeron mayor reacción, ni controversia. Los asuntos económicos concretos no fueron tratados a profundidad por el primer mandatario, aunque hizo alusiones a su filosofía de la confianza como base del progreso y acción del Estado. “Para nosotros, confianza es la palabra clave que define el resultado del Estado. Confianza en el inversionista, tranquilidad en el trabajador, ilusión en el joven, sosiego en el adulto. Creemos en el Estado comunitario, promotor y subsidiario, árbitro que no invasor”, dijo. En su intervención ayer, la economía fue marginal, pues no se refirió a temas como el estancamiento del Tratado de Libre Comercio con Estados Unidos, la venta parcial de la empresa más grande el Estado y las metas de crecimiento económico en los próximos cuatro años. De todas formas, su compromiso sentimental fue total. “Con ustedes compatriotas, con ustedes apreciados representantes de los pueblos hermanos, con el vicepresidente Francisco Santos Calderón, su familia, Lina, mi familia, emprendo este tramo, con energía sentimental, por nuestra gente y nuestro suelo, con infinito deseo de servir bien y de aportar un buen balance a las celebraciones de independencia en julio de 2010. “Vamos a construir una Nación en armonía, con rectitud, próspera y justa. Lo haremos apasionadamente, con vigor, para que las nuevas generaciones vivan felices en este noble suelo”, dijo el mandatario. El Presidente tampoco hizo una evaluación de sus primeros cuatro años de gobierno en distintos aspectos como el Plan de Desarrollo, la política social. Este último punto fue uno de los más concretos. “Nuestras metas sociales son incluso más exigentes que las del Milenio. Tenemos toda la vocación de cumplir lo pactado con el pueblo” y se refirió a la ampliación de la cobertura en salud, educación y atención a los niños y ancianos. Sorprendió Uribe que en su discurso hiciera alusión ‘poética’ a cada uno de los 32 departamentos del país, “una Nación unidad en la diversidad”. Aunque en tono muy cordial, el presidente le reclamó a la coalición uribista, por menos puestos y más trabajo y compromiso. Democracia. Nuestra visión de democracia gira en torno a 5 elementos: Seguridad Democrática, libertades públicas, cohesión social, transparencia e instituciones independientes. Hace 4 años propusimos un concepto de seguridad: la Seguridad Democrática. Era un enunciado para explicar la seguridad como valor democrático. Era un propósito para diferenciar nuestra idea de doctrinas que en el continente acallaron la crítica, eliminaron el disenso, conculcaron las libertades. Todavía nos falta seguridad, pero el avance y la naturaleza de su práctica confirman su identidad democrática. Seguridad. La seguridad nos ha permitido ganar confianza en la democracia y perder temor a la violencia. A pesar del camino por recorrer y dificultades que subsisten, la Seguridad Democrática acredita progresos en la garantía eficaz de libertad de prensa, la protección del pluralismo, la defensa de las autoridades locales, los líderes sindicales. Filosofía de paz. Los hechos de paz avivan la fe en su posibilidad. Los discursos de paz desvirtuados por la violencia, generan escepticismo que bloquea el sendero de acercamientos. Con hechos de paz los ciudadanos apoyan el diálogo y la fuerza pública siente retribuida su misión de proteger al universo ciudadano sin excepción alguna. En medio de la violencia, el diálogo se desgasta y la búsqueda de la paz desmotiva la tarea de la institución armada legítima. Proceso de negociación. Hemos vinculado todas nuestras energías, con severidad, al rescate de la seguridad. No dudaremos en entregarlas, con generosidad, a la paz. Hemos insistido sin temor en nuestras acciones en procura de la seguridad. No nos frena el miedo para negociar la paz. Confieso que me preocupa algo diferente: el riesgo de no llegar a la paz y retroceder en seguridad. La paz necesita sinceridad. Por eso los hechos irreversibles de reconciliación deben ser el enlace entre seguridad y paz. La generosidad oficial en negociaciones con los violentos, que muchas veces es injusta, es entendida por la comunidad cuando los hechos demuestran buena fe y honestidad de los beneficiarios. Política social. En el debate democrático continuaremos en la construcción de la Visión del Segundo Centenario, con miras al 7 de agosto del 2019. En julio del 2010, cuando concluya el Gobierno que se inicia, evaluaremos las metas parciales que proponemos alcanzar. Nuestras metas sociales son incluso más exigentes que las del Milenio. Tenemos toda la vocación de cumplir lo pactado con el pueblo: plena cobertura en educación básica; avances en preescolar; plena cobertura en régimen subsidiado de salud con esfuerzos para que la formalización laboral ayude a crecer el sistema contributivo; familias en acción, guardabosques, estrategias del Sena, Bienestar Familiar, cobertura en atención de niños y ancianos; vivienda; saneamiento básico; infraestructura; acceso popular al crédito.La educación, la investigación, la aplicación de conocimientos, la infraestructura y el crédito popular serán los pilares de competitividad que aumente el ingreso y mejore la distribución. En síntesis, una política social estructural, como conjunto armónico de acciones sociales que deben producir positivos impactos en calidad de vida y distribución de riqueza. Reformas económicas. Nuestra agenda de reformas económicas es consistente con la confianza inversionista, el crecimiento de la economía y la financiación de metas sociales. No compartimos la idea de impulsar el crecimiento y abandonar la superación de la pobreza a la suerte del mercado. Discrepamos de hacer equidad con distribución de pobreza. Creemos en el crecimiento con justicia social. Estamos en desacuerdo con el discurso macroeconómico fiscalista, que abandona el crecimiento económico a la suerte de la oferta y la demanda. El Estado tiene que estar comprometido por igual con el crecimiento y la equidad. Una vocación: crecimiento económico vigoroso con horizonte de largo plazo y construcción veloz de equidad. La confianza. En la democracia moderna el papel del Estado no está en la disyuntiva de cumplir apenas una función gendarme de seguridad, o en el extremo opuesto de devorarlo todo, de ser obstructor de la iniciativa privada. Para nosotros, confianza es la palabra clave que define el resultado del Estado. Confianza en el inversionista, tranquilidad en el trabajador, ilusión en el joven, sosiego en el adulto. Creemos en el Estado comunitario, promotor y subsidiario, árbitro que no invasor. El Estado Comunitario es el medio para que la actividad pública beneficie a los gobernados, no a los funcionarios, los grupos de poder, la politiquería, las burocracias laborales. El Estado Comunitario es participación ciudadana en la toma de decisiones públicas, su ejecución y supervisión. Es garantía de transparencia, eficiencia y equidad en el resultado de la acción oficial. La exigencia ciudadana permanente demanda sincero afán de los funcionarios, prudencia en el compromiso, diligencia en la acción, imaginación para explorar opciones y superar obstáculos. La presencia continua del funcionario, de cara a la comunidad, facilita acceso a la información, conocimiento de cifras, conciencia sobre posibilidades y limitaciones, reflexión sobre obligaciones y confianza en las instituciones. La participación popular derrumba los muros que frenan las reivindicaciones. El Estado tiene que desempeñarse como garante de cohesión social, defensor del medio ambiente y promotor de crecimiento económico. Estado y sector privado. El Estado promotor no es el Estado empresario, absorbente, que marchita la iniciativa privada. La función de promover implica llenar vacíos, acometer una labor subsidiaria. Allí donde exista empresarismo suficiente, el Estado estimula y garantiza equidad. Donde esté ausente la empresa privada, el Estado debe emprender la creación de riqueza, con recursos de capital de riesgo, así sea de manera temporal mientras llega la acción de los particulares...No podemos arrasar con los patrimonios públicos ni permitir que la falta de reformas termine con ellos. No queremos gobiernos que los destruyan, tampoco intereses políticos o de grupos de presión, económicos o laborales, que impidan las reformas y los conduzcan a la desaparición. Reforma del Estado. Tenemos fe en la tarea reformadora del Estado para crear riqueza pública, proveer buenos servicios, asignar sus recursos a la equidad y a la prioridad. Para cimentar confianza en la administración profundizaremos la participación comunitaria en audiencias de contratación, consultas sobre transacciones de litigios, difusión previa al perfeccionamiento de compraventas o capitalizaciones. Nuestra dialéctica, el ritmo de movimiento permanente, debe darse en el ciclo de acometer, evaluar, ajustar y aún rectificar cuando sea necesario. Nos ilusionan las reformas propuestas y adelantadas con patriotismo. Nos llenan de pánico el estancamiento, los ímpetus de imprudencia y la corrupción. El IVA. Es preferible devolver el valor del IVA a los más vulnerables, franquear dificultades, corregir el Sisbén, procurar el acceso bancario a 6 millones de familias pobres, vincularlas con ese inicial recurso a la banca de oportunidades, gestionarles crédito, que estancarnos en el remolino del discurso que lo critica todo y nada permite hacer. No podemos renunciar a ajustes periódicos ni ceder a presiones que nos hagan incurrir en cambios bruscos por fuera de la visión de largo plazo. Aquí radica la importancia de conducir el trabajo cotidiano en armonía con la propuesta de pensar el país a 15 años. Visión Colombia: Segundo Centenario, nos reta a grandes transformaciones con miras a la conmemoración de los 200 años de la independencia, sellada en la Batalla de Boyacá. Globalización. La globalización puede ser más amable si la entendemos como resultado de la ciencia y no imposición de la ideología. La globalización puede ser más amable si apreciamos al mundo en la diversidad y renunciamos al molde único que cada quien reclama desde su propia perspectiva. Sólo disponemos de una reciprocidad para responder al acompañamiento y ayuda de la comunidad internacional: nuestra devoción por la democracia. La coalición. El Congreso está regido por nuevas normas políticas. El pueblo observa con positiva inquietud. No podemos fracasar. Ejecutivo y Congreso comprenderán la necesidad de mutua cooperación con interlocución independiente, imaginativa, constructiva. La coalición de Gobierno tiene la misión de responder a la generosa confianza de los electores, construir el diálogo patriótico con los grupos diferentes y ejercer el control político que recuerde al Ejecutivo la dimensión del mandato popular. El respeto gubernamental a la oposición y a la crítica contribuirá a bosquejar acuerdos fundamentales. En esta hora de reacomodo de los partidos históricos y consolidación de los nuevos, la gobernabilidad no radica en mutuas prebendas entre el Ejecutivo y el Legislativo sino en el acuerdo de ambos para responder bien al clamor ciudadano. Gobierno de resultados. Mis compañeros de Gobierno y yo procuraremos una administración austera, realizadora, transparente. Debemos estar preparados para reconocer errores y emprender rectificaciones. Invito a trabajar con sentido de urgencia para conseguir resultados positivos, con cambio de velocidades, con la disposición de no perder un minuto del tiempo que el pueblo necesita."Mis compañeros de Gobierno y yo procuraremos una administración austera, realizadora y transparente”."La globalización puede ser más amable si la entendemos como resultado de la ciencia y no imposición de la ideología”.

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