Las instituciones en el vecindario

Contrasta con estos fenómenos la tradición histórica colombiana de estabilidad institucional y de respeto a las decisiones de los diferentes órganos del Estado.

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marzo 14 de 2010 - 05:00 a.m.
2010-03-14

Recién elegido, Fujimori cerró el Congreso y sólo ante la presión internacional procedió a convocar una Asamblea Constituyente, logrando su primera reelección. Cuando estaba por concluir su segundo periodo, consiguió de la Corte un fallo que hiciera posible una segunda reelección, con el argumento de que su primera elección se había producido con el régimen constitucional precedente. A los magistrados que se opusieron les adelantó un juicio en el Congreso, donde tenía mayoría a su favor, tras sobornar a varios parlamentarios; y dichos magistrados fueron destituidos.

Fujimori no pudo culminar su tercer mandato y la Corte Interamericana ordenó reponer en el cargo y reparar a los magistrados destituidos. Para lograr su retorno al poder en Nicaragua, Daniel Ortega negoció con el ex presidente conservador Miguel Alemán -detenido por corrupción- una reforma constitucional que bajó el porcentaje de votos requeridos para ser elegido hasta el porcentaje que Ortega mostraba en las encuestas: así hegemonizaron el Congreso, se repartieron la justicia y Ortega logró ser reelecto. Hace pocos días, en una sesión casi clandestina de la Corte nicaragüense, en ausencia de los magistrados que se oponían, dicha Corte avaló la interpretación que hará posible la reelección de Ortega.

En Bolivia por su parte, la nueva Constitución fue aprobada en un colegio militar y a pesar de que ha permitido la reelección de Evo Morales, enfrenta la contestación de las 5 provincias más ricas del país que consideran que el nuevo texto no asegura la unidad nacional. Tras sufrir la derrota en las elecciones regionales y perder el control de los estados más poblados del país, el presidente Chávez ha establecido delegados del orden nacional con autoridad superior a los mandatarios electos, en una clara negación de la voluntad ciudadana.

Durante la dictadura, Pinochet encargó a un abogado amigo suyo redactar una nueva Constitución y la sometió a referendo: ella negaba la subordinación de los militares al poder civil y establecía senadores vitalicios designados por el Presidente, figura a la cual se acogió el mismo Pinochet. Tras dos décadas de gobiernos democráticos algunas de estas figuras han sido modificadas, pero la estructura constitucional vigente es la misma heredada de la dictadura.

En Panamá, el presidente Balladares promulgó un decreto que ofrecía a las multinacionales que se instalaran en la Zona del Canal, la posibilidad de trabajar por 10 años sin la existencia de sindicatos, lo cual generó tal rechazo internacional que la medida debió ser derogada. A continuación, convocó un referendo para modificar la Constitución y obtener su reelección, pero la decisión de los ciudadanos le fue adversa.

También Menem modificó la Constitución para reelegirse, pero dejó sembrada la semilla del desastre económico expresado en el corralito financiero, la moratoria de la deuda externa y un aumento brutal de la pobreza. En Ecuador, mientras sesionaba la Asamblea Constituyente, su presidente, el economista Alberto Acosta, denunció que el Asesor español modificaba los textos aprobados por dicha asamblea, pero al no encontrar eco en el Presidente Correa se vio obligado a renunciar al cargo.

Contrasta con estos fenómenos la tradición histórica colombiana de estabilidad institucional y de respeto a las decisiones de los diferentes órganos del Estado.