El juego del ahorcado

Se requeriría una coordinación macroeconómica entre el Gobierno y el Banco de la República que permitiera tener el cinturón apretado.

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julio 31 de 2008 - 05:00 a.m.
2008-07-31

En tiempos de auge todo el mundo parece maravilloso, pero su verdadero talante aflora cuando las cosas se complican. Vean el caso de la política económica. Mientras hubo crecimiento sostenido, bajas tasas de interés y una inflación controlada todos se felicitaban por lo bien que navegaba el barco, como si el haber tenido todos los vientos a favor hubiera sido apenas una circunstancia nimia. Ahora que el deterioro del entorno exige temple y destreza, las actitudes están empezando a derivar hacia el sálvese quien pueda.

Empecemos por lo fundamental: la economía colombiana está abocada a sufrir una perversa combinación de desaceleración e inflación, generada en gran medida por circunstancias asociadas con el deterioro económico internacional. Para entender la importancia que tienen las condiciones externas para un país como el nuestro, hay que recordar que somos una brizna al viento: la economía colombiana representa menos de 0,3 por ciento de la economía mundial. Si el mundo sopla, la brizna vuela; pero si el mundo estornuda...

En los últimos años el mundo sopló, y lo hizo tan fuerte que la economía global alcanzó su mayor dinamismo en tres décadas. Qué coincidencia que haya pasado lo mismo en Colombia... Ahora la economía mundial está sufriendo una profunda desaceleración (generada por la crisis hipotecaria estadounidense y por el guayabo del endeudamiento generalizado de los últimos años), al tiempo que está padeciendo serias presiones inflacionarias (por los altos precios del petróleo y los alimentos).

Ante el frenazo de la economía mundial y las altas tasas de interés en el país, ¿a alguien le sorprende que nuestro crecimiento del primer trimestre haya sido menos de la mitad del de un año atrás? Y hay más: ante la duplicación del precio internacional de muchos alimentos y la multiplicación por doce de la cotización del petróleo en lo corrido de la década, ¿a alguien le sorprende que haya presiones inflacionarias en todo el mundo y particularmente en Colombia? Como decía la película de Eliseo Subiela: despabílate...

Las condiciones externas impulsan la desaceleración y la inflación, ¿y no podemos hacer nada ante ellas? Un país pequeño como el nuestro no puede neutralizar esas fuerzas, pero sí podría atenuar su magnitud y su duración. Para lograrlo se requeriría una coordinación macroeconómica entre el gobierno y el Banco de la República que permitiera tener el cinturón apretado en lo monetario y en lo fiscal, como quien se agarra duro de la silla antes de que empiece el descenso de la montaña rusa. En el primer frente las tasas de interés han aumentado paulatinamente desde hace más de dos años, lo que ha producido una desaceleración de la demanda interna, pero en el segundo frente el gobierno ha sido incapaz de generar un superávit fiscal.

Y ahora estamos en lo fino de la descoordinación: el Banco de la República eleva sus tasas de interés a 10 por ciento y el gobierno presenta al Congreso un presupuesto para 2009 que representa un aumento frente al de este año de más del doble de la inflación. ¿Ese presupuesto ayuda a atacar la inflación y a reducir la presión sobre las tasas de interés? Claro que no... ¿Y el Banco de la República puede controlar los altos precios internacionales del petróleo y los alimentos aumentando la tasa de interés 0,25 por ciento? Claro que tampoco... Y mientras la gente recuerda qué buenos muchachos eran todos en la época del auge, está claro que si cada cual sigue jalando para su lado podemos terminar metidos en el juego del ahorcado.

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