¿Y de las instituciones qué?

¿Y de las instituciones qué?

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diciembre 23 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-12-23

Infortunadamente los economistas no solemos preocuparnos por las instituciones; esas reglas del juego o restricciones que, en opinión del Nobel de Economía, Douglas North, le dan forma a la interacción humana. En verdad, desde la obra cumbre de Adam Smith, La riqueza de las Naciones, en la cual se destaca el papel protagónico que tienen dichos organismos en las relaciones entre los miembros de una sociedad, escasas habían sido las manifestaciones de interés sobre este fundamental aspecto del desarrollo. Y digo “habían”, porque a finales de los años sesenta y principios de los setenta del siglo pasado, el profesor North empezó a desarrollar un enfoque de la historia económica que le puso gran énfasis al papel fundamental que desempeñan las instituciones, en especial en lo que tiene que ver con la defensa de los derechos de la propiedad. Este hecho ayudó a cambiar el panorama, pues como resultado de su influencia, un número creciente de profesionales de la economía se ha preocupado por el tema y son muchos los estudios que se han elaborado sobre el particular. Empero, hay que ir un poco más lejos. Tomado el concepto en su sentido literal, es claro que las instituciones facilitan la estructura de los incentivos que gobiernan el comportamiento humano y, por supuesto, las relaciones económicas de una comunidad. Si estas reglas o normas incentivan la innovación, la acumulación de capital y el mejoramiento de las destrezas, tanto la productividad como el crecimiento económico tenderán a ser altos. Muy a nuestro pesar, Colombia no ha podido mejorar la calidad de sus instituciones, y su ubicación dentro de los países de América Latina es bastante mediocre, así esté por encima de Argentina, Bolivia, Ecuador y Venezuela. Esto, desde luego, es malo porque el desempeño de la economía va de la mano del desarrollo institucional. No podemos pensar en un progreso continuado del país en ese frente si, por ejemplo, la justicia no funciona, la ley es un rey de burlas y los derechos de propiedad no cuentan a la hora de definir las inversiones. Es indudable que un país con un poder judicial independiente, que hace cumplir la ley, protege los derechos de propiedad y resuelve los conflictos de manera rápida y eficiente, tiene un mejor desempeño que países en los que los jueces no son independientes y son capturados por intereses específicos. Por tal motivo, causa enorme desasosiego lo ocurrido con la elección del Fiscal General de la Nación y el cubrimiento de las vacantes de magistrados retirados, así como la violación persistente al imperio de la ley, que medido con un índice del Banco Mundial -definido como el grado hasta el cual los agentes confían en y acatan las reglas de la sociedad, en especial la calidad del cumplimiento de los contratos, los derechos de propiedad, la policía y las cortes-, ubica al país lejos de Chile, Uruguay y Costa Rica, los de mejor índice, pero cerca de Paraguay, Guatemala y Venezuela, los peor calificados. Ante tan desolador panorama, no queda más que decir que nuestro país debe ponerse por tarea mejorar la calidad de sus instituciones si quiere salir del atraso. A la prosperidad llegamos, pero cumplido ese requisito. Sin poder ocultar el dolor y la pena que causa a todos los compatriotas la catástrofe invernal, va mi voz de aliento junto con mis deseos por una feliz Navidad, y que el año nuevo sea pleno de bienaventuranzas. GABRIEL ROSAS VEGA Ex ministro de Agricultura rosgo12@hotmail.com Nuestro país debe ponerse por tarea mejorar la calidad de sus instituciones si quiere salir del atraso. A la pros- peridad llegamos, pero cumplido ese requisito”.ANDRUI

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