La imposible carrera de la pierna fantasma

La condición médica se llama seudomelia. Ocurre cuando una persona pierde un brazo o una pierna y meses después de la desaparición de este miembro el cerebro sigue percibiendo sensaciones (dolor, calambres) como si aquella parte del cuerpo aún existiera.

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mayo 31 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-05-31

Lo terrible de tener una pierna o miembro fantasma (como se le conoce popularmente a la seudomelia) es que no hay cura. El que sufre del mal tiene que estoicamente soportar el dolor o tratar de aliviarlo con calmantes. La buena noticia es que eventualmente el cerebro se adapta a la pérdida y la condición desaparece. Nace un nuevo mal Pero hay una versión similar a esta aflicción, a la que habría que llamarle 'seudomelia comercial'. Sufriendo de esta variación viven las personas que han perdido su conexión con la realidad de su grupo objetivo y siguen 'sintiendo' un mercado que hace mucho tiempo desapareció. Esta condición es particularmente aguda cuando se relaciona a la estrategia de marketing digital. Así que, haciendo caso a los que dicen que al conocer un problema ya se le ha resuelto en un 50%, quisiera aportar algunos datos que nos ayuden a la adaptación cerebral de los que sufren del mal. Hace seis años no existía Facebook. Hoy más de 600 millones de usuarios son parte de esta red social. Si fuera una nación, sólo India y China serían más populosas. Y si usted es de los que piensan que Facebook es de países desarrollados, le tengo noticias: Caracas es la tercera ciudad con mayor alcance de esta red social en el mundo, con 200%, de acuerdo con SocialBakers. Además, 10 de las 12 primeras ciudades en esta lista están en países en desarrollo, lo que confirma que esto de que las redes sociales son sólo una realidad del primer mundo es un gran mito. Los celulares también cambiaron. De acuerdo con comScore, sus usuarios reportaron este año utilizarlos para: 'textear' (69%), navegar (38%), bajar aplicaciones (37%), mantenerse conectado a una red social (27%), participar en juegos de video (25%) y oír música (17%). Y aunque la pregunta asume que la palabra hablar es un hecho, el uso del teléfono para transferir voz se ha vuelto cada vez menor. En un día, Twitter produce 50 millones de tweets, Google más de 3 millardos de búsquedas y en YouTube se suben 50,400 horas de video. El imperio de los Millennials Pero si hay algo que debería servir como Ghost Buster contra nuestro mercado fantasma es el conocer a ese grupo objetivo llamado Millennials (los consumidores nacidos entre 1980 y 1995). De acuerdo a un estudio mundial de Edelman, este importante target (1,7 millardos de personas en el planeta) no se parece mucho a sus predecesores. Uno de cada cinco, por ejemplo, ya ha subido un video suyo a Internet. El 70% de los consultados en EE. UU. se ofrecería de voluntario para probar un nuevo producto y publicarían una reseña online. A diferencia de mucha gente mayor, 74% de los Millennials cree que la nueva tecnología les hace la vida más fácil, con más de la mitad de ellos asegurando que les ayuda a mantenerse cerca de sus amigos. Acostumbrados a comunicarse por chat, la decadencia del correo electrónico en este grupo es tan grande, que para muchos de ellos su uso decreció hasta un 59% el año pasado. Seudomelia galopante Un caso reciente de seudomelia comercial aguda es la del CEO de Blockbuster, Jim Keyes. En 1994 Blockbuster estaba prácticamente sola en el mercado y todo lucía... de película. Pero pronto este film divertido se convertiría en uno de terror cortesía de una estrella que no estaba en el elenco. En 1997 nace Netflix, una compañía que también renta videos, pero que le permite al usuario hacer un pago fijo mensual y alquilar online un número ilimitado de películas durante ese periodo. Los DVD llegan por correo (que es rápido y seguro en Estados Unidos), sin costo para el usuario y sin cobrar los odiados recargos por entrega tardía. La reacción inicial de Blockbuster fue defender el mercado creando un servicio similar. Entonces entra Keyes (música de tensión, por favor) y Blockbuster deja de invertir en el segmento online y reintroduce los recargos por entrega tardía. Su seudomelia le impide entender que ya el mercado había cambiado y que una vez que se le ha dado algo al consumidor es muy difícil quitárselo. Ese año Blockbuster pierde medio millón de suscriptores y entra en una espiral descendente. En una entrevista a Keyes el año pasado, Fast Company le preguntaba sobre Netflix. "Estoy francamente confundido por esta fascinación que todos tienen con Netflix... Netflix no tiene o hace algo que nosotros no podamos hacer", dijo. Días después Blockbuster se declaró en bancarrota demostrando que, a diferencia del mal de la pierna fantasma, la seudomelia comercial es mortal.HELGON

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