Holanda tiene pueblos que obtienen energía del abono de vacas y proyectos para sacarle provecho a basuras

"Los recursos son limitados, la imaginación no lo es", esta es una de las consignas más repetidas en la universidad holandesa de Delft, centro de investigación pionero en construcción sostenible.

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julio 10 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-10

Y parece que en Holanda han decidido seguirlo al pie de la letra.

La fuerte apuesta del goGierno de este pequeño país europeo por las energías renovables invita a instituciones, empresas, universidades e incluso ciudadanos particulares a alimentar su creatividad y promueve múltiples iniciativas -algunas de ellas verdaderamente rentables y eficaces- a favor de un futuro más verde.

Hace años, el gran desafío de los holandeses era ganar terreno al mar. Y lo han conseguido a través de un sistema único en el mundo de diques. Hoy, el nuevo reto es frenar el cambio climático.

Aquí van tres ejemplos para demostrarlo, aunque hay varios más.

Energía con boñiga

Una vaca para cada siete casas. Con esto les basta a algunos vecinos de la pequeña localidad holandesa de Zeewolde (20.000 habitantes) para obtener la energía que necesitan sus casas, desde que en octubre del año pasado se instalara una planta de biogas en una granja de las inmediaciones.

El estiércol de las reses, que se recoge tres veces al día, produce metano durante su proceso de descomposición y se transforma en energía en un biodigestor diseñado especialmente para ese fin, desde donde se distribuye a los hogares.

Gerriet Jan es el dueño de esta explotación que, con sus 140 vacas, abastece de electricidad y calefacción a 500 viviendas, y aún le sobra energía para vender a la compañía eléctrica.

"En estos momentos el precio de la leche está muy bajo y no es suficiente", explica este granjero, que anima a todos los agricultores a instalar una planta de estas características en su granja y conseguir así beneficios extra.

De hecho, el proyecto ha funcionado tan bien que su ampliación ya está en marcha. Se están edificando otras 2.500 casas nuevas en el pueblo que se calentarán a partir de este combustible natural. Unas viviendas un tanto originales, ya que no tendrán chimenea -a no ser que el dueño la pida expresamente como decoración- al recibir el calor desde debajo de la casa.

Esta original iniciativa ha sido posible gracias a las ayudas del Gobierno holandés, que no sólo le paga al granjero una cantidad por cada vaca productora de energía, sino que también ha financiado la inversión inicial necesaria para construir la planta y otorgado subvenciones a la compañía eléctrica para la colocación del sistema de tuberías que traslada el combustible desde la explotación hasta los hogares.

Con la basura no reciclable se puede producir energía

Otra forma de aprovechar material de desecho la proporcionan las controvertidas incineradoras de basura. Es el caso de la planta de la Compañía pública de Basura y Energía de Amsterdam, que suministra electricidad a la red de metro, de tranvía y a los edificios públicos de la ciudad. En total, el equivalente a
la energía que necesitan 320.000 viviendas.

"Si las farolas de Amsterdam alumbran es porque la basura se está quemando", señala la responsable de la comunicación de la empresa pública, Nadia Pattavina.

Generalmente, este tipo de plantas han despertado las iras de vecinos y ecologistas, ya que durante el proceso se generan contaminantes tóxicos con un alto grado de riesgo ambiental que se liberan a la atmósfera.

Sin embargo, la planta de Amsterdam posee un sistema pionero para limpiar el humo y, además, evita la emisión de unas 470 toneladas de CO2 anuales que se producirían si la energía proviniese de fuentes tradicionales.

Según Pattavina, de este proceso también se pueden obtener otros productos como sal líquida para las carreteras o diversos materiales de construcción.

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