Hay que prevenir un choque de civilizaciones

La literatura sobre las crisis de la economía mundial es muy amplia y documentada. Sin embargo, el sustento del debate sobre el problema se centra en los instrumentos cuantitativos con que se cuenta.

POR:
julio 19 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-19

El ejemplo, lo tenemos hoy: la Reserva Federal y los bancos centrales de todo el mundo, incluyendo nuestro criollo Banco de la República, actúan con los elementos que maneja la ortodoxia económica, seria y respetable, pero limitada. Bajar en el caso norteamericano o subir las tasas de interés en el caso colombiano, son el fundamento del modelo para atajar el deterioro económico. Para el lado que sea todos consideran que hay un problema de demanda o liquidez, oferta o encarecimiento de los precios internacionales o de especulación. La gran duda no es si saldremos de la recesión, sino ¿cuando? o ¿qué tan duradera será la crisis? Sin embargo, pocos se atreven a cuestionar con la misma seriedad el ¿por qué se llegó a ese punto de la enfermedad? o si se tenían los instrumentos para evitar que la fiebre llegara al nivel que ha alcanzado. Y la literatura aquí sí resulta más escasa. Hay que enfocar y centrar el análisis más allá de la ortodoxia económica, es la máxima de esta obra escrita por uno de los economistas más importantes del mundo, pero que paradójicamente se sale del mundo convencional de esa ciencia: es el director del Instituto Tierra de la Universidad de Colombia y profesor de desarrollo sostenible y de gestión y política sanitaria en el mismo centro académico. Esto parece darle una visión más integral del problema de la economía mundial, un mayor pragmatismo y por qué no, el realismo que se necesita. Más allá de las concepciones políticas y religiosas de los principales actores del mundo, la idea del autor es simple, pero contundente: si no se cambia el rumbo seguiremos dando tumbos en el siglo XXI. Básico y universal. Contrario a lo que plantea la ortodoxia, la solución a problemas como la pobreza y la peligrosa brecha creciente entre países no se soluciona dejándola en manos de las “’ciegas fuerzas del mercado”. La salida: el desarrollo sostenible, pero más allá de la visión parcial. El significado para el autor es “prosperidad compartida globalmente y sostenible desde el punto de vista medioambiental”. El papel de los gobiernos y de los organismos internacionales en el proceso es clave. La comunidad científica debe tambien actuar. silgom@eltiempo.com.co WILABR

Siga bajando para encontrar más contenido