Incierto, destino de la antigua sede de la Contraloría

La emblemática sede de la entidad será puesta en manos de Cisa. Solo el estudio para remodelarlo vale 1.300 millones de pesos. La nueva sede, en arriendo, vale 2.500 millones mensuales.

Incierto, destino de la antigua sede de la Contraloría

Archivo Portafolio.co

Incierto, destino de la antigua sede de la Contraloría

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octubre 21 de 2012 - 07:02 p.m.
2012-10-21

Empiezan a avanzar los trámites para que la Contraloría General le devuelva a la Nación el emblemático edificio Cardenal Crisanto Luque y la torre Colseguros, ubicados en el centro de Bogotá y convertidos en símbolo del control fiscal.

Según confirmó Margarita Jiménez, gerente administrativa y financiera de la Contraloría, están en proceso de devolver los bienes, pues son propiedad de la Nación, lo que indica que pasarán a manos de la Central de Inversiones S.A. (Cisa), encargada de los inmuebles del Estado.

El abandono de la tradicional sede del organismo de control fiscal, tras la decisión de la contralora, Sandra Morelli, tiene mucho que ver con su historia.
El Crisanto Luque terminó de construirse en 1958 y la Contraloría lo tiene desde 1983. Era propiedad de la Curia y allí funcionaba Radio Sutatenza.

Posteriormente, el inmueble fue vendido al entonces Fondo de Inmuebles Nacionales, el cual, al liquidarse, le entregó la propiedad al organismo fiscalizador. En cuanto a la torre Colseguros, esta quedó lista en 1971, para la compañía de seguros.

Se trata de una copropiedad, con 58 dueños, y la Contraloría ocupaba el 53,9 por ciento del área total, teniendo en cuenta que la entidad se fue expandiendo y el Crisanto Luque les quedó pequeño.

La construcción inicial de la torre tenía una licencia para levantar 40 pisos, pero solo llegaron al 27, porque mientras excavaban para hacer el tercer sótano de parqueaderos, los constructores tropezaron con aguas subterráneas de los ríos San Francisco y San Agustín. 

En ese momento, inclusive, se barajó la posibilidad de trasladar la construcción a otro sitio, pero se continuó, porque ya estaba muy avanzada.

Además de esta situación, “los dos edificios se terminaron antes de que el país impusiera las normas de sismoresistencia”, advierte Jiménez. Aún así, la Contraloría habitó en los edificios durante casi 30 años.

A los reparos puestos a la sede, de que se descuelguen los ascensores, no hay señal de celular, las goteras abundan, las ventanas estén selladas, y el agua de reserva esté contaminada, se suman otros peros.

El avalúo de un estudio, solo para definir el costo de una remodelación, costaba 1.300 millones de pesos, pero como se trata de una copropiedad, en la que hay diversidad de dueños: unos tienen una peluquería, otros solo tienen un parqueadero, se requiere el aporte de una alícuota equitativa por cada propietario, y no se logró un acuerdo al respecto. “No era la Contraloría la que necesitaba el estudio, es el edificio”, señala Jiménez.

Sobre todo esos pilares es que la contralora Morelli sustenta su decisión de haber tenido que salir de la antigua sede y tomar en arriendo un inmueble, por 2.500 millones de pesos mensuales, medida que ha generado polémica y hasta demandas por presunto detrimento patrimonial de los recursos del Estado.  

A dónde irán en dos años
El contrato de arrendamiento de la nueva sede está suscrito hasta el 6 de agosto de 2014. La incertidumbre, de qué pasará después de esta fecha, aún está latente. La idea de volver a recibir un inmueble viejo, adjudicado por el Estado, no le suena a nadie en la Contraloría.

La gerente administrativa señala que buscan acudir a la figura de Alianzas Público Privadas, de manera que la Contraloría pueda construir su propia sede, acorde con sus necesidades habitacionales, pues son 2.200 funcionarios que ejercen una labor clave para el país, sostiene la contralora Morelli.

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