Improvisación e inmadurez

Ya nos tienen acostumbrados los cancilleres de América Latina y el Caribe a aprobar –como resultado de sus reuniones– extensas declaraciones donde tocan todos los puntos, sobre lo divino y lo humano, los cuales no solamente son repetitivos, porque los han acordado en encuentros anteriores, sino que en la mayoría de los casos no los cumplen. A esta práctica inconveniente y viciosa, últimamente le han agregado la propuesta de crear varios organismos internacionales, que no sólo vienen a duplicar las funciones de los existentes, sino a crear más confusión y caos sobre la unidad de la región y los foros de expresión de la misma.

Finanzas
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marzo 15 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-15

A nivel latinoamericano, mientras la Aladi se encuentra postrada, la Comunidad Andina ha retrocedido en lugar de avanzar y el Mercosur vive una permanente crisis, nunca logró consolidarse; se creó la Unión de Naciones Latinoamericanas (Unasur) como una iniciativa de cooperación e integración que incluye a doce países suramericanos. Evidentemente, la creación de este organismo sobraba y lo lógico es que hubieran reestructurado y consolidado los organismos existentes. Como Unasur es una iniciativa brasileña que buscaba afianzar el liderazgo de este país en la región, al incluir únicamente a países latinoamericanos, y en cierta forma quería excluir a México, este último, en una jugada maestra, propuso la creación de “un mecanismo regional” para América Latina y el Caribe, el cual tendrá una estructura más flexible que la OEA para darle a la región “una posición común en el escenario global y para resolver conflictos internos, como el ocurrido en Honduras”. Esta propuesta fue aceptaba por Brasil, por razones estratégicas, porque le permite sacar a E.U. y Canadá del análisis de los problemas regionales, y por Venezuela para “desprendernos definitivamente del coloniaje de E.U. en Latinoamérica”. Colombia ingenuamente la apoyó, sosteniendo que ella no implicaba excluir a otros países y organizaciones, ni significaba un contrapeso a las mismas, lo que indiscutiblemente no es cierto. El hecho es que esta iniciativa fue aprobada en la Rivera Maya el 23 de febrero en la Cumbre de Unidad de Estados de América Latina y el Caribe, constituida por la XXI Cumbre del Grupo de Río y la II Cumbre de América Latina y el Caribe sobre Integración y Desarrollo (Calc). Claramente su creación va contra la OEA y del Grupo de Río. Con relación a la OEA, desconoce que a pesar de sus debilidades, este organismo ha sido un puente de unión más que de desencuentro con E.U., y que sus actividades no se limitan a los asuntos políticos, sino también a los económicos, sociales y culturales, cuyo principal sustento es financiado especialmente por Estados Unidos y Canadá. Con respecto al Grupo de Río, no hay que olvidar que este último se creó precisamente como un mecanismo flexible de coordinación y concertación política. Primero, organizado como el Grupo de Contadora (México, Venezuela, Colombia y Panamá) para la pacificación de Centroamérica, se sumó posteriormente el Grupo de Apoyo (Argentina, Uruguay, Brasil y Paraguay), y hoy lo componen catorce países. En este Grupo se ha logrado concertar exitosamente la posición de la región no sólo ante E.U., sino frente al mundo. Claro, el Grupo de Río no incluye a los países del Caribe, pero la solución no era crear un nuevo organismo, sino vincularlos a él. Son tantas las debilidades e inconsistencias de esta iniciativa, como las que existen alrededor de la creación de Unasur, que se le ve muy poco futuro a estos organismos nacidos de la improvisación e inmadurez. MANUEL JOSÉ CÁRDENAS Consultor internacional mece1960@yahoo.com La propuesta de crear varios organismos in- ternacionales, no sólo vienen a duplicar las funciones de los exis- tentes, sino a crear más confusión y caos sobre la unidad de la región y los foros de expresión de la misma.