Incentivos, gestión de riesgos y confianza

En finanzas los incentivos y riesgos que perciban los agentes son la materia prima para tomar decisiones. El sistema que vemos desaparecer, la llamada banca opaca, le cambió la cara a la actividad financiera con base en incentivos que permitían tomar riesgos sin implementar las medidas necesarias para su gestión. La prioridad era el rendimiento, después los riesgos.

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noviembre 21 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-21

Para citar los incentivos más relevantes: el apalancamiento no tenía consecuencias sobre el capital adecuado, la financiación por fuera de balance permitía aumentar la exposición sin que se reflejara en los estados financieros, las bajas obligaciones de información dificultaban el seguimiento por el mercado, la remuneración y la reputación de los gerentes estaban atadas al crecimiento de los rendimientos. Incluso, los derivados crediticios diseñados para cubrir riesgos de contraparte se usaron para especular, apostándole a las modificaciones de la calificación crediticia, lo cual incrementaba los riesgos en lugar de reducirlos. Al tiempo, el mecanismo ideado por la sociedad para controlar la eventual generalización de una crisis financiera, el prestamista de última instancia, fue presa de la lógica ‘son muy grandes para dejarlos quebrar’, y pudo contribuir a que las cosas empeoraran, generando un curioso incentivo: si aquellos que toman riesgos para alcanzar rentabilidades por encima del promedio serían rescatados en la eventualidad de una crisis, entonces, ¿por qué no tomar esos riesgos? Igualmente peligroso, ¿por qué no invertir en los mismos activos en los que invierten los líderes? Restaurar la confianza en el sistema financiero y destrabar el crédito interbancario requerirá de medidas que apunten a lograr un mejor equilibrio, que incentive la gestión de riesgos y ajuste la regulación para hacer más responsables a los agentes sobre las consecuencias sociales de sus riesgos individuales. Las medidas de salvamento que se han adoptado apuntan a otro afán: recomponer los balances de las instituciones. Sin embargo, es preciso evitar una explosión de regulación que afecte la prestación de los servicios financieros e impida la innovación. Para incentivar la gestión de riesgos parecería conducente acelerar la aplicación de Basilea II, sobre todo en E.U. A pesar de varios ajustes que requiere lo previsto en el Nuevo Acuerdo del 2006, Basilea II contiene el incentivo principal por el cual aquellos bancos con mejor manejo de riesgos requerirían de menor capital. Los accionistas encontrarán atractivo apoyar la gestión de riesgos, en contraste con la antigua cultura de incentivar los retornos más altos. De la misma forma, Basilea II contiene las semillas para mejorar el escrutinio de la sociedad sobre las instituciones financieras, con base en mejor información y en la adopción de prácticas más exigentes de reporte contable, en particular cuando se trate de grandes exposiciones en mercados volátiles, como el de los derivados de crédito, o cuando se trate de transacciones al interior de grupos financieros. Finalmente, un recurso eficiente para mitigar la trampa, consistiría en adoptar mecanismos que permitan a los bancos centrales compartir la información de los supervisores sobre los riesgos y la exposición de las instituciones financieras, con el fin de detectar las ilíquidas y actuar de manera conjunta. Esta coordinación es más necesaria, cuando buena parte de la liquidez se provee por instituciones no bancarias y a través del mercado de capitales. Luis Alfonso Torres C. '' Es preciso evitar una explosión de regulación que afecte la prestación de los servicios financieros.WILABR

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