Grecia: ¿sepulcro del euro?

La severa crisis económica que vive Grecia y la ausencia de instrumentos en la Unión Europea para acudir en rescate de uno de sus miembros, han puesto en evidencia serias falencias del sistema de convergencia macroeconómica que sirve de soporte a la Unión Monetaria. Si no se logra una solución pronta y eficaz de la crisis griega o si la pérdida de confianza se extiende por la situación –también grave– que viven España, Portugal, e Irlanda; estaríamos a las puertas del primero y más serio tropiezo que ha tenido que afrontar la Eurozona.

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marzo 09 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-09

Los criterios de convergencia macroeconómica establecidos en el Tratado de Maastricht determinan que los miembros no deben sobrepasar el 3 por ciento de déficit fiscal ni su deuda pública puede sobrepasar el 60 por ciento del PIB; pero el déficit fiscal griego es del 13 por ciento, su deuda pública asciende al 120 por ciento del PIB, y necesitará en los próximos meses un financiamiento fresco de 23.000 millones de euros. Un eventual colapso de la economía griega simbolizaría la ineficacia de la Unión Monetaria para garantizar el cumplimiento de las mencionadas metas, pues ha quedado en evidencia el desfase entre la fijación comunitaria de los parámetros; al mismo tiempo que los países mantienen autonomía sobre el manejo de los precios. Adicionalmente, no existen mecanismos de presión excepto las multas (aplicadas a Francia y Alemania cuando sobrepasaron el nivel de déficit permitido), y los estatutos de la Unión Europea dicen explícitamente que el bloque puede aportar ayuda financiera sólo en el caso de que se trate de “circunstancias excepcionales”, entendidas como catástrofes naturales; y aunque en teoría podrían entenderse aplicables a una crisis financiera de magnitud; hasta ahora no ha ocurrido un evento de ese tipo. Una parte del desbalance fiscal griego se explica por los planes de rescate adoptados para enfrentar los efectos nacionales de la crisis financiera internacional; pero sin duda ha habido laxitud en la política pública del país helénico: entre marzo y junio el país tiene que servir obligaciones por 54.000 millones de euros (equivalentes al 15 por ciento de su PIB), lo cual es imposible, y la incertidumbre que ha generado esta situación ha causado cuatro reducciones de la calificación de riesgo de los papeles financieros griegos en el mercado internacional. Al no existir un mecanismo comunitario para enfrentar esta crisis, quedaría la alternativa de recurrir al FMI, tal como lo han hecho en meses recientes Hungría, Letonia y Rumania, países europeos que aún no son miembros de la Unión Monetaria y en tales casos el FMI ha consentido el establecimiento de metas macroeconómicas más laxas que las establecidas en el sistema europeo. En todo caso, permitir que sea el FMI quien rescate a un miembro pleno de la Unión Monetaria abriría una brecha en la confiablidad de la moneda común. Y ya el Nobel Paul Krugman ha concluido que el establecimiento del euro puede considerarse como un error. Queda entonces la alternativa de que países miembros de la Unión Monetaria como Alemania y Francia acudan de modo individual en ayuda de su socio en dificultades; pero políticamente estos gobiernos enfrentan dificultades para conseguir el apoyo interno a tal plan de rescate, pues hay evidencia de que el Gobierno griego durante años ha falsificado las cuentas públicas. En su reciente reunión los líderes europeos han expresado que no se permitirá el colapso de Grecia, y se está a la espera de la entrega de fondos que pueden corresponder al anticipo de la ayuda comunitaria asignada a este país hasta el 2013, y para ello se le ha exigido un ajuste presupuestario radical y urgente. También se podría poner en marcha un sistema de garantías para su deuda o permitirle el acceso a préstamos del Banco Europeo de Inversiones. Uno de los principales instrumentos de cohesión europea ha sido el establecimiento de fondos estructurales que transfieren, en calidad de donación, cuantiosos recursos a los países de menor desarrollo para garantizar un mejor balance regional y desestimular movimientos migratorios desordenados hacia los países más desarrollados de la región, lo cual estaría facilitado por la existencia de la libertad migratoria entre los miembros de la Eurozona. Resulta lamentable que sean precisamente los países que han obtenido abundante ayuda (España recibió más de 120.000 millones de dólares desde que inició la Unión Europea), los que ahora presentan severos problemas fiscales y de endeudamiento. Resulta claro entonces que estos países además de beneficiarse con cierto parasitismo de los recursos comunitarios, no han hecho el debido esfuerzo fiscal. En un contexto de crisis financiera internacional la solución no parece fácil. Tras la pérdida de la hegemonía británica al finalizar la Primera Guerra Mundial, el sistema de patrón oro fundado en el respaldo y convertibilidad de la libra esterlina, hizo crisis en 1931. El poderío norteamericano que reemplazó al dominio inglés permitió imponer en la Conferencia de Bretton Woods al dólar como moneda mundial de reserva, en contra de la tesis de Keynes de que se adoptara una moneda mundial emitida por una instancia multilateral a la que proponía denominar bancor. Keynes fue derrotado por Harry Dexter White y se adoptó entonces una paridad de 35 dólares emitidos sobre cada onza de oro de respaldo, con una convertibilidad garantizada a un tipo de cambio fijo. La emisión inorgánica de 500.000 millones de dólares para financiar la guerra de Vietnam, puso al mundo frente a la injusta situación de recibir dinero sin respaldo como pago por los bienes y servicios, lo cual alimentó la inconformidad con el monopolio del señoreaje internacional que dicha situación entregaba a Estados Unidos. Por ello, frente a la incapacidad de convertir en metal los 25.000 millones de dólares acumulados en Francia durante la guerra, el presidente Nixon declaró la no convertibilidad del dólar el 15 de agosto de 1971. A partir de dicha situación Europa diseñó su camino hacia una moneda propia de reserva, no sólo por factores económicos, sino también en la búsqueda de un balance al hegemonismo unilateral de Estados Unidos; y apoyados en la teoría de las zonas monetarias óptimas elaborada por el Nobel Robert Mundell, se pasó de la serpiente de flotación al ECU como unidad contable y finalmente al euro como moneda común. En el marco de la actual crisis internacional se han escuchado voces como la de Stigiltz, Roubini y voceros del Gobierno chino que proponen discutir la vigencia del dólar como moneda de reserva y recomiendan retomar la idea de Keynes reviviendo el bancor. Está claro entonces que la crisis de varios países europeos puede significar un serio impasse a la continuidad de la Unión Monetaria; pero todo hace prever que si bien se le habrán de introducir reformas sustanciales en su diseño y manejo, es poco probable que luego del camino recorrido Europa renuncie al euro, que constituye el colofón de medio siglo de esfuerzos de integración. Cabe resaltar que la Unión Europea adoptó como símbolo para la moneda común la letra griega épsilon, correspondiente a la inicial de Europa como un reconocimiento al gran legado cultural, jurídico y político que el continente recibió de la sociedad helénica. Ahora salvar a Grecia se ha convertido en el primer y más severo desafío a la supervivencia misma de la Unión Monetaria. *Profesor de las Univeridades Nacional y Externado. "En su reciente reunión los líderes europeos han expresado que no se permitirá el colapso de Grecia". "Se podría poner en marcha un sistema de ga- rantías para su deuda o permitirle el acceso a préstamos del Banco Europeo de Inversiones".ADRVEG

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