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La historia de Trujillo, dolor que no termina

Un pueblo conservador del norte del Valle del Cauca fue objeto de una agresión sin límite, con la indiferencia social y oficial. Y todo indica que no ha terminado.

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septiembre 11 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-11

Si existiera la posibilidad de devolver la historia moderna de Colombia y hacer un listado de cosas que podrían haberse evitado o solo deseado que no hubieran pasado, la lista sería muy larga y fácil de hacer.

La muerte de varios personajes queridos como Rodrigo Lara Bonilla, Luis Carlos Galán, Álvaro Gómez Hurtado, Jaime Pardo, Bernardo Jaramillo, Jaime Garzón y muchos otros colombianos no tan notables, pero también igual o más importantes para la comunidad, una ciudad o su propia familia.

Pero hay hechos tan dolorosos que no se refieren a un nombre en particular, sino a todo un pueblo o sector social: Segovia, Tacueyó, Machuca, Mapiripán, Bojayá, La Chinita, Cajamarca, Patascoy, Florencia, Neiva, Rivera, son también solo unos nombres obvios que enlutan al país, de una lista mucho más larga que pasa por las acciones del narcotráfico, paramilitarismo, guerrilla y delincuencia común.

¿Desde cuándo? ¿Por qué? ¿Indiferencia o complicidad de todos? ¿Una historia sin retorno? A lo mejor no es el momento de reproches y de buscar culpables, pero cuando de la vida se trata, obligatoriamente hay que llegar a lo mismo y dar explicaciones y respuestas a preguntas duras.

En los últimos meses, han aparecido varias investigaciones serias sobre hechos tristes que han ocurrido en el país. Una, Armas y urnas, se refiere al exterminio del que fue objeto el partido político de izquierda Unión Patriótica.

Trujillo, un pueblo del norte del Valle del Cauca, con una fuerte tradición conservadora, fue objeto de una agresión contra su población, con la idea supuesta de parar el avance de la insurgencia. Sin embargo, es mucho más que eso: el poder de narcotraficantes y paramiliatares.

Homicidios, desapariciones forzadas, torturas y desarraigo de muchos pobladores, la destrucción de muchos núcleos familiares y la desarticulación de organizaciones campesinas y sociales, fueron una constante durante muchos años en esa zona, con una inexplicable indiferencia de las autoridades nacionales y de los distintos sectores de la sociedad.

Los culpables no han sido condenados, pese a que el mismo Estado aceptó parte de la culpa. Y lo más grave es que la violencia no ha desaparecido.

Ahora, acaba de salir el Primer gran informe de Memoria Histórica de la Comisión Nacional de Reparación y Reconcilización, que sin duda es una gran investigación sobre algo tan triste que pudo haberse evitado.

Trujillo, una tragedia que no cesa.
Informe de la Comisión de Reparación y Reconcialización. Edit. Planeta.

silgom@eltiempo.com.co

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