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Los impuestos: arma electoral

Dentro de la variedad de ‘productos’ que en su oferta electoral contempla el candidato demócrata, se encuentra la rebaja de los impuestos para los sectores más pobres de la población. Con el fin de conquistar el favor popular, acude al conocido expediente de ofrecer cambios en la legislación tributaria. Utilizar los impuestos como escudo de campaña sigue reportando buenos dividendos en términos de votos y no hay forma de contener la irresistible inclinación a emplearlos de manera profusa.

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septiembre 04 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-04

Llama mucho la atención que en un país -supuestamente serio y cuidadoso en cuestiones de políticas públicas- de manera sistemática los dirigentes políticos y las propias autoridades aterricen en la misma e idéntica fórmula: disminuir la carga tributaria para congraciarse con la galería. Varios presidentes, bien por la urgencia de reactivar la economía -Bush, padre y Bush, hijo- o bien porque quisieron repartir los dividendos de una buena situación -Clinton con la ‘euforia irracional’- prefirieron la opción de las rebajas a la de manejar el gasto público o algún otro instrumento. Los ajustes de corto plazo los hicieron así. Frente a situaciones como éstas, cabe la siguiente pregunta: ¿si la misión de las autoridades en materia de política tributaria es lograr el mejor sistema posible, porqué diablos cada vez que pueden caen en el problema de desbaratar lo que con tanto esfuerzo buscan? Para responder el interrogante lo primero que se le ocurre a un pobre mortal es: o no hay sistema perfecto y, por tanto, siempre se da un vacío entre la realidad y la teoría que invita a introducir modificaciones permanentes en las normas; o resulta políticamente más cómodo meterse con el esquema tributario que hacerlo con el del gasto. Según dicen los sabios en estas materias, los Congresos son muy poco permeables a las disminuciones de gasto por la enorme presión que ejercen los electores, acomodados al ritmo establecido. Los impuestos, aunque son hueso duro de roer, pasan con dificultad, pero por lo general pasan. Sobre todo si en el discurso de presentación de la iniciativa va el mensaje de mayor incidencia para los ricos que para los pobres. El efecto implícito de una mejor distribución del ingreso -así sea mera ilusión- ayuda mucho en la compleja tarea de convencer a los responsables de la toma de las decisiones. Para ellos es fundamental la percepción que tenga la gente sobre los efectos de las medidas en los ingresos del contribuyente. Como la cosa no es fácil de poner en su punto, cabe recordar que a la hora de estructurar cualquier esquema tributario la cuestión de la observación de los principios es fundamental, pues los principios de la imposición derivan de la preexistencia de los fines que a la tributación se le asignen. No es posible formular principios a los que ajustar la lógica tributaria, si no se admite como premisa su servicio a ciertas metas, objetivos o finalidades. El orden al que deben ajustar su vigencia los fines de la imposición, constituye un campo abierto permanentemente a la polémica. No hay que olvidar que el proceso impositivo tiene distintos aspectos y a cada uno ha de prestársele atención; por eso, cualquier jerarquización entre los fines de la imposición es arbitraria. No obstante, lo cierto es que si se atiende al campo de la realidad fiscal, son dos los fines que se han atribuido preferentemente a los impuestos: ser suficientes para financiar los gastos públicos y ser justos. Al servicio del fin de la suficiencia y la cobertura del gasto se orientan los principios político-financieros y presupuestarios de la imposición. A garantizar la realización de la justicia, los políticos sociales. De allí lo absurdo que resulta para el cumplimiento de estos fines, el uso de los impuestos como arma electoral. rosgo12@hotmail.com '' A la hora de estructurar cualquier esquema tributario la cuestión de la observación de los principios es fundamental.WILABR

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