Jorge Macumba es uno de los participantes en la segunda edición de 'La ciudad jamás contada' | Finanzas | Economía | Portafolio

Jorge Macumba es uno de los participantes en la segunda edición de 'La ciudad jamás contada'

Este diseñador gráfico del barrio Veraguas cuenta la historia enmarcada en el diseño de la decarición para transporte público.

POR:
septiembre 30 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-09-30

Nombre: Jorge Macumba
Correo electrónico: jorgitomacumba@gmail.com
A qué se dedica: Diseñador gráfico
Barrio: Veraguas, Bogotá

Unos nueve años atrás me dedicaba al exclusivo pero poco rentable arte de la decoración de buses y busetas en el legendario taller de don Florentino Novoa, diagonal al cementerio del sur de Bogotá.

Atiborrado de plantillas de cartón con nombres como Maicol Estiven, números de orden, placas y calcomanías de que sexo y si el niño es del conductor no paga. Este más que un taller semejaba una fábrica de personajes de novela...desde los primos santandereanos, Edgar y Richie, (camelladores e invulnerables a las adversas circunstancias que rodeaban la vida en la loma donde aún viven), Alonso 'el ñerito', tipo flaco, feo, dejado y alcohólico, pero imbatible a la hora de marcar buses, busetas y taxis con avisos en pintura...o el famosísimo Jairo 'la loca', pintor excepcional -tanto en calidad como en incumplimiento- y que además de pintar dormía por las noches en el taller a manera de celador, -o como perro de taller-.

Con todos ellos y algunos más que iban y venían desordenadamente, nos deshacíamos del dinero que nos sobraba en 'la última lágrima', cigarrería-cacharrería-rockola y restaurante donde los alegres comensales nos divertíamos al son de la música popular, la rana y la cerveza, mientras que en la mesa de al lado los visitantes del cementerio lloraban el haber dejado en aquel sombrío lugar a algún allegado.

Un mundo lleno de contrastes, ya que así como celebrábamos un ranazo o una moñona mientras los cabizbajos dolientes mascullaban sus penas, nadie se imaginaba que don Floro, con su empolvado overol, su camiseta de Philaac y su tapabocas reciclado, era en realidad un marinero con más de 15 años de experiencia que viajaba cada dos años a bordo de los más exclusivos cruceros italianos como jefe de máquinas, o que Jairo, a quien cariñosamente llamaban 'la loca', que dejaba media vida en los bingos de la 24 y la otra mitad la dejaba en el cambuche del taller se fue de joven a ayudar como voluntario durante la tragedia de Armero y fue la persona que encontró y socorrió a la niña Omaira Sánchez, quien finalmente falleciera atrapada en el barro.

Hoy en día recuerdo con mucho cariño aquellos difíciles días de tablas de ruta y avisos en cinta reflectiva, más que todo gracias al apoyo y la amistad que recibí de estas y más personas que ahora no tengo tiempo ni espacio para mencionar, pero que me enseñaron la diferencia que existe entre la rutina y la cotidianidad, ya que la vida cotidiana esta llena de personas y hechos increíbles que no vemos, o que despreciamos por estar viviendo nuestra vida rutinaria.

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