Grecia: crece la emergencia

Si hace un par de años alguno de esos expertos que se especializan en predecir el futuro hubiera dicho que en el 2010 una economía endeudada en exceso pondría en jaque al capitalismo, lo más seguro es que todas las miradas se habrían dirigido hacia América Latina. Al fin de cuentas, fue esta región la que en el pasado se caracterizó por ser fuente de problemas, sobre todo, cuando arreciaba la tormenta debido a recesiones, alzas en las tasas de interés o volatilidad en los flujos de capitales. Por eso, y para la historia, quedaron expresiones como el efecto ‘tango’ o el ‘tequila’, en referencia a sobresaltos originados en Argentina o México.

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abril 28 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-04-28

A la luz de esas experiencias, no deja de ser llamativo lo ocurrido ayer, cuando una firma calificadora de riesgo le redujo la nota a la deuda emitida por Grecia. La decisión generó un sentimiento de pánico entre los inversionistas, que tuvo su expresión en una caída en los precios de las acciones, particularmente en Europa, además de una nueva baja del euro en los mercados internacionales. Si bien los retos que enfrenta Atenas son conocidos desde hace meses, hay una profunda crisis de confianza en la capacidad del país mediterráneo para sobreponerse a sus dificultades. Estas tienen su origen en un inmenso déficit fiscal, que equivale a casi el 14 por ciento de su Producto Interno Bruto, el cual lleva una buena cantidad de tiempo en una nación que tradicionalmente ha mantenido sus cuentas en rojo. Sin embargo, el saldo negativo aumentó de tamaño como resultado de la contracción del 2009 y de los paquetes de ayuda adoptados para evitar un mayor desplome del consumo. En un comienzo, los gobernantes griegos pensaron en financiar el faltante de la misma manera que antes: emitiendo deuda, pues al hacer parte de la Eurozona les permitía colocar sus bonos a tasas inferiores al 5 por ciento anual. Parte de la justificación era que el mundo mira ahora con más tranquilidad los desequilibrios fiscales, por lo que no habría problema en darle vuelta a las acreencias. Pero ese cálculo empezó a fallar cuando quedó en claro que el hoyo era de un tamaño muy superior al que se había dicho inicialmente y que sería necesario un gran esfuerzo para taparlo. En consecuencia, Atenas tocó la puerta de Bruselas, con el argumento de que el hecho de pertenecer a la Unión Europea, le facultaba hacerle un llamado a sus colegas del bloque comunitario. La primera reacción fue fría, porque para muchos gobiernos de la zona no se puede premiar la irresponsabilidad fiscal. Pero ante el temor de que estuviera en peligro la propia existencia del euro, todos hicieron de tripas corazón y anunciaron un esquema según el cual Grecia recibiría recursos de emergencia, siempre y cuando se sometiera a un duro programa de austeridad e invitara como supervisor al Fondo Monetario Internacional. Hasta ahí parecía que lo peor había pasado, pero el anuncio de que la deuda seguirá creciendo hasta el 2015, junto a la serie de huelgas convocadas por los empleados públicos para protestar por el apretón del cinturón, volvieron a poner nerviosos a los mercados. Para colmo de males, la decisión de la calificadora de riesgo Standard & Poor’s fue un voto de desconfianza que tuvo repercusiones en todas partes. Ahora la inquietud es que el lío está aumentando de tamaño, ya que la nota de Portugal también fue rebajada. Además de estos dos países, también España e Irlanda están en observación, por lo cual un derrumbe del sistema monetario del Viejo Continente ha pasado a ser una posibilidad real. Si esto ocurre, el mal desempeño de las economías comunitarias –el peor dentro del grupo de naciones industrializadas– se vería todavía más complicado. Debido a ello, las alarmas están encendidas. Si bien la esperanza es que Bruselas pueda contener la hemorragia y limitar el problema a Grecia, el grado de la emergencia es mayor. Una vez más se ha vuelto a demostrar que el problema de tener deudas grandes es tener que pagarlas y que los sistemas comunitarios comunes no son del todo positivo, pues se pierde la herramienta de la devaluación, a la hora de buscar la estabilidad. Una lección que Colombia y América Latina deberían tener en cuenta. "Si bien los retos que enfrenta Atenas son conocidos desde hace meses, hay una profunda crisis de confianza en la capacidad del país mediterráneo para sobreponerse a sus dificultades, debido a un inmenso déficit fiscal, que equivale a casi el 14 por ciento de su PIB".ADRVEG

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