La hora definitiva

La hora definitiva

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mayo 11 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-05-11

Ha pasado ya algo más de un siglo desde cuando, en octubre de 1907, don Alejandro Echavarría fundara la Compañía Colombiana de Tejidos en Medellín, con un capital de mil pesos oro, e iniciara actividades con cuatro telares y una docena de trabajadores. A partir de ese entonces, y de la mano de la creciente urbanización, la empresa empezó a progresar hasta el punto de llegar a ser no solo la más grande del país en su ramo, sino la más importante de América Latina durante la década de los 60. Pero esos pergaminos cuentan poco en momentos en los que una de las sociedades más queridas y tradicionales se enfrenta a la realidad de una liquidación, ante el diferendo entre un grupo de trabajadores y la administración.

No es esta la primera vez que Coltejer se encuentra en una encrucijada. Una mirada a la prensa de hace 25 años, cuando ya eran evidentes los saldos en rojo, deja en claro que detrás de las dificultades de hoy hay un largo vía crucis que está a punto de llegar a su fin. La razón es que para mañana está convocado el Comité de Vigilancia del Acuerdo de Reestructuración que reúne a los acreedores y del cual podría salir la decisión para iniciar los trámites de terminar con la compañía.

Semejante posibilidad contrasta con la euforia de hace apenas unos días, cuando una encuesta entre los trabajadores reveló que una proporción ampliamente mayoritaria respaldaba la propuesta de la presidencia de la empresa, consistente en capitalizar sus acreencias laborales y dar por terminada la convención colectiva.

Ese paso había sido considerado fundamental para cerrar una negociación con un grupo mexicano, interesado en hacerse al control de la textilera. Pero cuando todo parecía solucionado, tres de los cinco sindicatos existentes, que representan el 22 por ciento del personal, anunciaron la semana pasada su desacuerdo con la iniciativa, con lo cual todas las esperanzas se derrumbaron de un manotazo.

Así las cosas, y sin desmedro de una solución de última hora, la suerte parece echada para los 2.615 empleados de Coltejer, y para miles de pensionados y distribuidores, lo cual constituiría un fuerte golpe para los municipios de Itagüí y Rionegro y para la economía de una región en la que muchas empresas han salido golpeadas por la fuerte apreciación del peso.

Es precisamente este factor, unido a la competencia legal e ilegal de productos venidos de China, el que tiene a la compañía en capilla. Con pérdidas de 159.970 millones de pesos al cierre del 2007 que han seguido en lo que va de este año, y ventas a la baja, es evidente que las operaciones necesitan una cirugía profunda que solo puede venir de un socio fuerte, con experiencia en el sector y con capacidad para acometer un fuerte programa de modernización.

Todo eso, sin embargo, depende del concurso de los trabajadores. Al respecto, los sindicatos han dicho que no pueden renunciar a las conquistas alcanzadas durante años de lucha y que han permitido que un operario gane unos 1.300 dólares al mes, mucho más que en otras fábricas comparables.

Pero tales victorias serán pírricas si las puertas de las fábricas se cierran y los telares dejan de sonar. Para la historia quedarán los juicios de responsabilidad y los errores de uno y otro lado, mientras los activos son rematados a precio de ocasión y los pasivos laborales corren el riesgo de no ser cancelados.

Ante semejante posibilidad, es necesario hacer todo lo posible para buscar un acuerdo. El motivo es que con un cierre todos pierden, comenzando con los empleados y sus familias, siguiendo con los accionistas, la banca el fisco y los proveedores.

La otra posibilidad es que los trabajadores tomen control de su propio destino, tal como lo demostró lo sucedido en Rionegro el sábado cuando la dirigencia sindical minoritaria fue derrotada de manera abrumadora. Ese episodio, que abrió una luz de esperanza a última hora, puede extenderle el oxígeno e incluso darle la salvación a Coltejer, una empresa desahuciada muchas veces, pero que no por ello merece un entierro de tercera.

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