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De ‘guatemala a guatepeor’

Resulta verdaderamente paradójico que justo cuando las economías latinoamericanas atraviesan por una de sus mejores épocas, los procesos de integración en la región se estén viendo afectados por crisis profundas originadas en factores políticos y regionalistas. Si por el lado del Grupo Andino o Comunidad Andina llueve torrencialmente, por los lados del Mercosur también soplas vientos de tempestades.

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mayo 11 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-05-11

Independientemente de las bondades o perjuicios que se puedan derivar de los tratados de libre comercio con los Estados Unidos, no cabe duda que la decisión de Colombia y Perú significó una ruptura profunda en una línea de acción común, que en temas tan importantes como el del comercio internacional, deberían seguir países que pomposamente se llaman entre sí hermanos. Como dicen ahora los jóvenes de última generación, Colombia y Perú se abrieron del parche y le sirvieron en bandeja al comandante Chávez la oportunidad de tomar decisiones viscerales e irreflexivas, muy propias de su personalidad y de su carácter autoritario. En el extremo sur del continente, los ánimos también están caldeados y el panorama es sombrío pues Uruguay y Paraguay consideran que en el ámbito del Mercosur son simples convidados de piedra frente al poderío de los dos colosos de la región. Como si esto no fuese ya suficiente motivo de preocupación, las relaciones comerciales y diplomáticas entre Argentina y Uruguay están en uno de sus peores momentos por culpa de la decisión del gobierno uruguayo de instalar sobre la frontera común dos plantas de papel a base de celulosa. Aunque la protesta del gobierno argentino por la construcción de las dos papeleras está supuestamente sustentada en el posible impacto ambiental, la verdad verdadera es que la reacción argentina está motivada en pura y fatuta envidia. Muy seguramente si Argentina hubiese sido el promotor del proyecto, quien estuviese levantando su voz de protesta sería el gobierno uruguayo. El enfrentamiento entre los presidentes de estos dos países -a pesar de tener entre ellos un ideario político e ideológico común- ha llegado al punto de que el gobierno argentino desautorizó como interlocutor válido al presidente del Uruguay, por considerar que quien verdaderamente tenía poder de decisión en este problema no era el presidente del hermano país sino el presidente de la multinacional finlandesa seleccionada para adelantar el proyecto. Todo esto porque en un principio el presidente Tabaré Vásquez había ofrecido suspender las obras por espacio de noventa días hasta tanto una comisión de expertos emitiese un concepto técnico sobre el tema. A pesar de este ofrecimiento, el otro presidente -el de la multinacional finlandesa- solamente aceptó un receso de diez días y además en simultánea con los días festivos de Semana Santa. El superpoder de la multinacional por encima del poder de un gobierno amigo, fue lo que finalmente sacó de casillas al gobierno argentino y a buena parte de su población ubicada en la frontera, la cual ha manifestado su protesta a través del bloqueo sistemático de las vías terrestres que permiten el tránsito de personas y mercancías, no sólo entre las dos naciones sino también de y hacia Brasil y Paraguay. Todo esto se hubiese evitado si en una visión verdaderamente futurista de integración, el proyecto se hubiese planeado y adelantado con el concurso de los dos países. El éxito del mercado común europeo tuvo su punto de partida en la explotación conjunta de los recursos naturales del carbón y del acero. Es claro que los tropiezos en la integración latinoamericana no se fundamentan en hechos económicos sino en veleidades políticas y regionalistas. Razón tiene Chile de andar solo antes que mal acompañado. Profesor de Economía U. del Rosario "Uruguay y Paraguay consideran que en el ámbito del Mercosur son simples convidados de piedra”.

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