El ingeniero que salió a flote en su silla de ruedas

Juan Carlos Alcaráz, discapacitado desde hace 21 años, diseñó y fabricó una silla que él mismo llama 'todoterreno', con la cual puede meterse al mar de forma segura.

POR:
marzo 02 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-02

Sentado en su moderna silla de ruedas, Juan Carlos Alcaráz usa sus fuertes brazos para moverse de un lado a otro. En cada traslado que realiza hace pequeñas pausas y explica las ventajas y beneficios de su nuevo invento.

Tras un intento de asalto, cuando tenía 21 años, un balazo en la sexta vértebra le quitó la movilidad a sus piernas. En su proceso de recuperación, golpeado anímicamente, sintió la necesidad de aprender arte.

Empezó con el barro, pasó a la pintura y se divirtió con las técnicas de la escultura. Artes plásticas en la Academia Arco fue su segundo título, pues ya se había graduado de ingeniero mecánico en España.

En el 2000, viajó a Nueva York, donde vivió sus primeros años. Tras toda una vida practicando deporte, volvió a jugar baloncesto y se vinculó al equipo de discapacitados de los knicks. Pero el arte ya lo había 'picado' y también decidió abrir un taller de práctica y enseñanza para otras personas en su misma situación.

Así surgió la fundación sin ánimo de lucro Artistas sobre ruedas (Artists on Wheels), por donde han pasado cerca de 1.500 personas aprendiendo, enseñando o exponiendo obras, además de haber recibido ayuda psicológica, física y terapias de recuperación.

Un día cualquiera organizó un paseo a la playa y cuando llegó se sintió más frustrado que con el accidente. "Para una persona en discapacidad es difícil acceder cómodamente a ciertos espacios como una playa, un río, la nieve, un camino empedrado o el pasto.

Ese día pensé en la necesidad de crear una silla que fuera 'todoterreno' y así, de paso, lograr mejorarles las condiciones a otras personas que están en mi misma situación", cuenta. El año pasado empezó con el ensayo y el error en busca de la mejor silla de ruedas. "Quería algo liviano, indestructible, y de fácil acceso a entornos imposibles", relata.

Trabajó el duraluminio, el plástico, el nailon y el acero inoxidable. 50 horas tardó para ensamblar su vehículo soñado y decidió volver a Colombia para probar el invento. "Logré lo que quería: una silla, con accesorios funcionales de bajo costo y de fácil armado. Nunca, ninguna persona en estado de discapacidad pudo meterse al mar solo y con la ventaja de tener una silla que flota y con un cinturón que ofrece todas las condiciones de seguridad".

La idea del negocio que ahora ronda su cabeza es ofrecerla a las gobernaciones y alcaldías de lugares que tengan playas o ríos. Ahora regresará a Estados Unidos, patentará la silla Libertad extrema.

Siga bajando para encontrar más contenido