‘Hecatombear’: nueva gramática

Es normal escuchar en aquellos a quienes les va bien un toque optimista en sus expectativas. En lo económico se piensa habitualmente que las cosas continuarán igual o mejorarán y, en general, se considera que no habrá problema en el futuro para conservar los ingresos corrientes. Por eso es fácil gastar o endeudarse al ritmo del presente. El ahorro no es una prioridad.

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noviembre 15 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-15

Si alguien les menciona la posibilidad de que las cosas desmejoren lo tacharán de pesimista y no le harán caso. Si son jóvenes, se endeudarán según los ingresos esperados y comprarán casa y carro a crédito. Si además establecen una relación estable con su pareja, también exitosa, aumentarán sus expectativas al doble y se endeudarán y gastarán proporcionalmente. Todo se encuentra perfecto en el presente. Lo que se gana alcanza para vivir bien y pagar las deudas. Pero a veces cambian las cosas y la vida y la economía tienen ciclos. Se puede perder el trabajo, separarse de la pareja, enfermarse temporalmente. Se cumplen los pronósticos de los pesimistas bien informados. Los flujos de ingresos corrientes disminuyen, pero los gastos permanecen constantes. Si es una situación de corto plazo es habitualmente un ‘aterrizaje suave’ y los optimistas responsables disminuyen su gasto en consumo para poder honrar sus compromisos, los optimistas menos responsables se endeudarán hasta el límite de su capacidad crediticia. Si por casualidad la crisis de corto plazo dura más de lo esperado, simplemente tendrán que renunciar al nivel de consumo que se tenía antes y comenzarán a producirse atrasos en sus compromisos crediticios. De inmediato, ingresarán a los listados de Datacrédito y, cuando más lo necesitan, les serán cerradas las puertas al crédito. Del optimismo al pesimismo. ¿Pero qué pasa cuándo el comportamiento de la economía del país es parecido al descrito para los individuos? Los beneficios esperados dependen de los ingresos corrientes: si estos disminuyen no tendrán mayores problemas los países que tengan saldos positivos en las balanzas de cuenta corriente, bajos grados de endeudamiento, déficits fiscales sostenibles en el mediano plazo y ahorros suficientes para responder a sus compromisos. Por ejemplo, ¿una economía como la colombiana se encuentra preparada para un aterrizaje ‘menos suave’? Es creciente el déficit de cuenta corriente, el endeudamiento externo es importante y no disminuye, las tasas de ahorro nacional sobre el PIB no alcanzan los niveles esperados para una economía en desarrollo, el gasto militar solo será sostenible si se aumentan los impuestos o se disminuyen los gastos sociales o de inversión. El colchón son las crecientes reservas internacionales y los ingresos externos, ya sea por remesas de los trabajadores colombianos que viven en el exterior o por la cuenta de capitales con ingresos de corto plazo o nueva inversión. ¿Si el entorno externo se debilita y baja la confianza en el país estaremos ad portas de una crisis? No soy ni brujo, tampoco futurólogo, solo sé que no somos como las mujeres honradas que ‘al final de la vida no han visto nada’. ¿Habrá alguna similitud con la crisis de finales de los felices noventa? Profesor Universidard Nacional ¿Si el entorno externo se debilita y baja la confianza en el país estaremos ad portas de una crisis?”.

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