Hugo Chávez: ¿facilitador de la paz?

El camino que están construyendo el Presidente de Venezuela y Piedad Córdoba genera grandes expectativas, pero está plagado de espinas.

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noviembre 21 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-21

POR ALEJO VARGAS,
profesor titular Universidad Nacional.

LA FACILITACIÓN de Piedad Córdoba y el papel que está jugando el presidente Chávez comienzan a mover el tema del acuerdo humanitario con las Farc y los acercamientos con el Eln. Esto ha generado grandes expectativas, pero no significa que el camino sea de rosas. Está plagado de espinas.

El presidente Chávez genera resistencias -en algunos casos viscerales- en sectores de la sociedad colombiana y de la comunidad internacional, pero abre una oportunidad positiva para salvar los obstáculos en el camino de la paz por el ascendiente simbólico que tiene en la izquierda latinoamericana -incluidas las guerrillas colombianas- y por la posibilidad de convocar a gobernantes de centro-izquierda -Brasil, Argentina, Bolivia, Ecuador, Uruguay, Nicaragua, Cuba, Panamá- para formar un frente común que apoye el acuerdo humanitario y eventualmente un proceso de diálogo hacia la superación negociada del conflicto interno armado.

Una especie de Grupo Contadora para Colombia que podría darle un salto estratégico a su solución. Y además ha estimulado otros apoyos: del Presidente de Francia, de los No Alineados, de otros países latinoamericanos y de la comunidad internacional.

Hechos positivos

La apertura de un canal de comunicación fluido entre los facilitadores y las Farc, que ha permitido la reunión inicial de la senadora Piedad Córdoba con Raúl Reyes, y luego las reuniones en Caracas de Iván Márquez, del Secretariado de las Farc, y Chávez y Córdoba, abre alternativas para el manejo del tema.

Los encuentros de la senadora con Sonia y Simón Trinidad en prisiones norteamericanas; la entrada en escena de congresistas demócratas, de familiares de los norteamericanos secuestrados y de funcionarios del Gobierno de Estados Unidos con quienes Córdoba ha hecho consultas, parece que empiezan a mostrar alternativas de salida para un asunto complejo de resolver. De estas gestiones salió el compromiso de entregar pruebas de supervivencia de los secuestrados en poder de las Farc.

Igualmente se produjo la reunión del máximo comandante del Eln, Nicolás Rodríguez Bautista, Gabino, y de Antonio García con el presidente Chávez, seguida de un encuentro entre el Alto Comisionado de Paz, el delegado del Eln y el mandatario venezolano. De estas reuniones surgió una propuesta para reanudar las conversaciones entre el Gobierno y el Eln.

Espinas en el camino

Entre las dificultades, hasta el momento está la reafirmación de Gobierno y Farc de los llamados inamovibles. Por parte de las Farc, el despeje de Pradera y Florida para negociar el acuerdo humanitario y la liberación de todos los guerrilleros detenidos, incluidos Simón Trinidad y Sonia. Por parte del Gobierno, la no existencia de zonas de despeje en el territorio nacional y el compromiso de los guerrilleros que sean dejados en libertad de renunciar a la lucha armada.  En principio, cada parte considera que en estos puntos no hay posibilidad de ceder.

Lo anterior les plantea a los facilitadores un gran desafío. Una tarea de filigrana difícil de tejer porque, más allá de los aspectos estrictamente humanitarios, está implícito un pulso político entre Gobierno y Farc, razón por la cual los temas de procedimiento se convierten en sustantivos.

Otra espina es, sin duda, el estilo poco diplomático del presidente Chávez, que fácilmente divulga aspectos que el Gobierno colombiano considera reservados para la negociación, lo cual puede llevar a fricciones entre los dos gobiernos. También podría considerarse un obstáculo el establecimiento tentativo de un plazo que, seguramente, podría moverse si el tema avanza.

Una salida posible es que los facilitadores hagan viable que Gobierno y Farc comiencen a conversar en un sitio acordado en el exterior y dejen para el final la definición del lugar donde se haría la liberación de los secuestrados, lo mismo que temas complejos como el de quiénes serían sujetos del acuerdo humanitario. En este sentido, quizá sería práctico pensar en liberaciones sucesivas y no en un acuerdo único.

Ganadores posibles

Si las gestiones resultan positivas no sólo terminaría el calvario de los secuestrados y serían liberados los guerrilleros legalmente detenidos, sino que favorecerían tanto a Uribe como a Chávez. Al primero, porque le resuelve un problema que ha sido una "piedra en el zapato" y porque le facilita un apoyo político regional de gobiernos que en otras circunstancias podrían, por lo menos, verlo con cierta distancia, y además porque le muestra a EE.UU. que en la región hay apoyo político para solucionar problemas estratégicos, con recursos regionales, sin que esto conlleve tensiones con esa potencia. 

Al segundo, porque contribuye al papel de liderazgo regional que busca, pero forzándolo a actuar de manera más prudente en política exterior, y porque le envía a EE.UU. un mensaje de solidaridad regional que minimizaría los fantasmas chavistas de eventuales desestabilizaciones. Por su parte, la guerrilla difícilmente tendría un escenario más apropiado para concluir su parábola de guerra y llegar a un acuerdo políticamente honorable de paz. Un escenario que es difícil de desechar, so pena de pagar un alto costo político.

El interés con que el presidente Chávez ha asumido su papel y la buena tarea que viene cumpliendo Piedad Córdoba, junto con el apoyo amplio de la comunidad internacional y la aceptación implícita del Gobierno de EE.UU., dejan un margen para el optimismo. Si el Gobierno colombiano logra ser audaz y no se asusta con los inevitables "ruidos mediáticos'" que genera este proceso, quizá sea la ventana hacia una solución definitiva de nuestro crónico y anacrónico conflicto interno armado. Por supuesto, se requiere que el pragmatismo campesino, que en otras ocasiones ha mostrado las Farc, las lleve esta vez a entender que tienen una oportunidad única que no pueden desperdiciar.

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