Las imparables ruedas de la contaminación

La masiva fabricación de llantas es uno de los mayores problemas medioambientales de los últimos años.

Finanzas
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julio 16 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-07-16

Aunque en los países desarrollados están potenciando empresas especializadas que se dedican al reciclaje de los neumáticos, sigue existiendo desidia, falta de interés y, en muchas ocasiones, afán de lucro, que impiden una correcta gestión de esta parte imprescindible de un carro, que resulta ser uno de los inventos más sucios.

La masiva fabricación de ruedas es uno de los mayores problemas medioambientales de los últimos años por su costoso proceso de fabricación y por el alto costo que conlleva su desaparición. Una sola llanta de camión necesita para su fabricación medio barril de petróleo crudo, y su elaboración y posterior desaparición siempre genera emisiones de CO2 (óxido de carbono) a la atmósfera. En Estados Unidos, en el año 2003, 290 millones de llantas fueron desechadas, de las cuales 45 millones se reciclaron para hacer unas nuevas para automóviles y camiones.

Leticia Baselga, responsable de residuos de la ONG Ecologistas en Acción, explica a EFE que "un neumático puede tener más de 200 componentes, depende de su precio y tamaño, pero el porcentaje medio de los materiales que intervienen en su fabricación es como sigue: caucho (45-47 por ciento), negro de carbono (21,5-22 por ciento), acero (16,5-25 por ciento), textil (5,5 por ciento sólo para autos), óxido de cinc (1-2 por ciento), azufre (1 por ciento), y otros aditivos (5-7,5 por ciento). Los metales pesados presentes son cobre, cadmio y plomo".

Cuando un neumático se encuentra en el límite de su edad, es muy importante, por propia seguridad del conductor, vigilar su estado para poder prevenir accidentes, pero además se ha de comprobar la posibilidad de su reutilización o encauchado.

Dependiendo de su estado, hay distintos usos que por cuestiones económicas y ecológicas se le puede dar a la llanta. Por ejemplo, si el neumático tiene un mínimo de dibujo, puede pasar a ser uno de segunda mano.

A veces, un neumático no puede ser usado para rodar, pero sí puede ser recauchutado (previa limadura de la superficie se repone la banda de rodadura mediante un proceso de vulcanizado). Si no se puede recauchutar, se supone que ha llegado el fin de su vida útil, por lo que habrá que buscar el proceso más ecológico para hacerlo desaparecer o destinarlo para su reutilización en otros productos.

En Estados Unidos y Europa ya existen medidas que regulan el abandono de los neumáticos en vertederos, al mismo tiempo que se crean empresas que se encargan de su reciclado. En América Latina, México, Chile, Argentina y Uruguay son países que adoptan la misma política, de la misma forma que, poco a poco, se está haciendo en el resto del continente.

Contaminantes al aire

"Un neumático al aire va librando muy lentamente los contaminantes, como los bifenilos policlorados (PCB), tóxicos muy peligrosos. Otro de los riesgos de los neumáticos tiene que ver con su forma. Debido al diseño de las llantas, cuando cae agua de lluvia reiteradamente es dificilísimo sacarla una vez que ha entrado en ella y siempre quedará un fondo dentro de la cubierta. Ese agua es el caldo de cultivo ideal para que aniden ratas, insectos y otros animales que pueden resultar 4.000 veces más peligrosos que los que se multiplican en una charca", explica Baselga.

En Europa, hace cuatro años, se decretó una ley por la que se regula la gestión de los neumáticos fuera de uso, y en este continente no se pueden abandonar en un vertedero y, mucho menos, en el campo. Las ruedas son una de las fuentes más grandes de residuos debido al gran volumen producido y a su durabilidad. Pero, curiosamente, también son de uno de los materiales de desechos más reutilizados.

Según la responsable de residuos de Ecologistas en Acción, "las grandes marcas de neumáticos han creado un sistema integral de gestión, por el cual ellos mismos los recogen de los talleres y los tratan. El primer paso es separar los que tienen posibilidades de ser rencauchados. Los que ya no tienen ningún uso se muelen y se separa el caucho del metal, del textil y de los demás componentes. Esa granza de caucho picado se utiliza para algunos de los fines que nosotros apoyamos, como son la creación de suelos de canchas de baloncesto, nuevos productos de calzado, como parte de los componentes de las capas asfálticas que se usan en la construcción de carreteras, o como aislantes de vehículos o en la fabricación de losetas de goma".

Para la Federación Española de la Recuperación y el Reciclaje (FER), en la actualidad "existe recorrido para aprovechar todo el potencial que ofrece este sector. Aunque el caucho se recicla cada vez más con nuevas aplicaciones, una gran parte del mismo se puede emplear como combustible alternativo con fines energéticos", los cuales pueden resultar mucho más ecológicos. Para Baselga "la quema de neumáticos es una barbaridad.

Un combustible alternativo a los fósiles

Uno de los usos que más comúnmente se está dando a los neumáticos sobrantes es el de combustible alternativo a los fósiles. En Estados Unidos, según la Asociación de Fabricantes de Caucho (RMA por su sigla en inglés), en el 2005, el 52 por ciento de las llantas fueron quemadas como combustible. Por su parte, la Agencia Europea de Fabricantes de Neumáticos y Caucho (Etrma) confirma que en Europa esta cifra se situó en el 31 por ciento.

"Lo que nosotros no apoyamos en absoluto es el uso del neumático como combustible, tal y como es utilizado, por ejemplo, en las cementeras, porque al quemar esos cauchos especiales se emiten peligrosos contaminantes. En esta industrial, normalmente se empleaba el petróleo, pero la energía de los neumáticos, como fuente calórica, resulta mucho más barata, así como otros combustibles alternativos como los aceites industriales o los residuos", dice Leticia Baselga, de la ONG Ecologistas en Acción. Según la experta, en la combustión de las ruedas se generan productos muy perjudiciales para la salud como el monóxido de carbono, óxidos de nitrógeno, dióxido de carbono, óxidos de zinc, benceno, fenoles, óxidos de plomo o tolueno, que se dispersan en el aire.

Además, el zinc resulta altamente tóxico para la fauna acuática y, también existe el peligro de que, al ser muchos de estos componentes solubles en el agua, pasen a la cadena trófica y vayan a parar, finalmente, a los seres humanos.