La integración de América Latina

Somos una región acéfala de la que todo el mundo habla, sobre todo en la literatura, pero que no existe como entidad política.

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julio 02 de 2009 - 05:00 a.m.
2009-07-02

La tarea más urgente que hoy tienen las naciones y pueblos latinoamericanos es buscar su integración. Es la única manera razonable que tenemos para enfrentar el nuevo mundo de los negocios y el comercio, los avances tecnológicos, el entretenimiento y el turismo; el mundo de la era global liderado por Estados Unidos, la Unión Europea y China.

En ese panorama internacional, Latinoamérica no existe. Solamente tienen alguna relevancia por su tamaño, población y mercado, Brasil, México y Argentina. Somos una inmensa región conformada por 21 países y 7 dependencias que va desde la frontera norte de México hasta la Patagonia, en donde se hablan español, portugués y francés. Norte, Centro y Sur América y varios territorios del Caribe.

Pero no sabemos a ciencia cierta quiénes somos y, mucho menos, para dónde vamos. No hay una sola instancia a nivel internacional que represente a América Latina. No somos la OEA ni el BID. Tampoco el Alaba, el Grupo de Río o Mercosur. Lo más cercano que existe es la Cepal, Comisión Económica para América Latina, que es apenas un centro de estudios sin fuerza política.

Somos una región acéfala de la que todo el mundo habla, sobre todo en la literatura, pero que no existe como entidad política. Una extraordinaria amalgama de amerindios, europeos y africanos, forjada a lo largo de 500 años de historia, a la que también se han sumado asiáticos. Diversas razas, religiones e idiomas, compartiendo una historia común de dominación y libertad de caudillos y violencia, de música, baile y poesía.

Fue el boom de los escritores latinoamericanos que en la segunda mitad del siglo XX puso de moda esta región en el mundo. Desde entonces, Latinoamérica deambula sin identidad ni vocería política. Lo contrario a lo que hoy le ocurre a la Unión Europea, que es una de las potencias mundiales. Un histórico logro de unidad en medio de la diversidad: muchos idiomas, ideologías, religiones y naciones. Y también, un vergonzoso pasado de violencia como nosotros, pero superado en función de un sueño común: la integración. La integración para ser líderes, para estar a la altura de la globalización y ofrecer bienestar a los ciudadanos. Una visión de futuro que se impuso en medio las diferencias.

Ninguno de los candidatos presidenciales en Colombia habla de esto. Hablan, principalmente, de continuar la guerra. Lo urgente no da tiempo para lo importante. Y así pasan los años y las décadas.
Lo primero que hay que hacer es crear una organización internacional latinoamericana. Sin condiciones de entrada: todos los países, todas las ideologías, todos los sistemas de gobierno, todas las razas e idiomas. Y hablar del futuro. No del pasado ni del presente. De la visión común como región. Sin países líderes, todos por igual. Sin caudillos diciendo quién es bueno y quién malo.

Y no pelear con nada ni nadie. No se trata de crear una organización contra el narcotráfico o el terrorismo. Ni contra la pobreza, ni contra Estados Unidos. Debe ser una organización a favor de la integración. A favor de crear el escenario para encontrar el sueño que nos une, la visión común como región.

Se trata de empezar con un nuevo paradigma. ¿Para qué? Para existir en el escenario internacional; para cohesionarnos culturalmente; para entendernos de tú a tú con Estados Unidos y la Unión Europea. Para que no nos condicionen el comercio y los créditos al desempeño en la lucha contra el narcotráfico. Necesitamos unirnos para ser fuertes y libres. 


rsantamaria@gravitascomunicaciones.com

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