Incongruencia histórica

Cuando se estudie el proceso de negociación del TLC con los Estados Unidos los futuros historiadores quedarán perplejos ante la histórica incongruencia de un gobierno que acepta un tratado en el cual se cercena un instrumento fundamental para hacer frente a las crisis de balanza de pagos, encontrándose esa nación bajo un acuerdo de Stand By con el FMI.

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agosto 30 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-30

Estos acuerdos no son otra cosa que la imposición de condicionalidades a las economías que se encuentran en serias dificultades de su sector externo y que se ven obligadas a aceptar dolorosas condiciones de esta entidad para obtener préstamos de ella y en los mercados internacionales de capitales, y así ‘ganar credibilidad’ y ‘crear confianza’ para que su ahorro interno no se fugue. ¿Es defensable que encontrándose la economía bajo un acuerdo de este tipo pueda aceptar otorgar beneficios incondicionales a su ‘gran socio’ en el TLC sin la crucial excepción al tratado que significa la cláusula de balanza de pagos? La costosa ‘condicionalidad’ impuesta por el FMI bajo dichos acuerdos es ampliamente reconocida, como lo revela el gracejo del representante de esta entidad al escuchar los fuegos artificiales de la temporada de fin de verano en Bogotá. Preguntó Robert Rennhack si éstos celebraban su visita o la finalización de la misión del FMI. La esencia del chiste esconde una dramática realidad para los colombianos y en general para la mayoría de economías obligadas a realizar ajustes macroeconómicos bajo ‘la receta’ de esta entidad. Esta no es otra que la reducción del gasto interno o ‘absorción’ para lo cual instrumentos como: disminución de salarios, elevación de la tasa de interés, caída del gasto público, despido de funcionarios públicos, privatizaciones, etc. constituyen los remedios ante la crisis. El citado funcionario no dudó en atribuir la reciente recuperación de la economía a los beneficios de este acuerdo, cuando lo que realmente puede afirmarse del mismo es que significó media década perdida para los colombianos, y hoy la deuda pública, a la que supuestamente pretendía reducir, se encuentra por encima del 50 por ciento del PIB. Cabe recordar que el fin supremo de estos acuerdos es el pago de la deuda externa de los países y para ello, ya lo sabemos, no importan otros resultados. Pero no; los colombianos no celebraban con fuegos artificiales la finalización del Acuerdo con el FMI pues éste continuará hasta noviembre. ¿Cuál es la ‘economía política’ de dicha continuidad, cuando paralelamente el TLC acordado en febrero con la nación más poderosa del planeta NO contiene una cláusula de balanza de pagos? Es importante que el Gobierno de Alvaro Uribe responda estos interrogantes, pues la contradicción entre estas dos acciones ofende la inteligencia de los colombianos. La razón más evidente es que necesitan al FMI para ‘ambientar’ la ola de privatizaciones del patrimonio público, para justificarla ante la sociedad que observa atónita como sus dirigentes hablan de ‘gran confianza’, del advenimiento de una era de ‘crecimiento autosostenido’, pero curiosamente, al tiempo que mantienen al país bajo la égida del FMI se sienten tranquilos mutilando valiosos instrumentos de política y de dirección de la economía en el TLC. Esta monumental incongruencia histórica les facilitará lavarse las manos ante las privatizaciones realizadas y proyectadas pues, aducirán, fueron ‘recomendaciones del FMI’ y estábamos bajo un programa de ajuste. Así podrán justificar ‘botar el bebé con el agua del baño’, en lugar de hacer las reformas necesarias en las empresas públicas fuente inobjetable de riqueza y conservar el valioso patrimonio de los colombianos. La historia no podrá pasar por alto estas inverosímiles incongruencias que tan graves perjuicios significan para los colombianos en ambos casos. Economista "Los colombianos no celebraban con fuegos artificiales la finalización del Acuerdo con el FMI”.

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