Irán y Venezuela: el símil

Si un régimen autoritario está resuelto a manipular resultados electorales para mantenerse en el poder, le conviene apuntar a una manipulación ‘sutil’ antes que burda. La primera pasa, porque la opinión pública mundial cae mayoritariamente en el engaño o, a falta de pruebas, se ve llevada a darle al voto sutilmente manipulado el beneficio de la duda. La segunda trae descrédito, nacional e internacional, para el régimen y sus seguidores, y algunos de éstos se ‘voltean’ en contra de un fraude imposible de tapar con las manos.

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febrero 16 de 2016 - 06:59 p.m.
2016-02-16

Esto último pasó en las elecciones presidenciales de Irán de junio pasado y en el referendo venezolano de noviembre del 2007: al no haber anticipado la fuerza electoral de la oposición, sendos regímenes se vieron abocados a decisiones difíciles: concederle la victoria, al menos temporalmente (Venezuela), o negársela (Irán), con pérdida de legitimidad y credibilidad internacional y doméstica. Tras vacilar varias horas (una vez escrutado 92 por ciento de los votos), Chávez optó por el minué (un paso hacia atrás, dos hacia adelante), seguro de poder ‘programar’ un nuevo voto ‘a salvo del fracaso’, como ocurrió en febrero del 2009. La advertencia del general (r) Baduel de que las FF.MM. no condonarían una manipulación burda y contraevidente resultó decisiva. Ante el repunte del voto opositor iraní, en cambio, Ahmadinejad bregó por ‘reconvertir’ un tercio, aproximadamente, de los sufragios depositados a favor de Mir Hussein Mousavi y Mehdi Karroubi, hasta en sus propios feudos -en donde, incexplicablemente, perdieron. La represión que siguió dejó en claro la naturaleza policial del régimen iraní, mal fiscalizado por una teocracia alejada del manejo político diario. La sociedad policial-empresarial iraní, en donde la Guardia Islámica y Basij reciben contratos públicos (750 en la primera mitad del año) y controlan numerosas empresas, la Presidencia del Parlamento, la Alcaldía de Teherán y un sinnúmero de cargos gubernamentales, asemeja el complejo militar-industrial venezolano, amparado en el ideario bolivariano, con su uso privilegiado de los círculos bolivarianos y cooptación de las FF. AA. para encabezar entes estatales y empresas amigas del régimen. En ambos, se advierte una paramilitarización del Estado, con intereses económicos propios y escudo armado contra la oposición. Es opaco el aparato electoral venezolano: uso de máquinas electrónicas sin ‘control papel’ y primicia de la información, con tiempo real, para el Consejo Nacional Electoral, dominado por el chavismo. Están dadas las condiciones para una manipulación ‘sutil’. El mundo lo sabe, pero antepone la verdad formal al cuestionamiento incómodo de un régimen con susceptibilidad a flor de piel y disposición plena para tomar represalias contra sus críticos. Nunca dejarán de asombrar la ligereza y el doble estándar de la izquierda democrática mundial con respecto a Venezuela, desde el canciller brasileño Celso Amorim (defensa de Venezuela ante los medios colombianos y el Senado brasileño, tercer trimestre del 2009) hasta los pronunciamientos irreales de verdes y socialistas del Parlamento Europeo, y Nuevos Demócratas, verdes y voceros del Parti Québécois canadienses. Ahmadinejad ‘metió las patas’ en junio/09 y Chávez las sacó en noviembre/07. En Irán, quedó a descubierto el burdo subterfugio. En Venezuela se sofisticó. No habrá más deslices en ninguno de los dos. '' Si un régimen autoritario está resuelto a manipular resultados electorales para mantenerse en el poder, le conviene apuntar a una manipulación ‘sutil’ antes que burda.WILABR