La hora de los óctuples

El abanico de candidatos únicos al partido Liberal enfrenta la crítica de que, salvo pocas excepciones, tiene un perfil más bien bajo.

POR:
mayo 04 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-05-04

El jueves, a las seis de la tarde, en la casona que ocupa la Dirección Nacional Liberal en el barrio Teusaquillo en Bogotá, se cerraron las inscripciones de los aspirantes de esa colectividad a convertirse en candidatos únicos del partido a las elecciones presidenciales de 2010.Rafael Pardo, Cecilia López, Alfonso Gómez Méndez, Iván Marulanda, Aníbal Gaviria, Héctor Elí Rojas, Alfonso López Caballero y hasta un muy poco conocido dirigente del Tolima, Rafael Espinosa, participarán en la consulta prevista para septiembre.

El abanico enfrenta la crítica de que, salvo pocas excepciones, tiene un perfil más bien bajo. Sin embargo, hay que decir que ello también puede leerse de manera positiva, con el argumento de que la ansiada renovación del liderazgo se está dando en esa agrupación. Hay dos ausentes importantes: la senadora Piedad Córdoba, quien declinó por ahora sus aspiraciones para seguir adelante con la labor humanitaria por la liberación de los secuestrados de las Farc; y Rodrigo Rivera, quien desistió de inscribirse porque hacerlo le implicaba renunciar a su apoyo al presidente Álvaro Uribe, y declararse opositor, en virtud de las reglas definidas por el jefe del partido, el ex presidente César Gaviria.

Sea como sea, ahí están los óctuples en la largada de la carrera por la nominación Liberal. Es deseable, en primer lugar, que lleven adelante una campaña centrada en las propuestas y programas que tienen para resolver los múltiples desafíos que enfrenta el país, y no en debates personalistas. El liberalismo se opone a la reelección de Uribe, y se supone que todos los inscritos comparten ese principio, de modo que no debería ser ése un tema de peso en el debate. Si todos están de acuerdo, no hay mucho que discutirle al asunto.

Por el contrario, los precandidatos deberían hacer un esfuerzo enorme para centrarse en los temas económicos y sociales, donde de seguro hay diferencias de enfoque entre quienes están más al centro y quienes se ubican más bien a la izquierda. En medio de la aguda crisis económica mundial, que en Colombia ya ha golpeado el empleo, lo lógico es que los agrupados alrededor de la bandera roja dediquen buena parte de sus planteamientos a estos asuntos. Y más allá de las controversias, también es esperable que los liberales se desmarquen del Polo Democrático, más identificado con las políticas económicas de Hugo Chávez que con las del brasileño Lula da Silva. Todo en aras de que la histórica colectividad recupere a los votantes de centro, que son mayoría en Colombia.

El Partido Liberal ha estado detrás de las grandes reformas económicas y sociales del país, lo mismo en 1936 con Alfonso López Pumarejo, que en 1990 con César Gaviria, para citar sólo dos recordados ejemplos. Y por eso mismo, en momentos en que estos temas están en el primer lugar de la agenda global, también deberían estarlo en la campaña que comienza. Se destacaría así el liberalismo de lo que sucede en el uribismo e incluso en el Polo, donde los temas que dominan -y que son delicados e importantes- son las 'chuzadas' del DAS, los falsos positivos y la polémica por la reelección de Uribe. Como resultado, un cierto autismo frente a la crisis económica parece haberse adueñado tanto de gobiernistas como de los opositores de izquierda.

El ex ministro Rafael Pardo parte, según las encuestas, con favoritismo. Los sondeos le dan entre un cuarto y un tercio de las preferencias, lo que implica, de algún modo, el reconocimiento que varios sectores le dan a su perfil presidencial. Su experiencia en el campo de la seguridad le otorga un plus significativo, pues se trata de un tema que, además de la economía y el empleo, se mantiene como un asunto importante de la agenda. Pero la carrera por la nominación apenas comienza y, además, el hecho de que hayan aparecido más precandidatos de los que estaban sobre el tapete horas antes del cierre de las inscripciones, puede conducir a generar confusión y a que se produzcan cambios en las tendencias. Pero todo eso está por verse. Al final, el ganador será quien haga una mejor campaña, alejada de los radicalismos de izquierda y de derecha que asustan a muchos liberales, y con propuestas constructivas que les lleguen a los electores y que deben estar sintonizadas con los problemas que a estos, en verdad, preocupan y afectan.  

Siga bajando para encontrar más contenido