La hora de la paz

Hace varios años el ex presidente López Michelsen, señalaba que era necesario que el Estado golpeara militarmente a la guerrilla, para llevarlos luego a una mesa de negociaciones.

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julio 09 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-09

Ese pronóstico se ha dado ahora en la administración de Álvaro Uribe. Como nunca antes, las Farc han tenido que ‘encajar’ las más duras derrotas militares por parte del Estado. Atrás quedaron las épocas en que se tomaban alejadas poblaciones, defendidas por diez o veinte policías, a quienes al comienzo mataban y luego secuestraban para ‘negociar’. Uno a uno fueron cayendo mandos medios de la subversión. Ya no pueden comunicarse con la libertad que antes lo hacían. Las deserciones han sido, si no masivas, bien significativas como el caso de la temida guerrillera conocida con el alias de ‘Karina’. Por causas militares, ‘naturales’, o de traición, han desaparecido tres de los miembros del otrora inexplicable secretariado de las Farc. No creíamos los colombianos en la posibilidad de un rescate exitoso en medio de la selva. Las Fuerzas Militares nos demostraron que estábamos equivocados y en un operativo limpio, impecable, como resultado de avanzadas tecnologías de inteligencia que envidiaría cualquier ejército del mundo, nuestros militares rescataron, con astucia y arrojo encomiables y sin disparar un tiro a Íngrid Betancourt, a los tres americanos, y a once militares y policías, estos últimos que llevaban hasta diez años en poder de la guerrilla. Obviamente, no podemos ni debemos olvidarnos de los demás secuestrados, que aún permanecen en la selva, y la euforia que ahora se vive, principalmente por la liberación de la ciudadana colombo-francesa Íngrid Betancourt, no puede dejar de lado la situación de estos compatriotas, casi todos hombres del pueblo, que fueron secuestrados mientras peleaban como soldados o policías. La explicable emoción, no puede alejarnos de la necesidad de poner fin a esta larga barbarie que vivimos. Hemos tenido éxitos en el terreno militar. No debemos descartar sin embargo, la necesidad de buscar la salida política. Un gobierno fuerte, popular y exitoso militarmente, tiene muchas más posibilidades para buscar de manera magnánima una negociación. Las Farc deben entender, que ya no son las épocas del Caguán, cuando ellos imponían condiciones. Creyeron entonces, que podían arrodillar al Estado. Ni entonces, y menos hoy, están en capacidad de hacerlo. La prolongación de la lucha armada solo produce como efecto la continuación del sufrimiento de muchas familias colombianas. No le hicieron caso ni a Chávez ni a Correa, cuando les pidieron la liberación sin condiciones de Íngrid y los demás secuestrados. El Gobierno les ganó la partida y los rescató en un operativo elogiado por el mundo entero, y que deja a la guerrilla en un ridículo universal. Colombia, solo necesita dos condiciones para desarrollarse plenamente como una nación próspera: paz y justicia social. La primera condición puede estar a punto de lograrse si el Gobierno -y sobre todo la guerrilla- entienden, que ha llegado el momento. La guerrilla no tiene hoy ninguna posibilidad de tomarse el poder por las armas. El recurso al terrorismo, al secuestro y a la financiación del narcotráfico le quitó cualquier respaldo, que en un lejano pasado pudo tener en sectores populares. El Gobierno va ganando la partida. Pero todavía falta. Sería mejor que ese otro trecho se ganara con la negociación política. No es necesario usar las armas para conseguir la justicia social. Más pronto que tarde el establecimiento entenderá, que la mejor manera de desarrollar la economía y conseguir la cohesión social, es aumentar la clase media y reducir la pobreza y la miseria. '' Colombia solo necesita dos condiciones para desarrollarse plenamente como una nación próspera: paz y justicia social.WILABR

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