Un gran garrote verde

Un gran garrote verde

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julio 08 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-08

La frase fue acuñada por el propio Theodore Roosevelt durante un discurso dado en Chicago en la primavera de 1903. Al recordar un viejo proverbio, el entonces inquilino de la Casa Blanca sostuvo que los Estados Unidos debían poner en práctica el principio de "habla suave y carga un gran garrote" en su política externa. Por irónico que parezca, ese fue el mismo lema utilizado tácitamente pocos meses más tarde, cuando el mismo mandatario instigó la independencia de Panamá, por ese entonces una provincia de Colombia.

Pero más allá de las similitudes históricas, lo cierto es que los defensores del medio ambiente están de plácemes por estos días, debido a la inminente entrada en vigencia de la ley que establece un nuevo procedimiento sancionatorio en los crímenes contra la naturaleza. La iniciativa fue aprobada el pasado 20 de junio a última hora, con la participación de todas las bancadas, y resultó una de las pocas rescatables al término de una legislatura con un saldo particularmente pobre. No obstante, gracias a ese esfuerzo, los conocedores sostienen que, por fin, los organismos de control en la materia comienzan a blandir un gran garrote verde, debido al buen trabajo conjunto del Ministerio del ramo y de las comisiones quintas del Congreso.

La explicación que hace el Gobierno es que el país necesita construir una sólida cultura de la conservación de sus recursos naturales, así como la consolidación de un sistema nacional ambiental, fuerte, proactivo y transparente. Todos los colombianos aprenden en sus primeros años que gracias a su diversidad de pisos térmicos, a su localización y a su privilegiada geografía, el territorio nacional es uno de los más ricos del planeta. Sin embargo, con el transcurrir del tiempo también aprenden que buena parte de esos tesoros se han venido perdiendo, algunos de ellos irremediablemente. Y aunque las campañas educativas y la expedición de regulaciones algo han logrado, es claro que son necesarias normas de castigo que puedan aplicarse con celeridad y oportunidad a los infractores y a quienes cometen delitos contra el medio ambiente.

En este caso, el objetivo fue modernizar una legislación obsoleta y caduca que permitía, en muchas ocasiones, que las autoridades ambientales se convirtieran en objetos de burla por parte de transgresores de distinta magnitud y que se arriesgaran, en medio de la impunidad y la impotencia ciudadana, la flora y fauna, así como los ecosistemas estratégicos de mayor vulnerabilidad.

Ahora, en cambio, las normas vienen con una adecuada provisión de colmillos que deberían servir para contener a los posibles delincuentes o castigar de manera ejemplar a quienes hayan pasado la línea.

Entre las nuevas disposiciones es pertinente resaltar la ampliación del período de prescripción de las acciones ambientales de 5 a 20 años, para impedir impunidad y triquiñuelas jurídicas; el incremento de multas diarias hasta por 5 mil salarios mínimos mensuales vigentes, para evitar pagos irrisorios; la presunción de culpa o dolo cuando ocurre un daño ambiental que invierte la carga de la prueba en esta materia a favor de las autoridades ambientales; los decomisos preventivos y definitivos de los bienes y objetos que se utilizan para generar la infracción ambiental, que pueden incluir hasta camiones, aeronaves o embarcaciones, y una novedosa figura que permite imponer, además de las multas y sanciones ordinarias, trabajo comunitario ambiental a los infractores. También hay espacio para atenuar las sanciones si se da la confesión del delito o la voluntad de resarcir el daño.

Advirtiendo que los castigos mencionados son independientes de las acciones penales, administrativas o civiles, ahora lo que viene es la correcta aplicación de las normas. En ese sentido, el desafío de las autoridades es cuidar que la amenaza de penas no sea fuente de corrupción, ni de excesos por parte de los encargados de blandir un garrote que, bien usado, le garantizará un mejor futuro tanto al sector productivo, como a las próximas generaciones de colombianos.

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