Invertir: una bomba de tiempo El vaivén de las bolsas confirma la dificultad de apostar en los mercados financieros. Los productos pueden perder su valor.

Invertir: una bomba de tiempo El vaivén de las bolsas confirma la dificultad de apostar en los mercados financieros. Los productos pueden perder su valor.

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noviembre 03 de 2007 - 05:00 a.m.
2007-11-03

Hary Adler Especial para PORTAFOLIO Hace un par de semanas apareció en estas páginas, con gran acogida, una nota de la agencia Efe sobre la inversión en opciones. Su autor se mostró deslumbrado ante su magia para multiplicar los ahorros. “Los mercados financieros son cada día más sofisticados. Todo es posible. Cuando se hunden las bolsas nos ofrecen instrumentos para ganar grandes cantidades de dinero. Hacernos ricos en pleno derrumbe no es un privilegio, está al alcance de todos. No es necesario ser poderosos inversores. Que lo podamos lograr cómodamente desde el sillón de la casa nos puede parecer una inversión engañosa, un fraude, una apuesta en un casino virtual”. “Ahondando más en el misterio, ahora nos toca recurrir a la física, no a la economía ni a los clásicos. Recordemos a Arquímedes con su célebre frase: “Dadme una palanca y moveré el mundo". Gracias al apalancamiento financiero, que quiere decir dadme un poco de dinero y me haré rico, con una inversión pequeña podríamos lograr ganancias casi ilimitadas”. NO ES FÁCIL Preocupa que omitió un pequeño detalle. No es nada fácil descifrar estrategias para lucrarse por medio de ellas. Particularmente en nuestro medio donde aún no ha calado la idea que para el común de la gente resulta mucho más efectivo enriquecerse lentamente que empobrecerse de una. Tampoco comprendí la razón de su asombro. Al fin y al cabo se vienen negociando hace más de treinta años. La idea de las ‘opciones’ es que mediante el pago de una prima y una comisión a un tercero se adquiere un derecho (que se negocia en bolsa y cambia continuamente de precio) para comprar o vender, durante cierto tiempo, un paquete de cien acciones de una empresa a un precio acordado. Para hacerlo efectivo, es importante que no haya expirado. El primer tipo de opciones opera como un depósito que asegura un negocio. Se utiliza cuando se espera que la acción va a subir. Si el precio convenido es de 30 pesos y la opción expira en noviembre, se adquiere el derecho de comprar las acciones a ese precio siempre y cuando se ejerza antes del tercer viernes del mes en cuestión. Si por ejemplo ese día la acción alcanza un precio de 35 pesos, la opción adquiere un valor de 500 pesos (5 x 100) El segundo se asemeja a un seguro y es útil cuando se piensa que la acción va a bajar. En el ejemplo anterior su propietario estaría perdiendo el valor total de la prima porque de nada le sirve el derecho a venderlas a 30 pesos cuando el mercado está dispuesto a pagar 35 pesos por ellas. Pero si al contrario la acción cae ese día a 20 pesos, el valor de la opción sería de 1.000 pesos (10 x 100). A diferencia de lo que sucede con la compra de acciones, para lucrarse con este instrumento no basta acertar en la dirección de los precios. Importa igualmente la magnitud del movimiento y el período en el cual se va a producir. Son productos perecederos susceptibles de perder rápidamente todo su valor. Se puede invertir o se puede apostar por medio de opciones. La diferencia radica en el rendimiento esperado. Si es positivo se estaría invirtiendo. De ser negativo se trataría de una apuesta, caso en el cual la casa siempre tiene ventaja porque de lo contrario no aceptaría jugar. Invertir en opciones implica entonces antes que todo entender a fondo la acción en cuestión. Habíamos visto en alguna ocasión que este proceso contiene un lado fácil y otro que no lo es tanto. La parte fácil consiste en comparar el valor del mercado con su valor intrínseco (un estimativo de su valor real.) Si la diferencia es favorable, se justifica la compra. Si por el contrario la acción está demasiado cara, quizás es un buen momento para pensar en vender. Más complicado resulta estimar el valor intrínseco. Implica comprender muy bien el negocio, sus riesgos, su ventaja competitiva y además analizar a fondo sus estados financieros y proyectar sus utilidades y flujos de caja (para descontar estos últimos a valor presente a una tasa apropiada.) Para adquirir una opción no basta identificar una buena empresa a un precio favorable. La fórmula para calcular su valor es bien complicada, con varias letras griegas a bordo que representan las variables que entran en juego: precio de la acción, precio al cual se vuelve efectiva, tiempo de expiración, tasas de interés, dividendos y sobre todo, volatilidad de la acción. SE PIERDE O SE GANA Ahí se origina la magia que sorprende al autor. Con tantas variables, movimientos pequeños en el precio de las acciones pueden producirse cambios importantes en el valor de la opción. Y como con poco dinero se juega con tantas acciones, los resultados pueden oscilar entre una pérdida del 100 por ciento hasta ganancias teóricamente infinitas. El vaivén de las bolsas durante estos últimos tres meses confirma una vez más la dificultad en hacer este tipo de apuestas. A pesar de advertencias aisladas con respecto a problemas graves en algunos sectores de crédito y vivienda, éstas continuaron su avance imparable hasta alcanzar en julio 19 registros históricos. De un momento a otro se estremeció el ambiente por un marcado temor hacia lo desconocido y la reaparición súbita de la aversión al riesgo. Las acciones bajaron en todo el mundo: más del 10 por ciento en Norteamérica y más fuertemente en otras partes del mundo. Más sorprendente aún resultó la rápida recuperación que aún sigue vigente, la cual llevó al Dow Jones a disfrutar de su mejor septiembre en más de diez años. ¿Cuántas opciones se habrán perdido durante este proceso? ¿Cómo planeamos la compra de opciones para el resto del año: “será que hay luz al final del túnel o será más bien que viene un tren en el sentido contrario?” No suena muy recomendable una estrategia que requiere acertar casi siempre con el movimiento a corto plazo de las acciones. Después de estudiar las técnicas, la confusión es igual. Utilizarlas como seguro resulta a la larga muy caro: tan pronto como la opción expira hay que comprar otra para permanecer protegido. Se gasta cada año una suma importante para protegerse de una eventual caída quizás de igual magnitud. . Se corre el riesgo de que una actitud tan loable como proteger un portafolio de acciones termine en un juego especulativo de opciones. Peter Lynch, el más exitoso administrador de fondos mutuos, cuenta en su libro que jamás compró una. Calcula que en este juego, entre 80 por ciento y 95 por ciento de los aficionados pierden contra los profesionales. Warren Buffet es famoso por sus reparos a todo tipo de productos derivados (tal como son las opciones). Son ‘bombas de tiempo’, de acuerdo con el reporte a sus accionistas en 2002. Los mercados financieros son cada día más sofisticados. Todo es posible”.

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