‘Hay que involucrar a la ciudadanía en las decisiones’

Los coautores del libro ‘Gobernanza inteligente para el siglo XXI’ hablan de una vía intermedia de acción en la que se reconcilian la democracia informada y la meritocracia responsable.

Nathan Gardels (Izq.) y Nicolas Berggruen (Der.) llevan gran parte de sus carreras analizando gobiernos y sistemas.

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Nathan Gardels (Izq.) y Nicolas Berggruen (Der.) llevan gran parte de sus carreras analizando gobiernos y sistemas.

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marzo 31 de 2013 - 11:23 p.m.
2013-03-31

Descrito como “brillantemente agudo” por el premio nobel de Economía Michael Spence, el libro ‘Gobernanza inteligente para el siglo XXI’ trata sobre la forma de manejar los países en un mundo que se encuentra en plena transformación.

Contrastando el modelo de las democracias occidentales, basadas en el consumo, y el de China, sus autores, Nicolas Berggruen y Nathan Gardels, plantean una vía intermedia en la que se reconcilia la democracia informada con la meritocracia responsable. Sobre este y otros temas, ambos conversaron con Portafolio durante su reciente visita a Bogotá.

¿Cómo analizan el estado del planeta?

Nicolas Berggruen:Hay un hecho en la actualidad, y es que prácticamente todos los gobiernos y los sistemas tienen complicaciones.

Eso es algo que probablemente no ocurría una generación atrás.

Si se mira a Estados Unidos (EE. UU.), Obama ha sido reelegido, pero aun así no es mucho lo que ha logrado, en parte porque el sistema pareciera estar luchando contra sí mismo y contra él.

Esto, por el hecho de tener dos partidos, uno haciéndole contrapeso al otro.

Si se mira a Europa, hay un centro que no tiene poder ni legitimidad; no obstante, hay una sola moneda, lo cual sitúa a todos en el mismo paquete.

China ha hecho grandes progresos a nivel económico, sin embargo, ahora se enfrenta con los problemas de una creciente brecha social y la demanda de mayores libertades por parte de la ciudadanía. Mientras tanto, India ha sido siempre disfuncional, y Rusia parece haber retrocedido un siglo.

¿Qué proponen?

Nicolas Berggruen:El libro plantea que no existe un solo sistema que funcione para todos los casos. Hay que adaptarse y hacer cambios. Algunos países quizá están comenzando a cambiar, como Japón o México. Colombia y Brasil también pueden estar en esa categoría.

Nathan Gardels:El mundo se está moviendo de la globalización liderada por EE. UU., a la globalización 2.0, que consiste en la interdependencia de identidades plurales.

Tenemos a todas las economías juntas, entonces vemos una realidad más compleja en la que estas convergen y se explayan, así como las culturas.

Al mismo tiempo, tenemos esta prosperidad global y una mayor conciencia política en todas partes.

Entonces, los gobiernos se ven ante el reto de tener mayor poder, a la vez que darle a la gente la posibilidad de tomar decisiones y tener una mayor participación política, pues hay un despertar global.

¿Cuáles son los desafíos?

Nathan Gardels:Hay que involucrar a la ciudadanía en las decisiones, al tiempo que proveer servicios e infraestructura, y manejar correctamente las finanzas por el bien de la mayoría.

Gobernar tiene que ver con cómo se equilibran esas dos tensiones, entre lo que quieren los individuos por separado y el bien común.

¿Existe algo así como un modelo de sistema ideal?

Nathan Gardels:De manera abstracta, el modelo ideal es democracia con meritocracia, en donde la gente tiene espacio para participar de manera significativa en las áreas en las cuales es competente.

EE. UU. ha intentado hacer esto. Proveer un gobierno que ofrezca rendición de cuentas ante el pueblo a través de sus representantes.

Cada institución, el Congreso, el Ejecutivo, funciona como una instancia ante la ciudadanía sirviendo a la democracia.

Esto se aplica de manera distinta en cada lugar.

Por ejemplo, en California hay voto directo como mecanismo para la toma de decisiones. Pero esto presenta algunas dificultades.

La ciudadanía de California votó por mandar de por vida a la cárcel de por vida a quienes cometan un delito por tercera vez, pero no votó para incrementar los impuestos y poder atender a esa creciente población carcelaria.

Estamos bien en la retroalimentación participativa en la democracia, pero no tan bien a la hora de incorporar dicha retroalimentación en el sistema.

¿Cómo describiría esa contradicción?

Nathan Gardels:A este deseo de satisfacer los deseos inmediatos de la ciudadanía lo llamamos ‘las democracias Coca Cola Light’, pues la gente quiere satisfacción instantánea, pero no pagar por las consecuencias que dicha satisfacción tendría, como lo puede ser un incremento en impuestos.

Todo movimiento político que piensa en el largo plazo, en vez de en el corto, suele ser castigado electoralmente.

Es por eso que existe la tendencia a pensar a corto plazo desde el gobierno.

Hay que encontrar la manera de equilibrar esos deseos inmediatos con las necesidades de largo alcance de las naciones.

¿Cuál es el papel de las redes sociales en su análisis?

Nathan Gardels:En Occidente, las redes sociales tienen una participación creciente, pero el problema es que, en lugar de ampliar la visión sobre un tema, la reducen, pues la gente solo se conecta con sus amigos y se limita a una manera de ver las cosas.

El caso de China es muy distinto, pues la expresión pública es censurada.

Ahí entran las redes sociales, pues hay millones de microblogs donde la gente se queja de temas cotidianos que afectan a la mayoría.

En este caso hay una vigilancia por parte del Estado, que monitorea a la ciudadanía.

Nicolas Berggruen:Lo interesante es lo enterada que parece estar en general, la gente, a pesar del control que se ejerce sobre ella. Si se habla con un periodista, no está ciego.

Los ciudadanos reconocen cuál es su situación, a diferencia de occidente donde tenemos una negación ante la idea de buscar otras alternativas.

China, sabe que existen formas alternativas. Es indiscutible que tiene que abrirse de muchas maneras, pero siente que tiene una cultura de 3.000 años de antigüedad, diferente a todas las demás, y muchas de las ideas como multiculturalidad, consenso, participación, resultan ajenas a ella, así como la noción de un sistema político basada en el concepto de “ganadores” y “perdedores”.

Los chinos sienten que les ha ido bien en los últimos 30 años y no quieren hacer parte de un sistema que consideran destructivo, miran lo que ocurre en Occidente y ven las dificultades.

Entonces, lo que quieren hacer es cambiar el sistema sin caer en los mismos errores.

Hay una gran participación…

Nicolas Berggruen: Las redes sociales le han dado una voz a todo el mundo, hasta cierto punto, pero es solo una y puede influir, pero no cambiar el sistema.

La pregunta es ¿Quieren darle el poder a la gente para cambiar la política? ¿Quieren darles mayor libertad a los medios independientes? El sistema legal es muy diferente.

En China, el modelo se basa en las relaciones, que son más importantes que los contratos. Los chinos no están completamente cerrados, saben que tienen que hacer reformas, pero no es fácil saber cuáles y cómo llevarlas a cabo.

Nathan Gardels: Uno lee en el Financial Times que, en dólares, China creció el año pasado doce veces y media lo que creció Italia.

No se puede discutir que el sistema les sigue rindiendo frutos.

Ahora, con la llegada de un nuevo liderazgo no se sabe hacia dónde irá, pero es innegable que hay una apertura desde las más altas autoridades para discutir los asuntos del país más abiertamente.

¿Cómo encajan las economías emergentes en esta realidad?

Nicolas Berggruen: El crecimiento de estas economías no se va a detener. La globalización y la tecnología solo lo incrementarán, ocasionando que la presión para hacer ciertas reformas sobre sistemas más antiguos aumente.

No creo que los hechos en Occidente detengan a Oriente. Allí, la tendencia es hacia mayores oportunidades, acceso y libertades, y Occidente terminará por beneficiarse de ello.

Si bien países como China han sido sobre todo exportadores, sus necesidades aumentan, se están volviendo países de grandes consumidores y esto lleva a mayores importaciones, convirtiéndose en consumidores mucho más relevantes de Occidente.

No solo de África o de algunos países de Suramérica, sino también de productos cada vez más sofisticados y de marcas de lujo de Europa y América.

Nathan Gardels: Las cosas están dando un giro. El presidente Santos habló de Colombia ofreciéndole ayuda a España.

También se ve el retorno migratorio. En Estados como California, los mexicanos están regresando a su país.

Pero hacia dónde vayan las cosas depende del equilibrio que logren los gobiernos en esa nueva dinámica. EE. UU. solo se refiere a China como un país corrupto y cerrado, y esa arrogancia debe parar.

¿Además de este llamado a los gobiernos, qué creen ustedes que va a suceder?

Nicolas Berggruen: Yo doy mi opinión, que puede ser distinta a la de Nathan y más optimista. El lado optimista nos lleva a la primera pregunta sobre el estado del mundo, y creo que hay una creciente presión e influencia que impulsan al cambio y, por ejemplo, China se va a terminar abriendo.

Tendrá que hacer cambios dirigidos hacia un enfoque democrático, quizá no multipartidista, incluso no de electorado, pero tendrá que darle más libertades a su pueblo.

Y creo que Occidente tendrá que hacer lo opuesto, hacerse más funcional, hacer cambios que no solo satisfagan los deseos de corto plazo de los electores, sino que piensen a más largo plazo. En conclusión, quienes no estén dispuestos al cambio, se quedarán atrás.

Nathan Gardels: Creo que Estados Unidos tiene muchos cambios por hacer. Hay una democracia de consumo, un pensamiento a corto plazo; a eso hay que sumarle la arrogancia de “sabemos cómo hacer las cosas”, “sabemos cómo funciona y cómo hacerlo funcionar mejor”.

Por su lado, Europa tiene que seguir en la búsqueda de los cambios a largo plazo. Si tomamos el caso de China, hay unas instituciones muy fuertes bastante conscientes de sus problemas; entonces, de alguna manera tienen cómo lograr un equilibrio.

Respecto a las economías emergentes, hay una cierta humildad en el hecho de no ser una potencia mundial. Se buscan salidas, alternativas distintas, no se cree que se tengan todas las respuestas. Brasil ha hecho eso, Chile también, así como Colombia y México.

Entonces, los gobiernos importan, lo vemos con casos como el de Barranquilla y Medellín. En Europa el ejemplo es Turquía.

En un mundo competitivo, ser práctico da mayor éxito

Nicolas Berggruen: Creo que también se trata de ser práctico en un mundo tan competitivo como este, no ideológico.

Si se es práctico, se tiene mayor posibilidad de éxito. La ideología no es lo que cuenta, es lo que el liderazgo puede lograr.

En China no se preocupan por el nombre, si son capitalistas, comunistas, confucionistas.

La pregunta debe ser qué podemos hacer para conseguir lo que realmente les sirve a los ciudadanos, qué ofrecer como gobierno.

A Brasil le fue bien más allá de las ideologías. No se trata de elegir entre una vertiente u otra, hay que ser capaces de buscar alternativas.

Ricardo Ávila Pinto

Director de Portafolio

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