ISA y Ecopetrol

Uno de los argumentos que más se ha utilizado para justificar la sorpresiva decisión del presidente Uribe de privatizar el 20 por ciento de Ecopetrol ha sido el éxito que tuvo la privatización de un porcentaje similar de la propiedad accionaria de ISA. Según los defensores del incumplimiento del compromiso del Presidente, la entrada del capital privado a ISA le dio gobernabilidad a esa empresa, al liberarla de las influencias de la politiquería y el clientelismo, y le dio la autonomía financiera necesaria, pues ahora puede endeudarse y llevar a cabo proyectos de gran envergadura sin afectar las finanzas públicas.

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agosto 08 de 2006 - 05:00 a.m.
2006-08-08

Es cierto que la venta al público de acciones de ISA fue una operación muy exitosa, sobre todo porque demostró que sí era posible privatizar una empresa pública y democratizar su propiedad. Así lo dije hace casi 6 años, cuando el entonces ministro de Minas, Carlos Caballero, impulsó el programa que se denominó ‘ISA, acciones para todos’, que vinculó más de 60.000 nuevos accionistas a la empresa. Lo que no es cierto es que esa privatización le haya dado gobernabilidad a ISA y la haya liberado de la politiquería, por la sencilla razón que ISA no tenía esos problemas antes de la oferta pública de sus acciones. De hecho, el Gerente General de ISA en el momento de la privatización ya llevaba casi 10 años en la gerencia y podía mostrar una tradición de continuidad, profesionalismo e independencia de los vaivenes políticos. En otras palabras, no fue la privatización lo que le dio gobernabilidad y eficiencia administrativa a ISA, sino que la privatización fue posible porque ya existían esas condiciones. Existen otras enormes diferencias entre ISA y Ecopetrol que hacen falaz el argumento de que el éxito de la privatización de la primera garantiza el de la segunda. Ante todo el peso y la importancia en las finanzas públicas: el tamaño de ISA es marginal para los resultados fiscales, mientras que Ecopetrol es la vaca lechera del Estado, que este año hará transferencias por más de 8 billones de pesos, y además de eso generará un superávit de 0,5 por ciento del PIB. Cualquier inversionista privado que entre a Ecopetrol buscará reducir el tamaño de estas transferencias para elevar su propia rentabilidad. Un dato ilustra la diferencia de magnitudes entre las dos empresas y su impacto fiscal: el impuesto de renta pagado por ISA el año pasado fue un poco menos de $70.000 millones; por su parte el de Ecopetrol fue $1,2 billones, es decir 17 veces más. Otra diferencia fundamental es el riesgo propio de los negocios: la transmisión de energía es un negocio estable, con un mercado cautivo y flujos de caja predecibles con un altísimo grado de probabilidad. Por el contrario la actividad petrolera no sólo está sujeta a las impredecibles oscilaciones de los precios del petróleo sino a los enormes riesgos de la exploración y perforación de pozos con altos costos de inversión, sin garantía de encontrar el combustible. Con estos riesgos es lógico que los compradores privados van a exigir un precio muy bajo de las acciones de Ecopetrol. Inclusive inferior al que pagaron por ISA, el cual fue muy criticado en su momento. En un artículo publicado en febrero del 2001 en la revista Dinero se decía: “La venta de acciones de ISA es un gran precedente de capitalismo social, pero deja mucha preocupación por el precio y el futuro de construcción de líneas de transmisión de energía. (…) Lo preocupante de ISA es el precio. Un patrimonio estimado en unos 737 millones de dólares quedará probablemente enajenado en 347 millones de dólares o algo más. El tema debe pensarse de nuevo, porque vender baratas, empresas del Estado buenas, sin problemas mayores, no recupera el costo, no resuelve el problema fiscal, tampoco el de deuda externa y no asegura, en este caso, la construcción de nuevas líneas que lleguen a necesitarse. Puede sobrevenir un movimiento de opinión que impida que el Estado efectúe inversiones para vender a la mitad”. El autor del artículo era un político recién llegado de Oxford, llamado Alvaro Uribe Vélez. Consultor privado "Los compradores privados van a exigir un precio muy bajo de las acciones de Ecopetrol”.

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