Incineran cargamento ‘pirata’ de claveles

En el aeropuerto de Schiphol (Ámsterdam) las autoridades holandesas detuvieron, inspeccionaron e incineraron la semana pasada un cargamento de claveles procedente de Colombia que no había pagado los derechos de obtentor a la empresa propagadora, HilverdaKooij.

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enero 25 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-25

La intervención de la aduana y de las autoridades que salvaguardan los derechos de los obtentores de semillas se logró luego de que la empresa holandesa verificó que se había violado la norma internacional vigente. En el despacho confiscado se encontraron flores de la variedad Nelson, que aún está protegida por tales derechos y habían sido vendidos sin la autorización del obtentor. “En el caso que se comercialicen de nuevo variedades sin el permiso necesario, la compañía HilverdaKooij no dejará de tomar acciones similares”, dijo un vocero de la empresa holandesa quien no descartó la posibilidad de que esta situación vuelva a presentarse. Según la publicación Biotecnología agrícola, una herramienta para el productor mexicano, debe pagarse por el uso de las semillas, así como se hace por otros insumos como los plaguicidas o los fertilizantes. Así, pagar regalías a las compañías semilleras es, exactamente, lo mismo que pagar por una película o por un libro, pues sus realizadores reclaman cuando sus productos caen en manos de los comerciantes piratas; por esto nadie que produzca algo en lo que ha invertido tiempo y dinero acepta que lo suyo sea falsificado, duplicado o copiado para venderse a menor valor en el comercio informal; para eso los protegen las leyes de derechos de autor de cada país. En el caso de las semillas, las leyes vigentes son las llamadas Derechos de Obtentor, emanadas por la Unión Internacional para la Protección de las Nuevas Variedades de Plantas (Upov). Según algunos floricultores consultados por PORTAFOLIO, este es un caso muy frecuente en la industria de la floricultura mundial, pues mientras las compañías invierten sus recursos en la obtención de nuevas variedades, generalmente de colores más vistosos, los biopiratas están pendientes de cómo comprarlas y multiplicarlas en sus cultivos. Por eso –dijeron– apenas dos años dura una nueva variedad de cualquier especie en el mercado antes de verla ya pirateada en el comercio. Por medio de la Ley 243 de 1995, Colombia aprobó el Convenio Internacional para la Protección de las Obtenciones Vegetales (Upov), que da la posibilidad de registrar y cobrar derechos por la multiplicación a quienes obtengan nuevas variedades de semillas. El caso de la piratería de semillas es muy popular en los cultivos de arroz. www.hilverdakooij.nl Un caso famoso de biopiratería Por quinta vez –desde el año 2000–, la Oficina de Patentes y Marcas de Estados Unidos (Uspto) rechazó la demanda del estadounidense Larry Proctor, que está utilizando comercialmente, y de forma exclusiva, una variedad de fríjol amarillo, alegando que él ‘lo inventó’. Proctor llevó las semillas de México, del maíz (moyocoba) originario de Perú.EDISAR

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