‘Hay que diversificar la economía para seguir creciendo’

El exministro de Hacienda chileno y asesor Académico Principal en la Escuela Blavatnik de Gobierno de la Universidad de Oxford, Andrés Velasco, analiza la actual coyuntura y dice que Colombia está haciendo las cosas que requiere, aunque aún le faltan unas tareas.

‘Hay que diversificar la economía para seguir creciendo’

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‘Hay que diversificar la economía para seguir creciendo’

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septiembre 24 de 2013 - 10:52 p.m.
2013-09-24

Velasco estuvo en el país, invitado por Corficolombiana al XVI Congreso de Tesorería. Habló con Portafolio.

¿A Latinoamérica se le pasó su cuarto de hora en esta bonanza que empieza a disminuir de tamaño?

La bonanza fue inusitada pocas veces en la historia. En Latinoamérica se han dado a la vez 3 factores positivos: altos precios de los recursos naturales, bajas tasas de interés y alta liquidez internacional, y lo probable es que ninguno de los 3 dura para siempre. Hay países que han aprovechado mejor y otros, que han aprovechado mal esta bonanza. Creo que Colombia ha hecho cambios estructurales importantes que van en la dirección correcta, pero a todos, incluyendo mi propio país -Chile-, nos falta aún mucho camino por recorrer. Considero que distamos mucho de haber diversificado nuestras economías, de haber hecho el cambio estructural necesario para que podamos seguir creciendo con productividad, incluso si este auge se termina.

Y entre esa lista de tareas por hacer, ¿puede señalar algunas?

En algunos países como Venezuela y Argentina la lista es interminablemente larga, pero si me concentro en aquellos países que han avanzado, tienen un buen entorno institucional y buenas políticas macroeconómicas, ciertamente Colombia está en ese grupo. Los cambios son de aquellos que políticamente no son fáciles, no dan frutos probablemente inmediatos, pero sí tienen mucha importancia. Primero que nada seguimos teniendo un desempeño pobre de la productividad y esto es un síntoma de muchas cosas, en parte de economías que se han quedado pegadas produciendo más de lo mismo cuando vemos de la experiencia de los países asiáticos que buena parte de las ganancias de productividad viene de su incorporación a sectores nuevos y productos nuevos, y esto no ha ocurrido en Latinoamérica, en parte porque los sectores productivos han sido algo lentos en legarse a este cambio y, también, porque creo que nos han hecho falta políticas públicas más decididas. Aquí no pienso en Colombia, sino en otros países incluyendo a Chile, donde creo que nos habría venido bien esa bonanza para hacer un cambio más acelerado. Lo otro común en todos los países es que tenemos sistemas educativos que no están necesariamente orientados a desarrollar una fuerza laboral de alta productividad.

Colombia adoptó la regla fiscal, y hoy encontramos quejas de personas que dicen que es una camisa de fuerza y se ha vuelto inconveniente...

Yo les diría que están equivocados, que el Gobierno de Colombia con sus respectivos ministros ha tomado muy buenas decisiones y que estas quejas suelen venir -y que vengan- porque en todos los sistemas políticos siempre hay quienes, animados por criterios cortoplacistas, quieren gastar más; pero aquí no se trata de gastar menos o más, sino de gastar bien. Si hay algo que nos enseñó la crisis reciente es que aquellos países que tenían reglas fiscales que habían utilizado una política fuertemente contracíclica durante el auge, estaban mucho mejor preparados para responder durante la crisis, tanto es así que por primera vez en la historia, como continente, hubo países -Chile, Colombia, Brasil- que pudieron hacer políticas fiscales contracíclicas. Esto nunca antes había ocurrido.

En el caso de sectores como la agricultura, ¿qué les diría a quienes sostienen que es imposible competir con países que subsidian algunos cultivos?

Diría dos cosas. Primero, que si hay subsidios ilegales, se deben denunciar ante los organismos internacionales, pero, al mismo tiempo, les diría que preocupaciones parecidas han existido en el agro de todos los países que han abierto sus economías. Esto, en mediano y largo plazo, ha sido beneficioso para los mismos trabajadores del sector. En el caso chileno también hubo en los años posteriores a la apertura y al acuerdo, no solamente con los Estados Unidos sino con Mercosur. Había gran temor en el agro chileno por la competencia que vendría, y claro que hubo programas de compensación, pero con la ventaja de una década o más se observa una modernización de la agricultura, un cambio en los cultivos, de los granos a las frutas, aspecto en el que el país es más competitivo. Gracias a esto se ha podido, no solo mantener competitividad, sino ganar.

Otros opinan que es muy difícil competir con el proceso de apreciación de las tasas de cambio por cuenta de su auge de productos básicos...

Primero que nada, esa es una razón adicional para optar por una economía guiada por regla fiscal. Una de las maneras efectivas para evitar que el auge minero o petrolero destruya las exportaciones no tradicionales es no borrar durante los periodos de bonanza parte de los frutos de eso, y ello es lo que Chile ha hecho, lo que Colombia ha empezado hacer, y ese es un remedio bastante efectivo. Yo no dudo que una recesión cambiaria excesiva pueda ser una amenaza, no solamente en Latinoamérica; los mismos debates se han dado en Canadá, Australia o Sudáfrica, y creo que no hay una receta única, pero los países que han lidiado con este problema de manera más o menos exitosa hacen, al menos dos cosas: tienen esquemas macroeconómicos y monetarios que no son más papistas que el Papa. Son países en los que el tipo de cambio es libre pero en los que también, si se hace necesario, los bancos centrales podrían intervenir y usar otros mecanismos para evitar desalineamientos efectivos importantes; eso es lo macro. Pero también en lo micro, precisamente para ayudar a la transición, para reasignar recursos a aquellos sectores que podrían beneficiarse de las nuevas circunstancias internacionales, el gobierno debe tener una política activa ya sea en el agro o en la industria. Esto pasa por políticas horizontales, por ejemplo entrenar más personal calificado en lo digital, en inglés o en otras destrezas necesarias para exportar, y por políticas llamadas verticales, es decir, el gobierno trabajando con sectores detectando obstáculos para superarlos.

La Reserva Federal anunció un cambio de política, ¿cómo debería prepararse Colombia?

No sabemos cuándo el mundo va a cambiar pero sí y con alta probabilidad que lo hará en las tres dimensiones que hasta el momento han sido tan benévolas para América Latina, en términos de intercambio, liquidez y tasa de interés. Y, precisamente, como no sabemos cuando va a ser ese cambio, este ha sido el momento para tomarse más en serio la tarea del cambio cultural. Considero que países como Colombia y otros en la región han hecho cambios importantes, y la regla fiscal ayuda muchísimo en esta dirección, aunque todavía nos queda una labor pendiente en materia de productividad y desarrollo de nuevos sectores y productos.

Ha habido progreso social en Latinoamérica pero, al mismo tiempo, la protesta social se ha incrementado. ¿Cuál es la explicación?

Es difícil de explicar porque los fenómenos en cuestión no son idénticos en todos los países, pero hay al menos dos elementos que son reiterativos. Por un lado, el progreso económico no ha estado distribuido equitativamente en ninguno de los países. Se condenó a parte de nuestra de sociedad a circunstancias muy difíciles en las que la cuna o el apellido de una persona determinan su futuro más allá de su talento o esfuerzo, lo cual tiene que ver con discriminación en el mercado de trabajo y con un acceso muy disparar a la educación de calidad.

Por otra parte, también es importante anotar que las protestas en algunos países son de la clase media, no necesariamente de los sectores más pobres. Lo anterior tiene que ver con una clase media que es más próspera que 20 años atrás, es más numerosa, tiene mayores ingresos pero se siente desprotegida ante los altos y bajos de la economía. Desprotegida frente a un sector crediticio que le da préstamos, pero bajo circunstancias ‘leoninas’ y con contratos complejos que muchas veces los mismos ciudadanos no entienden. Comparada con la clase media de los países desarrollados, las de la región viven con mucha incertidumbre y precariedad, lo que genera temor y ansiedad, y que más temprano que tarde tiene repercusiones políticas.

Frente a eso, la respuesta tiene que ser atacar el problema de raíz y entender que nuestra clase media, más que subsidios, necesita seguridad, y ello pasa por fortalecer los programas de seguridad social en términos ampliamente definidos. Dos ejemplos: Los seguros en América Latina son inexistentes o relativamente pobres, y los sistemas de seguridad social han mejorado bastante en el tema de pensiones pero todavía dejan a mucha gente fuera, especialmente a aquellos que no participan en el mercado del trabajo.

Latinoamérica está ausente de las cadenas globales de valor y el comercio intrarre- gional es bajo, ¿ese es un obstáculo fundamental?

Absolutamente, los dos lo son. Partiendo por lo primero, hoy día estar ausente de las cadenas de valor es un handicap importantísimo; si miramos las experiencias exitosas de los últimos años en Europa, pasa lo mismo, el auge de países como Eslovaquia, República Checa y Polonia está indisolublemente vinculado a su integración a cadenas de valor en las que el principal ensamblador es Alemania. Algo parecido esta empezando a ocurrir en Norteamérica con México y Canadá.

De ese mundo, los países de Suramérica estamos enteramente ausentes, y eso hace doblemente difícil la tarea de aguantar la productividad y entrar a nuevos mercados y a nuevos productos, porque cuando lo hacen, lo tienen que hacer solos, no como parte de un proceso más amplio que tiene relaciones establecidas entre proveedores y compradores.

Respecto al segundo punto, es gravísimo por el contraste dramático y doloroso, y a veces patético, que hay entre la retórica integracionista y la práctica latinoamericana, que hasta el cansancio ha hecho cumbres, rimbombantes declaraciones, promesas de integración económica que se reiteran y en la práctica dejan mucho que desear.

La mayoría de los colombianos considera que la economía va por mal camino. Usted cómo nos ve desde afuera...

Yo creo que son los mismos colombianos los que tienen que hacer los juicios de sus destinos y de sus gobiernos. Lo que sí puedo decir, mirando la perspectiva de Latinoamérica, es que Colombia es un país que en los últimos años ha tenido gobiernos serios, de los que uno puede no estar de acuerdo con todas las medidas o con parte de ellas, pero que han sido gobiernos que han seguido políticas de modo más o menos estable y no se han dejado llevar por el populismo o la demagogia.

Lamentablemente, uno no puede decir lo mismo de otros países de la región. Desde esa perspectiva, Colombia goza de ciertos estándares de gobernanza que a mí me gustaría que pudiéramos ver en otros países de la región.

Usted fue negociador de tratados de libre comercio, probablemente ha sabido que en Colombia la opinión ha cambiado en contra de esos TLC, porque sus críticos exaltan los costos y minimizan las oportunidades que traen, ¿por qué Colombia debería seguir creyendo en ellos?

Porque los TLC, si se aprovechan bien, pueden traer tremendos beneficios. Basta ver toda la experiencia de México, en donde los primeros años el TLC fue más controvertido un tema de un mayor conflicto político de lo que ha sido en Colombia. Tanto es así que contribuyó a desatar la guerrilla ‘zapatista’ en los noventa.

Pero si uno mira los aspectos del TLC, me quedo con la perspectiva de que en veinte años, no cabe duda, la economía mexicana ha cambiado, y para mejor. México es el único país en América Latina que ha tenido un cambio estructural de verdad y en donde se han desarrollado sectores nuevos.

Dos décadas antes México era una economía petrolera y hoy, una economía manufacturera; sus principales exportaciones, y solo a los Estados Unidos, son automóviles, autopartes, equipos electrónicos y de computación.

Es decir, es una economía donde el ajuste se hizo, se ha empezado a desarrollar un sector manufacturero y alcanzado una diversificación de la producción.

Ahora es importante anotar que la firma de un acuerdo de libre comercio no es el final del camino, es el comienzo de uno nuevo porque de la política pública, de la buen voluntad, y del empresariado y de todos los sectores sociales depende que un tratado de libre comercio se aproveche, primero garantizando la paz social y compensando a aquellos que se pueden ver afectados, y segundo trabajando con el sector privado para que aquellas oportunidades se utilicen.

Ricardo Ávila Pinto

Director Portafolio

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