Grupo italiano liderado por periodista protesta desde 1986 por invasión de McDonalds en grandes ciudades | Finanzas | Economía | Portafolio

Grupo italiano liderado por periodista protesta desde 1986 por invasión de McDonalds en grandes ciudades

Se manifiestan contra la agresiva conquista de los centros históricos de las grandes capitales por parte de la cadena de restaurantes. El logo de un caracol es su símbolo mundial.

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septiembre 11 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-11

Todo empezo en Roma en 1986, cuando se anunció la apertura de un restaurante de esa cadena, cerca de la Plaza de España en esa ciudad.

Indignado y agredido por la homogenización que estaba conduciendo la llamada 'comida rápida', el periodista Carlos Petrini organizó una manifestación y, dos años más tarde, fundó un movimiento internacional conocido como 'comida lenta' (slow food), que se identifica con un caracol.

Desde hace años, el movimiento de Petrini traspasó su origen italiano y, hoy, además de Colombia, cuenta con grupos en Estados Unidos, Canadá, Europa, México, Argentina, Venezuela y Cercano Oriente. Son un total de más de 100 mil afiliados en, por lo menos, 110 países.

Además, desde hace cinco años, el movimiento slow food fundó la primera universidad del mundo, que convirtió la gastronomía en una ciencia. Allí se reúnen cocineros y especialistas de todos los campos cercanos a la buena mesa.

Un modo de vida

La esencia de slow food, más que la degustación de la comida bien hecha tiene que ver con la recuperación de las tradiciones culinarias, el fortalecimiento de la identidad nacional, la defensa del medio ambiente y la salud.

"Es un estilo de vida", asegura el escritor y periodista Antonio Montaña, que impulsó hace cinco años el movimiento de 'comida lenta' en Colombia y que hoy es su presidente.

"La gastronomía contemporánea ha dejado de ser un simple placer para convertirse en un modo de vida y en una respuesta al mundo actual, es decir, en una ética", asegura.

En su opinión la gastronomía no es sólo degustar sino conocer la historia de los alimentos y sus técnicas de preparación. También, es el respeto por el productor.

Para Montaña, la "revolución agroindustrial y el neoliberalismo ocasionaron graves daños en la cadena alimenticia. Han envenenado los campos con productos químicos, las aguas de mares y ríos con mercurio y oro tóxicos".

Además de eso, el movimiento es también importante porque "Colombia cuenta con una población joven que debe ser educada con respecto a lo que come.", afirma el administrador de empresas Santiago de Germán Ribón, secretario del grupo de slow-food de Bogotá.

Es que Petrini, el fundador de este movimiento, definió al verdadero gastrónomo como la persona que tiene presente no sólo el placer que le produce un plato, sino que tiene en cuenta la justa y limpia cadena productiva que lo lleva hasta la mesa.

Slow food es calificado como un movimiento de conservación y de rescate que se basa en tres principios: que el alimento sea bueno, limpio y justo. "Bueno desde el punto de vista gastronómico: que tenga un gusto y que el comensal sepa exactamente cuál es la historia de ese alimento dentro de la cultura", explica Ribón.

"Que el sea limpio desde el punto de vista ecológico: que no haya sido producido en tierras contaminadas. Que los animales no hayan sido inflados con hormonas o antibióticos". Lo justo tiene que ver con la responsabilidad social. "El alimento que llega al plato debe ser producto de un comercio equitativo", puntualiza.

Más que la comida, es  clave el rescate de lo social

Anualmente, desde el 2000 un jurado internacional de slow food premia a las personas que han emprendido proyectos sociales de carácter ambiental o cultural que han beneficiado a sus comunidades.

Una de las grandes preocupaciones del movimiento es la 'eco-gastronomía' que se ocupa de la conservación de alimentos, animales o vegetales que están en peligro de extinción.

Uno de los ganadores en la primera edición del premio fue el español Jesús Garzón Heyde, quien identificó los caminos de rebaños y revivió las actividades de trashumancia como fórmula para proteger el medio ambiente. También lo obtuvo por organizar la Asociación Trashumancia y Naturaleza.

La iniciativa de Garzón proporcionó varias ventajas ambientales como el aumento de la flora silvestre en las montañas, el regreso de varias especies de aves, el equilibrio ecológico de los bosques y la reducción de los incendios en la época del verano. Desde 1992, gracias a su iniciativa, los rebaños pasan el invierno en Extremadura y el verano en Cantabria.

Entre otros ganadores del primer premio de slowfood también figuraron una cooperativa dedicada al cultivo de la orquídea de la vainilla en Oaxaca, México; un apicultor turco que producía miel de abejas Hemsin, que es tradicional de las montañas de Anatolia y unos biólogos mexicanos que trataban de salvar el pez blanco del lago de Pátzcuaro en Michoacán.

En Colombia, "una comunidad que desarrolle productos a base de hoja de coca podría ganar un premio slow Food, de acuerdo con Ribón , porque está reivindicando una tradición ancestral con un producto sabroso, sano saludable y nutritivo"

Sin embargo, hasta el momento ninguna iniciativa nacional ha sido galardonada. Se han postulado el movimiento de agricultores del amazonas que cultivaba 400 especies de yuca y a los defensores de la tortuga charapa en el Caquetá, entre otros.

Los candidatos a esos premios son, por lo general, personas que llevan a cabo una actividad de producción, comercialización, conservación o educación, o que se dedican a la investigación en el campo de la comida o la bebida.

Generalmente trabajan solas en el anonimato, cultivando la tierra, cuidando y protegiendo a los animales, vendiendo sus productos artesanales, dedicándose a la investigación o a la enseñanza.
El premio a la defensa de la biodiversidad se otorga a aquellos que han contribuido a parar el empobrecimiento de nuestra herencia agrícola, animal y gastronómica, al mismo tiempo salvaguardando el equilibrio ecológico de nuestro planeta.

Slow food por lo tanto, no es una gastronomía importada y limitada a la degustación del salmón o del caviar. Se trata de rescatar el espíritu de los antepasados a través de la comida y que se ejerza una función social por detrás de la gastronomía.

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