Guerra aumentó 38,5% mortalidad infantil La cobertura educativa, en primaria y secundaria, también se ha visto perjudicada por la acción de los grupos al margen de la Ley. ‘Vacunas’, la tarjeta débito de los grupos ilegales

Guerra aumentó 38,5% mortalidad infantil La cobertura educativa, en primaria y secundaria, también se ha visto perjudicada por la acción de los grupos al margen de la Ley. ‘Vacunas’, la tarjeta débito de los grupos ilegales

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noviembre 01 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-01

Liliana Olarte Ávila Redacción de Economía y Negocios Las consecuencias del conflicto armado en Colombia han dejado una serie de huellas en sociales, algunas de las cuales nunca se podrán recuperar, como por ejemplo el abrupto incremento de la mortalidad infantil. Así lo revelan las cifras, entregadas por el investigador de la Universidad de los Andes en su libro Las Cuentas de la Violencia, muestran que de 1998 al 2002 murieron siete niños menores de un año, por cada 1.000 nacimientos. “El número de defunciones de menores de un año sería un 38,62 por ciento inferior si no existieran las condiciones impuestas por los grupos armados ilegales entre 1998 y 2002”, explica el autor. Dicha mortalidad infantil está justificada, según la investigación de Sánchez, en los problemas demográficos generados por el desplazamiento forzado, las malas condiciones de salubridad, el desvío de los recursos para cubrir el régimen subsidiado y las condiciones desfavorables para la prestación de servicios de salud eficientes . Pero ese no es el único factor que afecta el desarrollo de la niñez y de la juventud en Colombia, pues según una de las conclusiones del libro, si no se hubiese presentado actividad armada, se habrían matriculado 410.000 alumnos adicionales en primaria, es decir, cerca de un 7 por ciento adicional a los que se matricularon en el 2002 (ver gráficos). El caso de la educación secundaria es similar, pues se perdieron 480.000 alumnos, lo que implica una pérdida de crecimiento de alumnos en el 2002 de 12 por ciento. Además, las mayores pérdidas se le atribuyen a las Autodefensas, pues en los municipios donde éstas se concentran se presentaron las mayores pérdidas de alumnos (dejaron de crecer 5 puntos porcentuales). De otra parte, la violencia también tuvo consecuencias negativas en el sistema general de seguridad social en salud, pues impidió que se lograra un incremento en la cobertura del régimen subsidiado. Según el libro Las cuentas de la violencia, las mayores pérdidas se presentaron en los municipios con actividad de las Autodefensas, donde 477.000 personas dejaron de acceder al régimen subsidiado. “Los resultados de la investigación indican que si no hubiese actividad de ningún grupo armado, el sistema de seguridad social tendría 417.000 afiliados adicionales; de esta manera la pérdida neta para el sector salud como resultado del entorno es igual a 3,62 por ciento”, explica Sánchez. Y considera que las consecuencias más funestas por concepto de la guerra que se vive en Colombia se dan en la educación y en la mortalidad infantil, pues son temas que no aceptan recuperación posterior. Agrega que la pérdida de un niño es por sí sola significativa y en el caso educativo será muy difícil que una persona mayor decida iniciar su ciclo de estudios. Mientras que el tema de cobertura en salud puede mejorarse cuando el Gobierno implemente campañas específicas en los municipios afectados. Según el investigador de la Universidad de los Andes las pérdidas sociales van un poco más allá, pues también los procesos democráticos se han visto afectados negativamente por las acciones de los grupos ilegales. “La participación política -los votos efectivos como porcentaje de la masa electoral- fue menor en los municipios que exhibieron actividad armada de las Farc y del Eln; en el caso de las Autodefensas los resultados no fueron significativos”, dice el autor. Y agrega que “de acuerdo con la evidencia hallada, la expansión y crecimiento de la actividad armada en Colombia ha tenido consecuencias significativas para el desarrollo social. Los resultados encontrados son contundentes, e indican que además de los efectos visibles de los ataques de los grupos ilegales que afectan la economía a través de daños a la infraestructura física, los efectos presentados en el libro, muchos de ellos indirectos, tienen implicaciones aún peores para el desarrollo pensando en el largo plazo”. La guerra es una actividad, desde el punto de vista económico, sumamente costosa por la cantidad de gastos en que se incurre, como por ejemplo armamento, alimentación de hombres, indumentaria, entrenamiento, etc., así lo sostienen el Centro de Investigación y Educación Popular (Cinep). Dichos gastos se financian, por un lado, generando un sobrecosto a la economía legal, es decir, impuestos para el fortalecimiento de las Fuerzas Armadas (como el impuesto al patrimonio), ‘vacunas’ de diferente tipo que cobran los grupos armados ilegales a sectores como el petróleo, el bananero y la ganadería, entre otros. De otro lado, explica el Cinep, la actividad económica irregular (narcotráfico, por ejemplo) generada por los grupos al margen de la ley sirve para alimentar la guerra y no se integra al desarrollo de la economía en general. “Teniendo en cuenta el panorama podemos afirmar que el funcionamiento de las dinámicas económicas que genera la guerra han profundizado los niveles de pobreza e inequidad en la sociedad”, así lo sostiene Mariana Jaimes Ocazionez, analista del Cinep. Y afirma que la fuerte articulación de los grupos armados ilegales a las economías locales se pueden ejemplificar a través de los siguientes casos: en las zonas de colonización (suroriente del país), la guerrilla de las Farc llegó con los campesinos desplazados en la década del 50 y el 60. Fue esta guerrilla quien reguló la economía de la región desde el principio, haciendo las veces de Estado. Allí la articulación se fue dando en torno a la economía del narcotráfico, inicialmente en la protección del negocio y luego con la vinculación en su comercialización. Otro caso fue en Urabá, aunque el proceso fue diferente, según Jaimes, pues allí las guerrillas se articularon con las demandas de los trabajadores del banano y allí establecieron un orden que fue posteriormente reconfigurado por la Autodefensas. Sin embargo, todos esos actores han dependido del proceso económico del banano para su financiación. “Las realidades regionales afectan el funcionamiento general de la economía de un país, desdibujando cada vez más la frontera entre lo legal y lo legítimo, frente a lo ilegal aceptado como legítimo. El resultado es que vastas zonas, como por ejemplo los territorios de colonización, nunca estén articuladas al conjunto de la economía nacional debido a la presencia permanente de los grupos armados y a la incapacidad del Estado para incluirlos”, dice la analista del Cinep. Finalmente, otro tipo de costos son los que se dan por ataques a infraestructura, pues aunque se han reducido por la seguridad democrática del presidente Uribe, sus efectos se siguen sintiendo, según lo explica Jaimes, sobre todo en los sectores de energía y petróleo. El investigador Fabio Sánchez compiló información para las siete ciudades principales y para los municipios con el fin de determinar las variables de la violencia, donde los resultados obtenidos mostraron que la violencia colombiana obedece a la existencia de grupos armados, actividades ilegales, ineficiencia de la justicia y las diversas interacciones entre estas variables. Con lo cual, la investigación determinó que ligar la desaparición de los problemas de la violencia a la desaparición de la pobreza, desigualdad y exclusión es una estrategia equivocada, pues no tendría efecto alguno. LA CAUSA mil alumnos dejaron de matricularse en primaria en el año 2000, según el estudio realizado. 410

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