Un guión convincente

Un guión convincente

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mayo 21 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-21

Doce mil guionistas de cine y televisión de Estados Unidos están en huelga y los espectadores, irritados, se preguntan si no es posible prescindir de ellos. La respuesta es no. Y conviene agregar, además, que su huelga es justa.

Un poco de historia explica por qué. En 1969, Hollywood se estremeció: el autor William Goldman recibiría 400 mil dólares por su guión de Butch Cassidy y el Sundance Kid. Se creía que esta suma astronómica amenazaba la economía de la película y ponía los honorarios del guionista en un estatus excesivamente alto. Sin embargo, la cinta produjo 102 millones de dólares solo en Estados Unidos e hizo millonarios al productor y a los actores Paul Newman y Robert Redford. A la vista de las utilidades, los emolumentos de Goldman resultaron ridículos.

El ninguneo de los guionistas es tan lamentable como antiguo. Bastan tres ejemplos ilustrativos. Pocos saben que el creador de Los siete magníficos y el Gran escape es un tipo tímido y genial, Walter Brown Newman, porque su crédito no aparece en las dos películas. Cuando M*A*S*H*, tras obtener en 1970 el Oscar al mejor guión, logró la Palma de Oro del Festival de Cannes, los organizadores ofrecieron una fiesta a la que no fue invitado Ring Lardner, el guionista ganador. En 1971, la Primera Exposición Internacional de Cine de Los Ángeles no mencionó sino a un guionista de las 40 películas exhibidas. En esa ocasión, el sindicato de escritores envió una carta de protesta. Ahora ha decidido parar la industria.

Una de las pocas verdades del cine es que sin guión no hay película. Pero como los guionistas no gozan de la popularidad de las grandes estrellas ni la fama del director, su pago es vergonzosamente inferior al de los demás. Antes los estudios se llevaban "la parte del león". Hoy son las grandes estrellas, que reciben participación en los ingresos brutos. Un Tom Cruise o un George Clooney puede ganar 70 millones de dólares por una película cuya arquitectura es un guión que costó unos pocos miles.
Pero, según el analista William Froug, "los guionistas se hartaron de ser los chivos expiatorios de la industria". En su reivindicación exigen que se les pague un poco mejor, aunque otros ganen un poco menos. Su petición es de elemental justicia, y así deben entenderlo y tener paciencia los espectadores, que lamentan el retraso en la producción de sus teleseries favoritas. La huelga ha demostrado que el trabajo de los guionistas resulta indispensable para que Hollywood funcione. Es preciso que, además, lo remuneren como corresponde.

editorial@eltiempo.com.co

 

 

 

 

 

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