Una hazaña trascendental

Impensable. Por debilitadas que anduvieran las Farc, por más reducidas que estuvieran sus capacidades operativas y militares, el rescate de Íngrid, los tres norteamericanos y 11 miembros de la Fuerza Pública, fue una audacia insospechada.

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julio 07 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-07

En medio del regocijo por el retorno de los secuestrados y los merecidos reconocimientos nacionales e internacionales a esta hazaña de la estrategia militar, daban sus primeras palabras los ex cautivos para exaltar la empecinada mano de la ‘Seguridad Democrática’, que se los arrebató a las Farc. Y qué operativo. Por lo inteligente, por lo teatral, por lo eficaz, por lo que restituye, por lo justo, por la victoria de la sociedad colombiana. Según los entendidos, nos puso a la altura y por delante, de los mejores del mundo en inteligencia militar. Sí. De la ‘Tropa Tolondra’ -referida por Tola y Maruja- que conminó con megáfonos a los secuestradores del ex ministro Echeverry y del gobernador Gaviria, al Ejército que rescató a Íngrid, los tres gringos y los 11 miembros de la Fuerza Pública, hay una gran distancia. Trascendiendo la audacia y el logro mismo, en este operativo militar Colombia hizo algo magistral ante el mundo: Demostró la superioridad moral del Estado frente al enemigo. Obvió en el diseño del Plan la tentación de aniquilar guerrilleros y adquiría sentido el dejarlos vivos. En este operativo se redactó un serio mensaje político a las Farc: el Estado colombiano, con todas las ventajas ganadas, valora la vida de ustedes y está dispuesto a negociar. Aquello de que el Estado sea moralmente superior al enemigo, no es un tema de poca monta, y lo saben quienes puedan ver más allá del propio terruño y del último escándalo. El asunto es que, por contundente que sea una operación o, incluso, toda la gestión de la defensa militar, ésta no alcanza por sí misma para consolidar la superioridad moral del Estado. Son muchos los logros de Colombia en un problema tan largo y hondo como el de su seguridad. También ha habido mejoras en otros campos. Pero faltan, sobran y quedan cosas sobre las que un estadista grande deberá trabajar. Falta por ejemplo, la majestad democrática del Poder Ejecutivo expresada en el respeto a la justicia, por más falencias que ésta tenga; aún, si a ella misma a veces le faltara ‘majestad’. Y falta justicia. Sobran por ejemplo, las complicidades y los oscuros arreglos con políticos espúreos, ya se hagan por el bien de la ‘Patria’ o a bien de quien quiera seguir mandando en ésta. Quedan desconfianzas y sospechas, una sociedad más desencontrada que polarizada, y para colmo, sectaria. '' Son muchos los logros de Colombia en un problema tan largo y hondo como el de su seguridad.WILABR

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