La ideología de Petro

La ideología de Petro

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diciembre 09 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-09

Si Gustavo Petro generaba diferencias entre la gente antes de ser elegido como Alcalde, ahora la polarización es total. Sus declaraciones a Yamid Amat, en el sentido en que buscaría fusionar las tres grandes empresas de servicios públicos de Bogotá, han dividido a los ciudadanos en dos grupos irrenconciliables. Sus detractores no lo bajan de comunista desbocado, mientras sus seguidores aplauden que desafíe las fuerzas del mercado. Poner a Petro en un extremo y al mercado en otro es una sobresimplificación contraproducente, en la que no deberían caer la opinión pública ni el Alcalde electo. Quien haya leído la entrevista en cuestión, habrá visto que las ideas del nuevo mandatario no corresponden a una sola vertiente ideológica. Así como tiene posiciones fuertemente intervencionistas, otros de sus planteamientos harían palidecer a los más neoliberales. Al primer grupo corresponden sus propuestas sobre las empresas de servicios públicos. Plantear la fusión de la Empresa de Energía con las de Acueducto y Telecomunicaciones, para que la primera sea colchón y chequera de las otras dos, demuestra un claro desdén hacia la eficiencia económica y un aterrador paternalismo estatista con olor a siglo pasado. En esa misma categoría caen sus afirmaciones de que la Empresa de Energía no debería estar invirtiendo en Lima, sino en el acueducto de Bogotá, o su oposición a la venta de la Empresa de Telecomunicaciones a pesar de que cada día pierde más valor y deteriora el patrimonio de los bogotanos. ¿Estamos entonces ante un estatista con posiciones ideológicas radicales? No es tan claro. En la misma entrevista, Petro plantea algunas ideas que están en el otro extremo del espectro ideológico. Ese es el caso de sus propuestas de reducir gradualmente el Pico y Placa, y cobrar por el tránsito en zonas congestionadas. La actual restricción vehicular de todo el día en la capital no sólo es la mayor muestra de ineptitud de la administración pública, sino que además constituye un hachazo al funcionamiento de los mercados. Ante restricciones de oferta de un bien como son las vías, las autoridades distritales se fueron por el camino más fácil: cercenar la demanda a las malas con la inmovilización forzada de los vehículos. En ese contexto, la propuesta de Petro de ponerle un precio al uso de las vías congestionadas y que lo pague quien quiera usarlas, parece salida de un tecnócrata chileno o de la Universidad de Chicago. Los planteamientos de Petro no corresponden a una izquierda ideologizada, sino a un peculiar pragmatismo ecléctico con aciertos y desatinos. Lo peor que le podría pasar a la ciudad es que la gente insistiera en matricularlo en el primer grupo, y que él terminara obrando en consecuencia. Peor que un mandatario novato y lengüilargo con margen para enmendar sería uno que radicalizara sus posiciones ante el radicalismo de sus detractores. Mauricio Reina* *Investigador Asociado de Fedesarrollo

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