Con más influencia y esperanza, América Latina recibe nueva decada

Hace diez años, América Latina y el Caribe recibieron el nuevo siglo en medio de una profunda incertidumbre.

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enero 04 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-01-04

La crisis financiera asiática y la suspensión de pagos de Rusia generaron un panorama desolador.

Incluso tras la recuperación asiática, América Latina siguió en apuros. En 2001, la economía de Argentina colapsó y registró la más grande cesación de pagos de la historia. Para evitar un destino similar, Brasil obtuvo en 2002 una línea de crédito de $30 mil millones de dólares del FMI, la mayor que haya tenido del prestamista multilateral.

Hoy en día, la situación es muy distinta. Las crisis de pagos afectan a otras regiones, no a América Latina. Como destacan los funcionarios brasileños, han pasado de ser deudores a prestamistas. Por primera vez en la historia, Brasil recientemente le prestó 10 mil millones de dólares al FMI, el prestamista de última instancia.

Esto es particularmente esperanzador teniendo en cuenta que la región acaba de resistir la peor recesión económica en 80 años. Y aunque el crecimiento promedio en la región caerá a territorio negativo del 2 a 2,5 por ciento en 2009, más que todo debido a la baja en México, se espera que el crecimiento en 2010 sobrepase el 3 por ciento.

Lo peor parece ya haber pasado para la región. Brasil, junto a otros emergentes, ahora lidera la recuperación mundial. Los exportadores netos de América Latina, particularmente Argentina, Brasil, Chile y Perú están recobrándose gracias a mejores precios de las materias primas, cuya demanda aumenta desde Asia.

La recuperación, el crecimiento y el fortalecimiento económico han aumentado la influencia política de los líderes regionales a nivel global. El Grupo de los 20- que incluye a Argentina, Brasil y México oficialmente reemplazó al G-7 como la plataforma oficial para la coordinación de políticas económicas. También continúan los planes de darle a las economías emergentes mayor voz y participación en el FMI y el Banco Mundial.

Claro está que esta influencia ganada con esfuerzo no quiere decir que la región deje de confrontar sus asignaturas pendientes. Así fuese para preservar la menguada tajada del comercial global poscrisis, es indispensable mejorar la competitividad.

Muchas de las reformas que hacen de la integración una causa valiosa - desde infraestructura y logística hasta educación terciaria y derechos de propiedad - se han atrasado por años y son ahora más urgentes que nunca. Los costos logísticos representan cerca del 10 por ciento del valor de un producto en los países industrializados, pero en la región van desde un 15 por ciento en Chile hasta un 34 por ciento en Perú.

La región también necesita continuar diversificando, conectándose a mercados distintos del estadounidense. Como el presidente del Banco Mundial Robert Zoellick indico, "una economía multipolar menos dependiente del consumidor estadounidense será una economía mundial más estable". México, por ejemplo, el país latinoamericano más golpeado por la crisis tiene un 80 por ciento de sus exportaciones ligadas a Estados Unidos.

La zona no puede continuar exportando más de lo mismo, a saber: materias primas. Agregar valor a sus productos y crear otros nuevos es imprescindible y para ello hay que innovar.

Empero, el número de patentes en la región sigue siendo una fracción del emitido a inventores en Corea, China, India o Singapur. Las universidades funcionan desconectadas de la economía real. Exceptuando Brasil, las naciones de la región invierten mucho menos del recomendado 1 por ciento de PIB en investigación y desarrollo.

En el frente social, antes de la crisis, Latinoamérica había empezado a revertir por primera vez en los últimos 30 anos la persistente inequidad, con 60 millones de personas saliendo de la pobreza entre 2002 y 2008. Sin embargo aún no logra ofrecer oportunidades a todos sus ciudadanos.

A pesar de estos retos, América Latina está en mejor posición que cuando la caída de los precios de exportaciones y la crisis de la deuda externa en los 70 que dieron paso a la tristemente célebre 'década perdida' de los 80.

Asentada ahora en sólidos fundamentos económicos, eficaz regulación y supervisión financiera, superávits presupuestarios y elevadas reservas internacionales, la región ha enfrentado la actual crisis sin devaluaciones monetarias masivas, colapsos bancarios, suspensión de pagos de deuda, repuntes inflacionarios o fugas de capital.

En otras palabras, la región ha aprendido del pasado y enfila hacia un futuro mejor. Pero el retorno al fuerte crecimiento de los últimos años no está garantizado. Se requerirá de políticas proactivas y de largo plazo, impulsadas por líderes con visión de futuro, para así asegurar que la nueva década se convierta en una era de prosperidad compartida.

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