Inversión e institucionalidad

Inversión e institucionalidad

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octubre 17 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-10-17

Nadie duda hoy de la necesidad de atraer -en condiciones de equidad- la inversión extranjera para impulsar el desarrollo económico del país. Si bien no está suficientemente demostrada la utilidad de las privatizaciones sin límites, es claro que en sectores importantes de nuestra economía como los hidrocarburos, las comunicaciones, el transporte y el turismo entre otros, necesitamos crear las condiciones para que el capital productivo extranjero -no los llamados capitales golondrinas- se incorporen al torrente productivo de la nación. Podríamos decir que existen dos factores indispensables para impulsar a los extranjeros a invertir en nuestro país: el respeto a la institucionalidad y la seguridad jurídica. Hechos recientes, infortunadamente van en contravía de la creación de ese necesario clima de confianza. La personalización en el ejercicio del poder, es lo más distante de la institucionalidad. La separación real de los poderes públicos es el mejor antídoto contra la arbitrariedad. Un Congreso que no ejerza debidamente el control político por las contraprestaciones burocráticas del Ejecutivo, no es propiamente un modelo de institucionalidad. La interferencia del Ejecutivo en las tareas del poder judicial emite una muy mala señal hacia el exterior. Es posible que para la ‘galería’ y para los diarios ‘opinómetros’ le resulte bien al Presidente de la República hablar por todos los medios en enardecido tono contra periodistas y magistrados de la Corte Suprema de Justicia. Esa actitud, sin embargo, compromete en materia grave la institucionalidad del país, que demanda del Jefe del Estado, en los términos del Artículo 189 de la Constitución, convertirse en el de la unidad nacional”. Afecta la seguridad jurídica de la nación el cambio permanente y a veces inconexo e incoherente de los marcos legales. Un país que cada año le hace una reforma a su Constitución expedida apenas hace dieciséis, como producto de un ‘consenso’, no es propiamente un ejemplo de estabilidad jurídica. Es necesario cambiar la cultura que mide la eficacia de los Congresos en términos de leyes aprobadas. Es más útil a una democracia un parlamento que controle, que uno que expida leyes a diestra y siniestra. Ahora hasta los aspirantes a concejales se están comprometiendo a presentar un sinnúmero de proyectos de acuerdo para atraer electores. En materia tributaria la situación de inestabilidad es dramática. Fenalco ha hecho un estudio que demuestra que en el solo Distrito Capital hay más de cincuenta y cinco tributos, y que el mamotreto tributario consta de más de mil artículos, sin contar los centenares de resoluciones de la Dian. La multiplicidad de tributos no implica necesariamente más recursos. Es necesario simplificar el sistema, ya que lo que aquí hemos dado en llamar ‘reformas’, con las excepciones de la de los gobiernos de López Pumarejo, Lleras Camargo y Barco Vargas, no han sido más que reacomodamiento de tasas de impuestos o establecimiento de excepciones. En este campo, como en el que más se requiere una verdadera seguridad jurídica. Necesitamos como lo ha sugerido Dionisio Araújo, director de Fenalco en Bogotá, un estatuto sencillo, ágil, de fácil entendimiento y aplicación y que no de pábulo a la ineficiencia y a la corrupción. Pero este es uno solo de los ejemplos de la inestabilidad jurídica. Quienes, con razón, consideran que debemos propiciar la inversión extranjera, deberían hacerle menos eco a la personalización del poder. Ya hay quienes quieren otra vez cambiar la Constitución para facilitarle al presidente Uribe un tercer período en el que, si nos atenemos a las palabras del jefe del Estado, él mismo no esta interesado. Pero ponen otra vez la Constitución en ‘interinidad’. Alfonso Gómez Méndez Ex fiscal general Es más útil a una democracia un parlamento que controle, que uno que expida leyes a diestra y siniestra”.

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