India: el terrorismo se suma a la crisis financiera

El vestíbulo del hotel Taj Mahal Palace en Bombay (India) es un excelente lugar para ver personas famosas.

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noviembre 29 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-11-29

La última vez que estuve en el hotel, me hallé sentado a unos pasos de la actriz Michelle Yeoh, que estaba acompañada por Jean Todt, el cerebro tras el regreso de Ferrari SpA al pináculo de la Fórmula Uno. Vi pasar a Preity Zinta, una superestrella de Bollywood, como se conoce el cine indio. Momentos después, también a Ratan Tata, el presidente de Tata Group, y un cortejo de renombrados empresarios indios. Al elenco de estrellas cinematográficas y magnates se sumaban decenas de huéspedes del hotel, procedentes de Nueva York, Fráncfort, Tokio y no sé cuántas otras metrópolis. No pretendo hacer una lista de celebridades. Esos nombres nos dan una idea de lo que puede acontecer en el Taj en cualquier día y de por qué los terroristas querrían atacar el establecimiento. Eso mismo hicieron el 26 de noviembre, cuando mataron a más de 100 personas en el Taj y el complejo hotelero Oberoi Trident. Los atentados con bombas con fines propagandísticos en la capital financiera de la India son algo común, tristemente. Mas el atentado de esta semana es algo distinto: iba dirigido contra hoteles y restaurantes selectos para turistas. Es un suceso que tendrá consecuencias mucho más graves en la tercera economía del Asia. Mientras que China, Japón y el resto del Asia lidian con las repercusiones de una crisis crediticia mundial, la India tiene ahora ante sí una segunda crisis: la del terrorismo interno. Ya es tragedia suficiente que se mate con bombas a los propios nacionales. Lidiar con un terrorismo que pretende destruir la misma prosperidad que el Gobierno fomenta para atenuar las tensiones sociales, es algo muy distinto. Al igual que los terroristas de Bali en el 2002 infligieron enormes daños a la economía de Indonesia -daños que se siguen calculando-, los militantes de la India apuntan más alto, por así decirlo. SE DETIENEN LOS MERCADOS En la era de la globalización hay pocas armas más potentes que ahuyentar los dólares que una economía necesita y que obtiene por vía de las inversiones y el turismo. Los manifestantes en Tailandia que se apoderaron del principal aeropuerto de Bangkok entienden eso. Lo mismo puede decirse de los militantes armados con granadas y fusiles que causaron estragos estos días en Bombay. La India detuvo la contratación de acciones, bonos y rupias ayer por vez primera en más de tres años. Ningún Gobierno toma semejantes decisiones ligeramente, sobre todo cuando la economía está reduciendo la marcha. Las acciones ya habían caído el 56 por ciento este año y la crisis mundial del crédito se está haciendo sentir cada vez más en India. Los atentados de esta semana ahuyentarán inversiones que India necesita para ensanchar su economía y sus mercados. Desviarán la atención de funcionarios que deberían centrarse en proteger al pueblo de los efectos de la desaceleración económica mundial. Quitarán impulso a los programas de reducción de la pobreza en ese país de 1.200 millones de habitantes. Son también un golpe al Asia, que necesita motores de crecimiento urgentemente. No hay un segundo que perder. Vivimos en un mundo en que la aversión al riesgo es la estrategia financiera predilecta. Los inversionistas enamorados la semana pasada con la expansión económica de India, su creciente clase media y su población juvenil, se preguntan esta semana cómo evitarse más pérdidas. No se da por sentado que una cantidad importante de inversionistas extranjeros vayan a huir de la India. Si bien esa economía de 1,2 billones de dólares está reduciendo la marcha tras haber sentado un ritmo de expansión de un 9 por ciento los 12 últimos meses, las autoridades siguen esperando un crecimiento de un 7,5 por ciento en los meses venideros. Aun si el crecimiento se modera un poquito más, India descollará entre las naciones en vías de desarrollo.Faltan medidas firmes para controlar economía Antes de los atentados de esta semana, el índice referencial Sensex de la Bolsa de Valores de Bombay registraba la peor evolución de su historia en medio de una fuga sin precedentes de capitales. Cuando los mercados reabran, es probable que haya pérdidas aún mayores. Los empresarios que planeaban viajes a Bombay probablemente reconsideren al oír que las divisiones indias de Merrill Lynch & Co., Morgan Stanley y HSBC Holdings Plc cerraron sus oficinas en esta ciudad ayer. No olvidarán fácilmente que una de las primeras condenas del terrorismo mundial proferidas por Barack Obama en calidad de presidente electo se refería a India. También nos hallamos en una época en que los inversionistas no serán muy pacientes con la burocracia de India. Hacen falta medidas firmes, claras e innovadoras para reducir el terrorismo y estabilizar los mercados. Lo mismo puede decirse de las medidas para mantener el crecimiento de India en un nivel respetable. La India no depende de las exportaciones tanto como China o Japón, por cuanto es menos sensible a una desaceleración mundial. Ahora bien, India tiene dos flancos vulnerables: su economía depende de las entradas de capital, y el país carece de la latitud fiscal de sus vecinos para reanimar el crecimiento aumentando el gasto. Las economías en vías de desarrollo del Asia tendrán problemas suficientes con los vaivenes de los mercados y la caída de Estados Unidos, Japón y gran parte de Europa en sendas recesiones. Hace unos días, la gran preocupación de India era el derrumbe mundial de los mercados. Ahora tiene que afrontar una crisis interna de consecuencias igualmente impredecibles: el terrorismo. Los inversionistas estarán pendientes, e impacientes, conforme el país trata de sortear estas dificultades. Se necesitan medidas creativas. WILABR

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