La judeofobia

Por simple asociación de fechas recordamos hoy cuando en Lima, por allá en los años 70, en una de las soporíferas fiestas nacionales, conocimos a nuestro homólogo, el embajador francés M. Chambau.

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diciembre 06 de 2011 - 05:00 a.m.
2011-12-06

Allí nació una sincera admiración multiplicada luego al mostrarnos, en un almuerzo privado, el tatuaje que llevaba en su antebrazo dada su condición de sobreviviente del infame gueto judío de Auschwitz. Una especie de colegaje que se estrecharía, fuera de lo protocolario, después de que él se enterara de la entrevista que nos había concedido el sucesor testamentario de Adolfo Hitler y último presidente del Tercer Reich, el Gran Almirante Doenitz. Más tarde recibimos, por último, la reedición de un libro suyo en el cual hacía memoria de esos años nefandos en que fue partisano y luego víctima en uno de los capítulos más vergonzosos de la historia de la humanidad. Ahora, estamos frente a una serie de brotes expandiéndose, habilidosamente, por toda Suramérica. Una realidad que por su gravedad impone puntual atención antes de que la siembra reviente en una cosecha como la que se pretendió con la "Solución Final". La revista Semana, por ejemplo, ha venido preocupándose en dicho tema y la bibliografía al respecto acaba de enriquecerse con la obra monumental de Primo Levi Trilogía de Auschwitz, compuesta por ensayos magistrales que cubren diferentes escenarios y vivencias que hasta el presente ningún autor había logrado desentrañar con tanta profundidad y crudeza, a saber: 'Si esto es un hombre', 'La tregua' y 'Los hundidos y los salvados'. Antonio Muñoz Molina afirma que si bien Primo Levi murió por un azar cruel o quitándose la vida, con sus reflexiones empezó a contar en voz alta y por escrito lo que no se ha callado con su ausencia, sigue actuando sobre nosotros como él lo había deseado, como rememoración y advertencia. Y agrega: casi nadie ha contado el infierno con tanta claridad y hondura como él, casi nadie, al menos en el sombrío siglo en el que vivió, ha resaltado la sagrada dignidad de la vida, el impulso de inteligencia y piedad que incluso en medio del horror nos da la oportunidad de seguir siendo plenamente humanos. Primo Levi sostiene que las escuadras especializadas en los campos de exterminio constituyen el delito más demoníaco del nacionalsocialismo y recalca que mediante esta institución se trataba de descargar en otros, y precisamente en las víctimas, el peso de la culpa, de manera que para su consuelo no les quedase ni siquiera la conciencia de saberse inocentes. Sea la oportunidad para reconocer a Víctor Perlman la tarea que se ha impuesto -después de sus estudios en la Universidad de Harvard y al margen de sus ocupaciones profesionales-, consistente en estimular la investigación sobre un tema que aún es analizado con fanatismo y falta de lucidez. Adenda: El racismo no tiene cupo en Suramérica ni en la democracia occidental. Ex ministro delegatario y ex embajador en Estados Unidos HELGON

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