El individualismo a la colombiana

El editorial de ayer de este diario se queja, con razón, del individualismo que caracteriza a la organización social colombiana. Muchos analistas de nuestra vida colectiva caracterizan a la sociedad colombiana como “rabiosamente individualista”. Es curioso: con mucha frecuencia el individualismo se relaciona con la rabia. Como si la actitud individualista fuera una actitud rebelde, conscientemente contestataria.

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agosto 23 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-23

Pero aquí tengo un problema: si este individualismo nuestro tuviera origen en una rebeldía contra el estado de cosas en Colombia, la sociedad colombiana sería una sociedad hirviente de fuerzas de cambio, fundada en el rescate de los valores y los derechos individuales. Pero ello no es así. Lo que predomina es la indiferencia, la anomia, el ‘deje así’, ante la fea ciudad, como dirían los griegos antiguos, que nos han construido y seguimos construyendo. En realidad, el individualismo a la colombiana es más parecido a la estulticia, a la mentecatez, a la ceguera complaciente. El muerto al hoyo, y el vivo al bollo es la consigna de los privilegiados, y la única salida posible de los abandonados. En el trasfondo hay una fuerte desconfianza en la transparencia, en la eficacia y en la honorabilidad de los procesos públicos. Hay, posiblemente, raíces profundas del individualismo a la colombiana en nuestro cerebro colectivo. Pero, viniendo a nuestra historia reciente, el clientelismo, el autoritarismo y la corrupción de la política que se enseñorearon desde hace seis décadas, produjeron un gran cinismo de la gente en relación con la acción política como motor de la justicia social. Y del cinismo con la acción política se llegó a la desconfianza en la noción misma de la política. Estoy, por tanto, a favor de rescatar el individualismo consciente, que es la base de una sociedad liberal y democrática. A favor del individualismo del ciudadano que reclama por sus derechos al tiempo que reconoce la existencia de los demás ciudadanos, con sus propios derechos y obligaciones. Y estoy en contra del individualismo que no encuentra valor alguno en el ejercicio pleno de la ciudadanía y se dedica más bien a tratar de sacar el máximo provecho individual de los bienes colectivos, incluyendo ese bien máximo que es el Estado. Colombia sólo tiene una salida: la de rescatar el valor de la política y el sentido de la acción política. Ahora bien, para el ejercicio pleno de la ciudadanía lo importante no es quedarse en el cultivo del respeto a la ley, sino ir más allá: promover el cultivo del respeto por la justicia. Es sobre la base de ejercer un ‘rabioso individualismo’ ciudadano como uno puede reconocer que hay leyes injustas que deben ser desterradas del ámbito público. No se si a usted, pero a mí me produce una gran náusea, unas ganas enormes de rebelarme, de desobedecer a un orden legal injusto y atrabiliario, la coincidencia en el tiempo de las fotos de los acomodados jefes narcoparamilitares regresando de algún hotel de lujo para atender la convocatoria presidencial a que se sometan a un alojamiento digno y austero, y las crónicas sobre las fosas comunes de las víctimas de atrocidades cometidas por esos mismos individuos y sus soldadescas mercenarias. Los criminales deben pedir perdón. Pero, ¿tenemos el derecho de perdonar por cuenta de otros? ¿Puede la ‘sociedad colombiana’ representada por los auto -designados jefes de la sociedad civil, perdonar los crímenes de lesa humanidad? Los únicos que podrían realmente tener la valentía de perdonar a sus victimarios son las propias víctimas. Pero miles de ellos ya no están. Sólo sus huesos cuentan la historia. Por tanto, los crímenes cometidos en Sucre, en Urabá, en Barrancabermeja, en la Guajira, en Putumayo, en el Catatumbo, en la Zona Bananera del Magdalena, son crímenes imperdonables. Por el respeto a mis derechos ciudadanos, sólo queda exigir que se haga memoria, y que, por lo menos, haya una auténtica reparación a las comunidades victimizadas. Consultor "Los únicos que podrían realmente tener la valentía de perdonar a sus victimarios son las propias víctimas”.

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