La iniciativa de Íngrid

La iniciativa de Íngrid

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julio 06 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-06

No hay duda de que a partir de su espectacular rescate, y gracias sobre todo a sus atinadas declaraciones tanto en Colombia como en Francia, Íngrid Betancourt ha regresado no solo a la libertad, sino a la escena política. Como bien lo dijo el ex alcalde de Bogotá, Lucho Garzón, la ex candidata presidencial y ex rehén de las Farc "va a jugar de primera" en el futuro electoral del país. Aunque es prematuro hacer predicciones cuando ella misma, presa aún de la emoción y de la euforia de haber vuelto a vivir, ha declarado que no tiene claro su futuro, hay señales ya bastante evidentes de la dirección que su accionar tomará en una etapa inicial.

En efecto, en Bogotá primero y luego en París, Íngrid Betancourt lanzó una audaz iniciativa que busca la liberación, por parte de las Farc, de las decenas de dirigentes políticos y de policías y soldados que aún son víctimas de la cruel retención por parte de la guerrilla, así como de cientos de colombianos por quienes el grupo terrorista pide un rescate económico. La líder colombo-francesa ha dejado en claro, que su propuesta rebasa el acuerdo humanitario hasta ahora planteado y defendido por numerosas personalidades y por familiares de los rehenes. Íngrid ha dicho al respecto que ese acuerdo "está en la sin salida", en buena parte, según ha explicado, porque si bien el Gobierno de Álvaro Uribe ha hecho concesiones, las Farc se han empeñado en sus exigencias.

Habría que agregar que, a la luz de lo sucedido, si de hacer avanzar el acuerdo humanitario se tratara, les correspondería a las Farc ser flexibles, pues su situación militar se ha deteriorado enormemente desde cuando por última vez exigieron el despeje de Florida y Pradera, en el Valle del Cauca. Eso para no hablar de lo precario de su credibilidad política, tras el engaño que pretendieron montar en el caso del niño Emmanuel, las revelaciones del computador de 'Raúl Reyes' y los cientos de deserciones ocurridas en sus filas en los meses recientes. 

El planteamiento de Íngrid se basa en una presión nacional e internacional sin precedentes, por medio de movilizaciones populares lo mismo que de los pronunciamientos de gobernantes y otros líderes políticos y cívicos, dirigida a los nuevos jefes de las Farc para que suelten a los secuestrados. La ex candidata ha conseguido el compromiso del presidente francés, Nicolas Sarkozy, para que, eventualmente, Francia abra las puertas a guerrilleros -presos o en actividad- que renuncien a la lucha armada. Mucho más que de un intercambio humanitario, se trataría de un primer paso hacia un proceso de paz que tal vez la guerrilla no abordaría en bloque, sino como consecuencia de la desmovilización de buena parte de su tropa y de sus comandantes, que preferirían esta opción a la de morir durante un operativo militar.

Esta presión interna y externa tiene hoy una enorme ventaja. Ya no se vería limitada a la movilización de la opinión pública y de los gobiernos que han condenado a las Farc como terroristas, sino que podría contar con el apoyo, al menos en el campo de las declaraciones, de Hugo Chávez y Rafael Correa, quienes le han dicho ya al grupo guerrillero que debe abandonar el camino de las armas. Además, claro está, de Fidel Castro, quien el viernes criticó duramente al grupo subversivo y calificó de crueles los secuestros de civiles y militares que "ningún propósito revolucionario podía justificar".

Están claros, pues, los elementos de la que desde ya algunos han comenzado a llamar "la iniciativa de Íngrid". Sin embargo, no hay que hacerse ilusiones. Los comandantes de las Farc se han hecho famosos por su terquedad y por su ceguera, aparte de su crueldad sin límites. Y aunque es evidente que el grupo está duramente golpeado y resquebrajado, su dirigencia no va a reconocer la derrota así de fácil. Pero eso no quiere decir que la propuesta de Betancourt no vaya a tomar vuelo. Desde ya es predecible que Íngrid, que hasta el miércoles fuera el rehén más reconocido del mundo, le pondrá al asunto todo su empeño y su impresionante capacidad de convocar y convencer. 

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