Sólo hay 7,5 millones de tarjetas de crédito en Colombia

Las posibilidades de pagar con medios electrónicos son inmensas, al punto de que hacen parte de la vida de muchas personas. No obstante, hay otros que se resisten y prefieren el efectivo.

Finanzas
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febrero 27 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-02-27

En Colombia, hay cajeros electrónicos desde hace más de 30 años, en miles de establecimientos se puede pagar sin efectivo y para acceder a productos en cualquier parte del planeta, la clave está en tener una tarjeta de crédito.

Son tantas las formas de comprar sin usar efectivo que incluso, hasta las tarjetas sobran. Se están desarrollando pagos por celular, monederos electrónicos y mecanismos en donde no hay necesidad de contacto, sino que una tarjeta, un llavero o un celular simplemente emiten señales como pasa en los códigos de barras y el valor del producto queda cargado en la cuenta.

Pero pese al avance de la tecnología y más allá de la limitada bancarización (43,3 por ciento de los adultos no tienen relación alguna con los bancos) hay muchos que aun teniendo los medios, se resisten a dejar de lado el efectivo.

Hoy circulan 23,6 billones de pesos en monedas y billetes, según el Banco de la República, y al cierre del año pasado, en el país había 7,5 millones de tarjetas de crédito y el doble de tarjetas débito. Pero el uso principal de los plásticos no es comprar, sino retirar el efectivo. Según la Superintendencia Financiera, el año pasado, se hicieron compras por 1,47 billones de pesos mientras que los retiros totalizaron 12,38 billones de pesos.

Contante y sonante

Las únicas tarjetas que Natalia Lorato utiliza son las del TransMilenio. "Ni débito, ni crédito, y ni siquiera las de cumpleaños me gustan", dice esta profesional de 30 años.

Y aunque reconoce que más de una vez ha tenido problemas por no contar con dinero plástico, pues no puede aprovechar beneficios de algunos establecimientos o pagar en ciertos sitios, las tarjetas no están entre sus opciones.

Lo más importante de tener el dinero es que lo ve y lo organiza de forma tal que aparta una porción para sus gastos, ahorra una parte (sí, bajo el colchón porque no le gusta el banco) y lo que le sobra es el dinero exacto que le queda disponible para otras cosas.

"Lo que no tiene destino fijo (por ejemplo, 200.000 pesos), es todo mi dinero para invertir como a mí se me ocurra, ni un peso más ni uno menos y así estoy más tranquila. Si pagara con tarjeta, no me quedaría tan fácil llevar la cuenta de lo que llevo gastado".

"Cuando quiero algo fuera de mi presupuesto, prefiero esperar un tiempo para ahorrar y pagarlo de una", explica.

De ahí viene su desagrado hacia las tarjetas de crédito, mientras que las débito le son indiferentes. "La primera semana después de que cobraste el sueldo ya no tienes nada porque estás pagando tus cuentas del mes anterior".

Casos como este no son extraños, pues por ahora no se pueden hacer compras de bajos montos con tarjetas ni con ningún otro dispositivo electrónico.

Pese a las posibilidades tecnológicas, los niveles de efectivo que circulan en la economía colombiana son altos. En el país hay 44 billetes por persona, el doble que en el 2000. Y hay 105 monedas per cápita, frente a las 63 de hace 10 años.

Cuando la plata no se puede ver

Si Lucía Sarmiento pudiera pagar el pasaje de bus, el yogurt y los chicles en la tienda, con dinero plástico, no cargaría monedas en el bolsillo. Pero para la mayor parte de sus compras, entre restaurantes, artículos de consumo y entretenimiento, las tarjetas débito o crédito son lo más práctico.

"El sueldo me lo consignan y el banco me da una tarjeta por la pago, así no la use", dice. Pero después de mucho tiempo de usarla para 'justificar' ese pago, se dio cuenta que tenía una ventaja más allá de lo práctico. "Si por las compras que yo hago me devuelven dos puntos de IVA, con eso alcanzo a recuperar al menos una parte de la tarifa por uso de la tarjeta".

Los más interesados en que se use el dinero plástico son las entidades financieras y por ello han emprendido campañas contra el efectivo. Y no son solo las tarjetas, sino canales no tradicionales de pago como Internet y el celular.

Sus principales argumentos son ahorrar tiempo e incluso dinero al evitar ir a una sucursal para hacer pagos, Además, la posibilidad de contar con un extracto con todos los movimientos, para así tener un control de los gastos.