Grupos que se reúnen para construir y competir con firmas de trayectoria, emigran cuando auge termina

En el 2006 Ana María y un par de amigos de toda la vida sumaron un capital con la idea de construir un edificio en el norte de Bogotá. Este es un ejemplo de empresarios "golondrina".

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noviembre 25 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-25

Sin conocimiento del negocio, pero con la seguridad de que los buenos vientos habían regresado al sector, convencieron a un familiar arquitecto, se asesoraron legalmente, evaluaron las posibilidades del mercado y levantaron un proyecto de 21 apartamentos.

Lo vendieron como 'pan caliente' y tras ellos, otros inversionistas a la caza de oportunidades en el sector llegaron en el 2007 a repetir una historia de buenas ventas, especulación -en algunos casos- y pesca en río revuelto.

"Es común que esto suceda. Los amigos, parientes arquitectos e ingenieros entran y salen, y forman parte de los ciclos. Sin embargo, cuando el mercado se desacelera -como sucede actualmente- estas 'golondrinas' (como también se les conoce coloquialmente) desaparecen y solo sobreviven las empresas de trayectoria y quienes tienen visión a largo plazo", asegura Andrés Arango, gerente de Ospinas y Cía., quien agrega que Bogotá, donde se concentró 33,1 por ciento de las licencias de construcción entre enero y septiembre pasados, sirve de medidor para analizar el fenómeno.

Igualmente, las cifras de la Cámara de Comercio de Bogotá sobre registros de constructoras legalmente constituidas confirman la línea ascendente, especialmente a partir del 2004, cuando el sector empezó a ajustarse tras la crisis de comienzos del 2000.

Ese año apenas había 9.014 empresas registradas; sin embargo, en el 2007, considerado un año sin precedentes para el mercado edificador, sumaron 12.772.

Ahora, con la desaceleración se prevé una disminución y, como suele suceder, la permanencia de las firmas reconocidas. Y de estas, algunas hicieron proyectos de 'ocasión', aunque es difícil precisar cuántas.

Infortunadamente, esta práctica será una constante si las entidades que regulan la actividad enajenadora (vender, donar o ceder el derecho o el dominio que se tiene sobre un bien o una propiedad) no toman medidas para evitarla?, anota el ingeniero Carlos Dada, de D&B Construcciones.

En el caso de Bogotá -agrega Dada- la Subsecretaría de Inspección, Vigilancia y Control de Vivienda tiene que asumir acciones, pues suele suceder que los compradores interesados en acudir a la compañía que les vendió el inmueble para algún requerimiento de posventa se encuentren con la sorpresa de que ya no existe.

Ese es el riesgo de estas obras ocasionales, que a pesar de cumplir con los requisitos de ley pueden generar inconvenientes al cliente. De hecho, la Subsecretaría identifica fallas recurrentes en las que incurren las empresas, la gran mayoría de trayectoria (acabados, estructuras, humedad, entre otras), lo que invita a reflexionar: "si pasa con compañías con años de experiencia en el mercado, algunos riesgos se pueden presentar con aquellas de 'cuarto de hora'.

Especialistas en reventas, afectados

Otro grupo de negociantes apareció entre el 2006 y el 2007: compradores que congelaban los precios al adquirir vivienda sobre planos, ganaban una valorización (de 18 por ciento o más, según Fedelonjas) y aprovechaban el auge de obras y precios para llevarse buenos dividendos.

Estos, sin embargo, también están desapareciendo o han tenido que acomodarse a un mercado más difícil.

De hecho, han tenido que ofrecer mejores precios, producto -precisamente- de una menor demanda o, simplemente, ganar apenas lo justo pues no es negocio tener subutilizado un bien, con los consecuentes gastos que implica: administración, servicios, etc.

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