'Habría una reforma tributaria solo si fuera necesario'

“La paz con inclusión social, y crecimiento sostenible con equidad”, son las dos frases que resumen la propuesta económica del candidato - presidente, Juan Manuel Santos, quien aspira a la reelección.

Juan Manuel Santos aspira a ser reelegido en la Presidencia por cuatro años más.

Rodrigo Sepúlveda/Portafolio

Juan Manuel Santos aspira a ser reelegido en la Presidencia por cuatro años más.

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junio 11 de 2014 - 02:40 a.m.
2014-06-11

El mandatario afirma que, de ser reelegido, el segundo periodo presidencial lo dedicará a terminar la tarea iniciada en agosto del 2010.

Portafolio lo entrevistó para hablar de economía y sus propuestas en este tema.

En términos económicos, ¿cuál es para usted el hecho que le genera el mayor orgullo de su Gobierno?

Primero el empleo, segundo la solidez macroeconómica y tercero el resultado social.

¿Cuál es el tema que le genera más frustraciones?

La mayor frustración radica en que el camino social es tan grande, y es tanto lo que hay que recorrer, que me hubiera gustado avanzar más rápido en la solución de las necesidades de la gente.

¿Qué propone para avanzar más rápido en el tema social?

El avance en lo social depende en buena parte de las políticas focalizadas y de los recursos disponibles para inversión social.

Eso significa que debe haber unas condiciones necesarias, pero es clave mantener una economía creciendo a tasas altas, que genere los dineros que se requieren para atender a los más pobres.

También hay que hacer cada vez más eficientes las políticas focalizadas.

Así se hace una política social efectiva.

En general, ¿cómo califica la economía colombiana?

Yo lo digo con mucho orgullo. Tenemos la economía más sólida de nuestra historia. La economía se mide por el nivel de crecimiento y hoy estamos al tope de nuestra capacidad que es más o menos del 4,5 por ciento.

Este año estamos creciendo más que cualquier otro país de América Latina.

Además, el nuestro es un crecimiento sano, con una inflación controlada, la más baja de nuestra historia reciente y la menor de América Latina el año pasado.

Tenemos unas finanzas públicas en equilibrio, la deuda decreciendo, una tasa de inversión que nunca habíamos visto y que vamos a ver incrementada sustancialmente con todo el plan de vías de cuarta generación.

Contamos con unas exportaciones importantes, aunque seguimos siendo un país poco exportador per cápita.

Por eso creo que en su conjunto, la economía está en su mejor momento.

El gran desafío es mantenerla así y para eso se requiere adaptarse a las circunstancias e ir promoviendo los factores nuevos de crecimiento.

Los precios de los principales productos de exportación de Colombia están bajando. ¿Cree que vamos en los próximos años hacia un periodo más apretado por cuenta de esto?

Fíjese que ese decrecimiento de precios de productos básicos nos ha afectado desde hace algún tiempo y ya ha tenido impacto en las cifras macroeconómicas.

Hemos puesto en marcha políticas como el PIPE, que fue positivo y con resultados casi que inmediatos. Ahí está la clave del tema económico, de anticiparse a situaciones como las que usted describe.

Yo no veo que el petróleo vaya a bajar. El desafío es mantener o incrementar la producción. Tampoco creo que el precio del café baje más.

Yo llevo 40 años estudiando el sector cafetero y entiendo lo complejo que es el tema de los precios.

Lo que sí veo es un potencial enorme de las exportaciones de alimentos. También veo un gran potencial para seguir creciendo en la demanda interna, donde el solo factor de las inversiones en vías de cuarta generación va a agregar un crecimiento del PIB de 1,5 por ciento anual, durante los próximos seis años.

Eso significa que si estamos creciendo al 4,5 por ciento, lo haremos al 6 por ciento anual, solamente por esta vía.

Si a eso le sumamos lo que señala Planeación Nacional, que acaba de hacer un estudio ratificando los dividendos de la paz en términos económicos, podríamos pensar que el país va a crecer a un ritmo del 7 por ciento anual. El panorama es bastante positivo hacia adelante.

Viene el fin de los tributos temporales que dejan un hueco de unos nueve billones de pesos anuales en los ingresos, a lo que se suman las nuevas necesidades de inversión generadas por el proceso de paz, y el cumplimiento de las promesas de campaña. ¿Cómo hacer para cuadrar esas cuentas?

Nosotros estamos monitoreando con mucha atención las finanzas públicas.

Tenemos por fortuna que en los primeros meses de este año el recaudo de impuestos ha estado muy por encima de lo previsto.

Solamente el IVA ha crecido 30 por ciento. Y en otros impuestos ha aumentado como el 15 por ciento. Eso nos da un recaudo adicional que, comparado con lo que veníamos obteniendo, equivale a más de 15 billones de pesos.

Yo he dicho que por el momento no hay necesidad de una reforma, pero si hay necesidad de ello, lo primero será extender el impuesto al patrimonio, y si requerimos extender el 4 x 1.000 también lo haríamos.

Hay preocupaciones como el nivel de la tasa de cambio. ¿Cuál es su opinión al respecto?

En la tasa de cambio, el factor que más incide en una revaluación es el déficit fiscal y por eso debemos tener superávit fiscal.

El otro factor es el apetito de los inversionistas en Colombia y eso se está tratando de neutralizar con las compras que está haciendo el Banco de la República.

Si hay que incrementar las compras de dólares le pediríamos al Banco que lo hiciera porque no podemos permitir que se revalúe tanto el peso.

Pero lo que estamos viendo ahora no es el resultado de estos, sino del éxito en la inversión extranjera, porque desde el exterior están entusiasmados con Colombia.

¿Cómo ve la situación con el sector agropecuario y el inconformismo de diferentes grupos de productores?

Tenemos 183 compromisos que hicimos y de ellos 83 los hemos cumplido, 97 están en proceso y siete no se han cumplido porque hay problemas. Son compromisos que no afectan el funcionamiento del sector que está creciendo por encima de la tasa de crecimiento de la economía. En el 2013, el campo creció 5,2 por ciento y la economía 4,4 por ciento.

Por supuesto que en el agro está todo por hacerse.

Estamos avanzado en el Pacto Agrario con la participación de los campesinos de todos los municipios interesados en el tema; esto es clave. Hemos triplicado el presupuesto para el sector agropecuario.

Nosotros lo recibimos con 1,5 billones y lo tenemos en 5,2 billones de pesos.

El gran reto es que esa política, por primera vez, disponga de información para volar con instrumentos y aprovechar esta inmensa oportunidad que tiene Colombia de ser uno de los pocos países que puede aumentar su producción de alimentos, en un mundo cada vez más necesitado de ellos.

¿Usted cree que la salida para el sector agropecuario es más inversión o más ayudas?

Yo diría que lo que hay que hacer es mejorar la producción y la productividad. La protección obliga a que los consumidores tengan que pagar mucho más por los productos. Pero también hay que manejar al sector agropecuario, como se hace en todos los países, con cierto grado de pragmatismo.

La idea es no imponer sistemas de protección permanentes porque eso lo que hace es promover la ineficiencia.

No soy enemigo de la protección coyuntural, como lo hemos hecho. Pero debemos aumentar la productividad, incluso sin incrementar el área. Pero si combinamos aumento de área y productividad, el sector se disparará.

Pero esto tiene las limitaciones de la propiedad de lotes baldíos. Su Gobierno presentó un proyecto y luego lo retiró del Congreso...

Uno tiene que saber, en un momento dado cuándo un proyecto tiene ambiente y cuándo no. Esta situación hay que arreglarla muy rápido.

Apenas pasen las elecciones, el 20 de julio, presentaré un proyecto para dar claridad, transparencia y seguridad jurídica a los inversionistas interesados en la Altillanura.

Allí está la gran oportunidad del país de generar una riqueza inusitada y nunca antes vista en una tierra inexplotada. Allí hay un gran reto y una gran oportunidad.

Dentro de las locomotoras, se dice que la de tecnología no ha despegado en su Gobierno. ¿Considera válidas esas críticas?

Hay críticas válidas y las acepto, en cuanto al mecanismo creado para administrar los recursos que logramos obtener a través de la reforma a la regalías para ciencia y tecnología. Tal vez el error fue pensar que la investigación debe ser promovida fundamentalmente desde el Estado.

El Estado debe participar, pero el sector privado debe hacerlo mucho más. Eso es lo que debemos cambiar, porque la innovación va dirigida precisamente a que el sector privado tenga los instrumentos para innovar.

¿Usted cree que los empresarios han aprovechado bien los TLC?

Yo sí creo que nos ha faltado ser un poco más agresivos en aprovechar esos mercados tan grandes que tenemos, aunque estamos viendo una multiplicación de empresas exportadoras hacia Estados Unidos.

El problema es que nosotros no hemos sido un país con mentalidad exportadora. Esa es una cultura que debemos incentivar y tenemos por conquistar 1.500 millones de consumidores que tenemos disponibles.

En salud, su Gobierno presentó dos proyectos, una ley estatutaria y otra ordinaria, la cual se hundió. ¿Esas son asignaturas pendientes?

La ley ordinaria la dejamos hundir porque había una controversia sobre la gobernabilidad del sistema. Nosotros recibimos el sistema en estado terminal a punto del colapso.

Nosotros no presentamos dos sino tres leyes y, al mismo tiempo, hemos hecho una acción muy determinante y efectiva en varios frentes, comenzando por denunciar la corrupción. Con solo taponar esos focos de corrupción, se nos ha permitido ahorrar 2,5 billones de pesos.

Con ese dinero hemos podido aumentar la cobertura hasta el 96 por ciento, hemos incluido a cerca de 1,6 millones de personas al sistema, además eliminamos la práctica de pacientes de primera y segunda clase, y los elevamos todos a primera clase.

La ley estatutaria es un paso fundamental, con la que, por primera vez, se desarrolla un derecho fundamental como es la salud, convirtiéndola en un derecho y no en un negocio.

Nos falta acabar de arreglar la parte administrativa y financiera del sistema, y dedicarnos más a la prevención.

Eso lo vamos a hacer a través de decretos, por eso le digo que la ley que dejamos hundir no era tan importante ni tan fundamental.

En el primer periodo de Gobierno suyo el tema de las pensiones se quedó por fuera. ¿Eso se revisaría en un segundo periodo?

Sí. Nosotros tenemos unas ideas sobre eso, como aumentar el número de personas que aportan al sistema.

¿Qué puede decir de los beneficios económicos que generaría la paz?

Como siempre, uno puede mirar el vaso medio vacío o medio lleno. Pero le voy a dar un solo dato.

El costo de este conflicto, en término de víctimas, está calculado para que en 10 años esté cercano a los 50 billones de pesos.

Si no frenamos eso el costo seguirá aumentando. Esos son los recursos que podemos programar para que no sigan siendo destinados a víctimas sino que se dirijan a la inversión social y la inclusión.

El crecimiento adicional de la economía por la vía de la paz puede ser de 16 billones de pesos anuales. Eso significa que hay unos dividendos muy importantes que pueden darse muy rápido.

Por ejemplo, en el campo, las grandes aseguradoras de cultivos podrían llegar al país, pues hoy no lo hacen porque existe un conflicto armado.

Son una serie de factores reales que hacen aumentar el dividendo de la paz. Pero muchos planes sociales en el campo se van a hacer con o sin Farc.

El costo de reintegrar a quienes están en las armas es manejable, como lo indica la experiencia de otros grupos que se han reintegrado, incluso en un número superior.

¿Por qué cree que la gente va a apoyarlo este domingo?

Porque tenemos una situación ideal, una economía, sólida, somos la niña consentida de América Latina, y algunos dicen que del mundo.

Una economía que está generando dividendos económicos y sociales. No podemos ser un país desarrollado rodeado de tanta pobreza.

Lo que estamos haciendo es una política que ataque los factores que frenan nuestro desarrollo. Pero adicionalmente, lo que el país tiene que entender es que la paz tienen unos dividendos astronómicos en materia de oportunidad de negocios y de inversión social. Esa paz la tenemos muy cerca, y echarla por la borda sería el peor error que podemos cometer los colombianos.

¿Qué le gustaría entregarle a su sucesor en agosto de 2018?

Una Colombia en paz con una política económica que produzca gran progreso social y que no deje rezagados a los que normalmente quedan rezados del progreso.

Ricardo Ávila

Director de Portafolio

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